¡TENGO UN CASTILLO!…

Un castillo de ilusiones
con torres de fe y
almenas de esperanza,
donde juegan y sueñan
príncipes y princesas.
Un castillo cerrado a la
soledad, olvido y tristeza.
Con un puente especial
que une Cielo y tierra.
Un castillo aparentemente
en el aire de la existencia,
pero anclado firmemente
en mi corazón de abuela.
Un castillo repleto de besos,
risas y abrazos tiernos.
Sin orden ni concierto,
escribo el nombre de mi nietos,
príncipes y princesas
de mis mejores sueños…
Paula, Mencía, María y Tomás
Julia, Alejandra y Claudia.
Vega, Carlitos, Santi y Emma.
Nachete y Cayetana que
nacieron en tierra lejana…
Pero todos en mi
castillo siempre estarán.
Trece nietos, como trece soles
que albergan mis ilusiones.
Quiero a todos por igual.
Cada uno es único para soñar.
Siempre rezo por ellos…
‘Jesusito de mi vida’ y,
al Ángel que los ha de guardar.
Tengo un castillo en mi corazón
repleto de abrazos y caricias,
de agradecimiento y felicidad…

¿QUÉ ME PONGO?…

Mujer tirando ropa de desbordar lavandería : Foto de stock

Cada cambio de temporada, los armarios de ropa cambian y no precisamente de ubicación. En un abrir y cerrar de puertas, intentamos poner cada prenda en su lugar. Guardamos, damos, desechamos, renovamos… ¿Me viene? ¿Me gusta? ¿Se lleva? ¿Me pega? ¿Me hace falta? ¿Lo voy a utilizar?… Perchas y percheros, camas, banquetas, cajas, bolsas… Todo y nada ocupa su lugar. Apilamos, desparramamos, tiramos… Nuestro atuendo se convierte en un estruendo imaginativo. Espejito, espejito… Ya sabemos -o deberíamos saber- que hay muchas más bellas, estilosas e influencers que nosotras. Pero, no tirar la toalla y mucho menos la ropa que no solo es reciclable, sino que tiene poder para reciclarnos o al menos revestirnos con dignidad. A la moda sí, pero a nuestro modo. Con trapos y harapos, feo retrato. Vestir y desvestir a un tiempo ha formado un tandem inverosímil de mal gusto y arrogancia. Salir a la calle se está convirtiendo en asistir a un desfile de disfraces increíble. Del ¿Qué me pongo? se ha pasado a malvestir sin gusto ni pudor. Gente de toda edad y condición, sin un ápice de discreción ni respeto hacia los demás. ‘Función de levita, función bonita’, ha pasado también a ser eslogan anticuado y lo que es peor, desconocido. A cualquier hora nos encontramos por las calles de nuestras ciudades con chocantes personajes que parecen deambular en un extraño carnaval. Gracias a Dios, queda mucha gente en sus cabales, vistiendo con elegancia y dignidad. El todo vale aboca a un abismo de mal gusto. El vestir es a un tiempo protección de la persona y adecuación a su modo de ser y estar en la vida, procurando atenerse a esos cánones de belleza que respetan y dignifican la personalidad de cada cual. En el fondo de nuestros armarios guardar para tener siempre a mano mesura y sensatez, elegancia y modernidad, sentido práctico y algún espejo que , aunque no sea mágico, nos ayude a reconocernos siempre. A ver, a ver… Camisas, faldas, vestidos, pantalones, prendas deportivas… Suma y sigue. Abrir y cerrar armarios. Cambia la temporada, pero nosotros seguimos viviendo la moda a nuestro modo.

SOBREHILAR

SOBREHILAR

‘Dar puntadas sobre el borde de una tela cortada para que no se deshilache’.

Por supuesto que no voy a dar una clase de costura, pero la palabra ‘sobrehilar’ se puede aplicar metafóricamente a infinidad de vivencias. Ni todo es coser y cantar, ni hay puntada sin hilo. No es necesario acudir a ningún taller para descubrir que se trata de rematar nuestro cotidiano quehacer y no tirarlo por la borda del destino a merced de las olas, sean o no pandémicas. Sobre el inmenso mar de palabras, trato de hacer una buena pesca para la pantalla en blanco de mi portátil, a fin de articular retazos de la vida. ¿Sobrehilar?… origen y anécdota, al final. A pesar de tener en mi haber una buena cantidad de libros leídos y centenares de artículos publicados, la palabra que titula éste, surgió cuasi desconocida resolviendo un crucigrama en blanco y negro. El día a día, se presenta como un gran crucigrama, repito, a resolver con nuestro modo de actuar ante las vicisitudes que la vida nos depara. Vamos estando vacunados ‘de espanto’ ante la inoperancia y mala gestión de cierta clase política en la poltrona del poder. La aquiescencia separatista cimenta en falso la vulneración de derechos fundamentales. Memoria histórica, Crímenes de ETA. Los presos del Procés catalán. ’Ni venganza ni revancha’. Esto parece un auténtico ‘Remache. Lance del juego de Billar en que la bola herida por el taco va a chocar contra otra pegada a la banda para hacer carambola con la tercera’. Sobrehilar España para que no se deshilache es tarea de todos. Cada cual atienda a su juego. La anécdota que prometí al final no tiene desperdicio. Me la contó una joven mamá de su pequeña de cinco años. Fiesta de fin de etapa infantil en el Colegio. A causa de la pandemia, sólo asisten niños y niñas perfectamente uniformados. Al recoger a su hija ve horrorizada el dobladillo de la falda del uniforme totalmente descosido. Ante la evidencia le pregunta:’¿Qué encontraste, un hilito?… La niña respondió con total sinceridad: – SÍ, al principio era pequeñito, pero tiré, tiré, tiré… y se hizo muy grande’. Sin palabras.

Gracias Luna

Luna, trabajadora de la Cruz Roja

La Luna alberga desde siempre, sin tan siquiera pretenderlo, sueños inalcanzables que juguetean por el cielo, como estrellas fugaces portadoras de los mejores deseos.
Nuestro querer inconmensurable, insondable e insaciable no se cansa de pedir ¡hasta la Luna!
Tener y carecer forman un misterioso tándem junto a entregar y recibir. La felicidad es el hilo invisible que va uniendo, con acertadas puntadas, lo mejor del ser humano.
La llegada a la meta soñada de un exhausto migrante fue como alcanzar la Luna.
Claro, luminoso, ¡Brillante! el gesto de la joven voluntaria de Cruz Roja que se dejó abrazar, acariciando con ternura al desprotegido soñador.
Ella, se llama Luna. Su gesto, humanidad. Nuestra respuesta, agradecimiento por ese abrazo universal. No, no era una estrella fugaz…

Bibliotecas de antaño

Grandiosas en tamaño y elocuencia, no precisamente porque los libros hablaran con fluidez, sino por la cantidad y variedad temática que albergaban sus estanterías. Contemplando en mis años adolescentes la de un familiar, prestigioso Jurista, quedé boquiabierta de la cantidad de volúmenes que tenía. Él, comprendiendo mi asombro, me explicó la prestancia que, en determinadas profesiones, daba una buena biblioteca, hasta el extremo que había quienes compraban libros antiguos por metros, a fin de completar las estanterías más altas. Con el paso de los años y la visita a bibliotecas de renombre en diferentes lugares de nuestra aldea global, descubrí el impresionante tesoro cultural conservado en palacios, abadías, museos y un largo etcétera de lugares en los que lejos de perdernos, nos encontramos, a pie de página, generación tras generación. Aprender a leer es mucho más que deletrear la vida. Leer para saber, conocer, comprender, hablar, enseñar, comunicar, distinguir, opinar, estudiar, amar, rezar, distraerse, reír, llorar, informar, soñar…escribir… y mucho más. Recuerdo en casa de mis padres, junto a los libros infantiles, los de vidas ilustres y ejemplares que casi sin darnos cuenta iban cimentando el nivel cultural en nuestra numerosa familia. En el despacho de mi padre había dos bonitas librerías de madera noble, con puertas acristaladas y llave. Pidiendo el consabido permiso teníamos acceso conforme nos íbamos haciendo mayores. El paso inexorable del tiempo me fue llevando, sin ser ratón de biblioteca, por públicas y privadas, hasta llegar a la que actualmente tenemos en casa, libro tras libro, a través de bastantes años y de la que seguimos haciendo uso mi marido, hijos, amigos y más. El orden no altera el producto de sentirse cobijado entre miles de páginas que dan otro aire a la vida. Libros de historia, arte, literatura… libros de ayer y hoy.  Estoy de acuerdo con Arturo Pérez- Reverte: ‘Una biblioteca es memoria, amuebla una vida, y la define. Raro es no advertir el corazón y la cabeza de un ser humano tras un repaso minucioso a los libros que tiene en casa, o que no tiene’. Si querer remediarlo, me gusta leer y volver a leer esos libros que sin saberlo se convierten en viejos amigos, como las librerías de antaño.

EL TIEMPO PASARÁ

EL TIEMPO PASARÁ

´’El sentido de la vida es cruzar fronteras’ (Riszard Kapuscinsky)

La película Casablanca nos ha legado, junto a la historia de un gran amor, la nostálgica e inolvidable melodía ‘El tiempo pasará’. Melodía que lejos de pedirle a ‘Sam’ que la toque otra vez en el piano, hemos de tararear siempre para no perder la esperanza y seguir preparándonos para cruzar las fronteras, los límites que la vida nos depare o imponga. En cierto modo vamos navegando a la deriva sobre un mar convulso donde las olas pandémicas han hecho naufragar innumerables vidas. Si Dios quiere -que querrá- el tiempo pasará como la vida misma. Una mala noche en una mala posada. El tiempo pasará -repito- y volveremos a vivir agradeciendo haber cruzado la frontera de esta hecatombe mundial. El Coronavirus está siendo un gran zarpazo en nuestra existencia. Ahora, más que nunca, estamos aprendiendo a contemplar la vida y valorar no sólo lo que quizás hayamos perdido sino también cuánto seguimos teniendo. La vida es un gran regalo que Dios nos ha hecho a cada uno, envolviéndola en un papel elegido con esmero, el nuestro. El tiempo pasará y nos encontraremos cuidando ese papel que envuelve el mejor tesoro que tenemos. El ayer y el mañana han quedado fundidos en el hoy. El cotidiano vivir. El día a día, contemplando la realidad de este mundo que giraba demasiado rápido sobre sí mismo, dando vueltas alrededor de soles deslumbrantes. Contemplar y vivir de cara a la realidad actual. Ilusión y compromiso. Exigencia y esfuerzo. Unidad. Siendo la paradoja que nadie se encuentre solo. Somos seres sociales y necesitamos restablecer el trato directo en nuestras relaciones más genuinas; familia, amigos, vecinos, compañeros de estudio, de trabajo… Y recuperaremos la alegría de vivir a pesar de las situaciones adversas. El cariño sigue derribando hasta las montañas más escarpadas. Por supuesto que nada se consigue sin esfuerzo, pero el nuestro es asequible. Centrarnos en el gran regalo, la vida, cuidando día a día ese papel que Dios nos eligió con tanto esmero. Sí, el tiempo pasará como un suspiro de eternidad.

Hoy como ayer… (Prólogo de una amistad)

Son muchos los años que llevo escribiendo a título personal y publicando en periódicos, revistas, boletines y un largo etcétera de medios públicos y privados. Todo comenzó cuando en mis años escolares (in illo témpore) los deberes para casa llevaban implícito el temido ejercicio de redacción y yo acudía siempre a la ayuda incondicional de mi padre que, en su despacho de la rebotica, simplificaba mi dificultad tecleando con gran impulso en su vieja máquina de escribir, infinidad de redacciones. Eso sí, cuando me entregaba el ansiado escrito, en papel de calco de color amarillo, me decía: ‘-Ahora, lo redactas a tu manera’. Esa experiencia unida a los buenos profesores de Lengua y Literatura que tuve a lo largo de mis años de estudiante, sembraron en mí la vocación de escritora (todavía en ciernes). Además, desde que éramos pequeños, nuestros padres, fomentaron tanto a mis hermanos como a mí, la pasión por la lectura. Y, en plan de descubrir palabras y significados, mi madre – por otra parte excelente narradora de acontecimientos- me transmitió la afición por hacer crucigramas. Es cierto que lo escrito, escrito queda y que la palabras se las lleva el viento, pero nunca hubiera podido imaginar que un artículo mío surcara contra viento y marea nuestro Mediterráneo, para ser felizmente encontrado por Raquel Martín Caraballo y motivar que escribiera su libro…

Y además, me pidió con total confianza que le escribiera el Prólogo de su nuevo libro. Y así, tras un encuentro respetuoso de voluntades, escribimos en nuestros corazones el Prólogo de una sincera amistad. Hoy como ayer y como siempre…la vida nos hace regalos entrañables. No, no estamos muertos, la vida sigue siendo bella. ¡Gracias Raquel!

DESVIVIRSE

‘Mostrar incesante y vivo interés, solicitud o amor por alguien o algo’

Entre nacer y morir la vida escribe nuestra historia personal. Puntos de partida y llegada. Trayectoria marcada por los mil y un avatares de la existencia. Habitamos en un mundo de multitudes en el que somos únicos e irrepetibles. Nuestro valor es extraordinario, tanto que sobrepasa la mente humana cuando se obceca en discurrir a ras de tierra. Hemos sido elegidos por Dios desde la eternidad para llevarnos al Cielo… eso sí, cuando Él quiera, no cuando lo determinen leyes que ignoran el primigenio derecho a la vida desde su comienzo hasta la muerte natural. Un recorrido que todos queremos hacer en las mejores condiciones y especialmente junto a nuestros seres queridos. Conculcar ese derecho por intereses que vulneran impunemente los fundamentos éticos, es llevar a la sociedad a una degradación humanitaria de gravísimas consecuencias. El sufrimiento es inherente a la condición humana, como lo es el intentar disminuirlo y hacerlo más llevadero. Son muchos los medios que existen para ello, pero no siempre al alcance de cualquiera. De ahí, la necesidad imperiosa de fortalecer los cuidados paliativos. La eutanasia justifica lo injustificable y aboca a un precipicio de muerte a las personas más vulnerables. Es como quitar de en medio al que estorba. Muerte a domicilio, a la carta. La vida desechable, de usar y tirar, cosificada. Y así, no.   Indudablemente, el sufrimiento sin más no es atractivo para nadie, pero la vida de una persona no puede convertirse en moneda de cambio en un mercado sin valores. Quiénes ya hemos cumplido unas cuantas decenas de años, tenemos en nuestro haber la experiencia de cómo  junto a una buena atención médica, el estar junto al que sufre, la comprensión y el cariño palían el dolor, lo hacen más soportable y llevadero. Nadie quiere morirse si está rodeado de personas queridas. No estar solo, no sentirse un estorbo, seguir esperanzados a pesar de las limitaciones y el sufrimiento es condición sine qua non. Hace un par de años murió un buen amigo a causa de la ELA. Rodeado de su familia y amigos, jamás se quejó. Sonreía al tiempo que nos decía: ‘No puedo abrazar, pero sí recibir abrazos’. Hoy, más que nunca, tenemos que abrazar la vida. Es cuestión de desvivirse.

ABRAZAR LA VIDA

Don Evaristo

‘Algo se muere en el alma cuando un amigo se va’…

Hoy se nos ha ido al Cielo Don Evaristo, Sacerdote de la Prelatura del Opus Dei. Le conocí cuando ambos trabajábamos como profesores en los Colegios Monteagudo y Nelva. Su trato siempre fue amable, sonriente, de persona que sabe querer. Fue un regalo de Dios no sólo conocerle sino seguir siempre en contacto. Cuando se ordenó Sacerdote, junto a otros niños del Colegio Monteagudo, le dio La Primera Comunión a mi hijo pequeño. A todos cuantos asistimos a la ceremonia, nos impactó su emoción al impartirla. Fe capaz de mover montañas… como la cantidad de oraciones (¡Montañas!) que hemos rezado por él durante su enfermedad a causa del Covid-19, personas de toda edad, clase y condición. De hecho, mi nieta de cinco años alumna de Nelva, al enterarse de su fallecimiento se ha sentido como responsable… ‘¡Hoy no hemos rezado!’… y es que todos los días, los alumnos de Monteagudo-Nelva, iban al Oratorio a rezar por él.

 Como muchos, he llorado por la muerte de persona tan buena y querida. En mi familia, como en muchas familias, dejó una huella de cariño, indeleble, según el querer de Dios. Durante años, visitó a mis padres, ya mayores, para llevarles la Buena Nueva del Evangelio… Mi madre que rondaba los noventa años, le hacía tomarse un café con leche y una magdalena…

Cuando mis padres fallecieron, Don Evaristo nos mostró la cercanía del Cielo de manos de la Virgen. Me figuro la ternura de Nuestra Madre recibiendo a hijo tan querido. Creo que habrá llegado rápido empujado por una grandísima liana de rosarios rezados por él.

Son muchas las horas que ha pasado en el confesonario de la Parroquia de San Lorenzo de Murcia. Y tampoco somos pocos los penitentes que hemos pasado por allí. Aparte del Ave María de penitencia, sus consejos hacían fácil escribir poesía con la prosa de cada día.

Don Evaristo se ha llevado con él parte de ese trocito de cielo que Dios, un día dejó caer… y somos también muchos los que en esta tierra murciana nunca dejaremos de agradecer su querer… Noto que sonríe con eterna sonrisa, al tiempo que casi me va a reprender…Lo siento Don Evaristo, pero lo suyo ha sido querer y querer. Interceda por todos en el Cielo. Cuando Dios quiera, nos volveremos a ver…