Con carácter. Respetando la personalidad de cada cual. Contundente. Equilibrada en gusto y gasto. Interesante, atractiva y asequible. Moda a nuestro modo, teniendo en cuenta los factores que determinan el estilismo a seguir según circunstancias, tiempo y lugar. Y sobre todo, sin tener que llegar a rasgarnos las vestiduras (como signo de desolación) al contemplar las pasarelas urbanas. La subida de las temperaturas suele ir acompañada de una tremenda bajada de guardia a la hora de vestir. Cobra literalmente sentido el refrán ‘Haz el bien y no mires a quien’… ¡Para lo que hay que ver! Los tonos pastel suavizan las facciones pero de ningún modo fraccionan la masa corporal. Pedir consejo a la hora de elegir atuendo es una buena idea pues frente al espejo, podemos sufrir espejismos que nos alejan de la realidad. La moda no tiene que estar reñida con la comodidad y el buen gusto –tampoco hay que deprimirse por no poder vestir al último grito-, es interesante adecuarla a nuestro genio y figura sin convertirla en quijotesca luchando con molinos disfrazados de gigantes. Nunca las apariencias han engañado tanto. El día a día y el paso de cada temporada, muestran irremisiblemente la carencia y la cadencia de las pasarelas. Entre el qué me pongo y el cada vez menos estructurado fondo de armario, existe toda una cadena de favores que podemos hacernos a nosotros mismos. Los sentidos de ética y estética van cosidos a pespunte con el sentido común y el sentido práctico. La elegancia aúna ser y parecer con atractiva naturalidad. De cuando en cuando, ser sofisticados también es divertido. Cada cual tiene un estilo personal que descubrir, cultivar y si es posible mejorar. La ropa informal lleva acuñada la etiqueta del día a día en el común de los mortales. Aparte de ‘Función de levita, función bonita’, cada profesión está literalmente cubierta por un determinado modo de vestir: Batas, uniformes, trajes y un largo etcétera que se adecúan al mejor desarrollo del trabajo en cuestión. La moda tiene que dejar trascender nuestra personalidad. Formas y colores, texturas diseños y modelos se convierten en una atractiva falsilla para trazar –y no destrozar- la moda a nuestro modo, pisando fuerte por la vida sin necesidad de tropezar en lo que por mil razones no nos va. Aparentar lo que no somos es hacer el ridículo. Sentido de la medida y medida para vestir con sentido, belleza y armonía. Cada cual tiene su punto fuerte para ir a la moda. Lo del rompe y rasga suele ser más excepcional.
Artículo publicado el domingo 29 de abril La Tribuna de Albacete
