El rey Midas convertía en oro todo lo que tocaba. Ni es oro todo lo que reluce, ni se puede comprar siempre a precio de oro. Pero en tiempos de crisis vendría muy bien un rey Midas que acrecentase nuestros tesoros. De todas formas no hay que olvidar que donde está nuestro tesoro, está nuestro corazón.
Hay tesoros- como la familia- que no tienen precio.
Si anteponemos el dinero a las relaciones más genuinas del ser humano, podremos ser en realidad los Midas del siglo XXI pero como Cervantes dijo:”Tú mismo te has forjado tu ventura”.