LA VIDA. Algunas reflexiones

 Cuando mis hijos aún vivían en casa, divertidos, se decían unos a otros: ‘Lleva cuidado con mamá porque te regala, te tira o te mete en la lavadora’…Cuestión de hacer habitable el hogar, dinámico hogar, de una familia numerosa. Ahora, que suenan campanas de boda para el más pequeño, no sé qué dirían cuando me pongo a hojear alguna que otra revista, guardada desde ‘in illo tempore’. La que tengo junto al portátil es del año 2000 y estremece por su tremenda actualidad. Me quedo con la cita sobre el periodista americano Walter Lippmann y sus reflexiones durante el verano de 1940, acerca del legado de George Washington: “Habéis vivido una vida fácil; de ahora en adelante, viviréis de un modo difícil. Recibisteis un valioso patrimonio construido con la perspicacia, el sudor y sangre de inspirados, devotos y valientes hombres; de un modo desconsiderado y con una descarada autocompasión no habéis hecho más que dilapidar esa herencia. Ahora, sólo podréis restaurarla por medio de las heroicas virtudes que hicieron posible vuestro legado. No apreciasteis todo lo bueno en su justo valor. Y ahora debéis trabajar para merecerlo de nuevo. Por cada derecho que apreciéis, tenéis un deber que cumplir. Por cada esperanza que alberguéis, tenéis una tarea que realizar. Por cada bien que deseéis conservar, tendréis que sacrificar vuestra comodidad y tranquilidad. Ya no hay nada que se consiga por nada”. Han pasado ochenta años… Poderosa resonancia. Perennidad en lo diario y efímero. Un retazo de la realidad. ‘Las ideas no duran mucho. Hay que hacer algo con ellas’. Santiago Ramón y Cajal.  La vida sigue y no sigue igual. Sin lugar a duda la Pandemia que estamos padeciendo nos ha hecho reflexionar, al menos pararnos a pensar. Ideas, palabras que nos tienen que llevar a actuar. Enfermedad, muerte, paro, pobreza, precariedad… La vida, repito, sigue y no sigue igual. En este tiempo que nos ha tocado vivir, la vulnerabilidad global no debería convertirse en moneda de cambio de un río revuelto donde la ganancia sea para desaprensivos pescadores de lo ajeno. A buen entendedor…  ¡LA VIDA! Algunas reflexiones para un mundo mejor. En tiempo de Pandemia, siguen sonando campanas de boda… El amor todo lo puede.

Azul como el Cielo… Como el Mar, azul…

‘Tiene los ojos azules de tanto mirar al cielo… Tiene los ojos azules, más azules que turquesas… Azules como la Mar y como el soñar con una ilusión… De tanto mirar al Cielo… ‘ (Jota Navarra)

De buena mañana, contemplar esta maravilla en la Playa de Levante (Cabo de Palos) me lleva a agradecer a Dios la belleza de la Creación…

Aforo máximo

No se trata de una confusión y mucho menos un desacato a las normas vigentes- a causa del Coronavirus- que una gran mayoría de personas nos aplicamos en cumplir pensando en el bien común. Tampoco es un error de cálculo inasumible por la capacidad del espacio en que se admite tamaña afluencia de público, impensable en los tiempos que corren, o no. Porque la vida sigue, pero a otro ritmo. Las prisas, sin pausa alguna, se han alejado a pasos agigantados de nuestro quehacer cotidiano. ‘Cada cosa a su tiempo y un tiempo para cada cosa’… creo que no solo durante el confinamiento, en que disponíamos de tantas horas con sus minutos y segundos para reflexionar, sino en la vuelta a esa normalidad que, en cierto modo, habíamos planificado desde nuestros hogares, con las ventanas abiertas de par en par al mundo, contemplando la vida. ‘La vida es la mejor maestra’ (Enrique Rojas).  Durante este tiempo de pandemia por el COVID-19, hemos recibido lecciones durísimas, emocionantes, desoladoras, increíbles, consoladoras y magistrales. Entre la vida y la muerte, la vulnerabilidad   de nuestra existencia nos ha sacudido sin piedad. Son muchos los que nos han dejado y, no pocos, los que necesitan que no les dejemos. La vida sigue con un aforo máximo de dolor, desolación y tristeza… ¿Cómo calcular el aforo máximo para la esperanza, el consuelo y la alegría?… La palabra aforo, en su uso actual se refiere a la capacidad total para acoger personas en un recinto sin que este deje de ser seguro para la salud. El recinto a que me refiero es el mundo entero. El aforo máximo, la entrega personal… cuánto más, mejor. Nos necesitamos unos a otros, sin fronteras. ‘Hay un tiempo para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol’. (Eclesiastés). Es tiempo de llorar y sonreír, de hablar, escuchar y comprender. Tiempo de curar heridas y abrazarse con el alma. Tiempo de pedir ayuda y ayudar. Tiempo de FE, ESPERANZA y AMOR… cada cual, a su medida, pero colmada. Lo que importa es hacer cuanto esté a nuestro alcance. Abrir los brazos para entre todos, abrazar el mundo. No hay que esperar turno, necesitamos un aforo máximo.

Aprender de los pescadores

Me gusta pasear por los puertos de mar, observar los barcos de pescadores y sus inmensas redes recogidas tras faenar trabajosamente, días y noches, contra viento y marea. Redes aparentemente amontonadas en la bocana del puerto, como merecido descanso, aprisionando quizás secretos de pesca, copiosa o en vano. Redes extensibles, acogedoras de los más variopintos habitantes del mar. Redes que hay que mantener y reparar, como hacen los buenos pescadores, para no perder ninguna presa tras la dureza de navegar mar adentro…

Los pueblos pesqueros tienen una belleza especial. Pinceladas de sol y luna, destellos de estrellas sobre blancos amaneceres y noches oscuras. Juegos de luz y color, azules y verdes. Reflejos oro y plata en las puestas de sol y los anocheceres. Belleza infinita de tostada y brillante arena de playa, ornada de conchas, caracolas, erizos  y alguna que otra estrella de mar. Cierto  sabor a sal, como  saboreando la vida en el pálpito inconfundible de la existencia. Ser, estar, vivir. Saber manejar nuestras redes en otros mares que también invitan a remar hacia dentro para que rebose la vida. Rebosar,  queriendo con holgura. Echar las redes  de busca, encuentro y no pocas veces, salvamento. Red de redes, conexiones inalámbricas de un mundo hiperconectado y al mismo tiempo, sumido en extrañas soledades que nunca, nunca, tendrían que haberse dado. Redes de amigos desconocidos, y amigos enredados en no sé qué enredos… Redes sociales que, una y otra vez, tenemos que aprender a utilizar. Mantenerlas en buen estado y en esa media distancia que no nos haga perder la perspectiva personal, y sobre todo, las relaciones humanas, que superan con creces ese conectar y desconectar de tantos artilugios, comunicadores instantáneos, con frecuencia, anodinos, ajenos al necesario roce que el cariño precisa para una buena convivencia. Se traduce en un estar junto al otro. Saber mirar, reconocer, tratar, querer. En cierto modo,  aprender de los pescadores a  preparar  nuestros aparejos y salir a pescar en el tiempo oportuno, armándonos de paciencia y fortaleza. Intentándolo una y otra vez, sin desánimos inútiles. Se trata de saber contemplar el mar de la vida y soñar… Y, como dijo el Santo de la vida ordinaria, seguro que nos quedaremos cortos.

PARA MENCÍA

El sábado 18 de julio de 2020 fue un día muy especial para nuestra familia porque celebramos La Primera Comunión de Mencía, la mayor de cinco hermanos, de ahí el detalle del recordatorio que encargó Sole, su mamá. Su papá, mi hijo Ricardo, me pidió que escribiese sobre ello. Después, también me sugirió que lo compartiese en mi blog. Creo que ahora, más que nunca, tenemos que compartir cosas buenas.

Hoy celebramos La Primera Comunión de Mencía

¡Qué alegría!

Lleva un precioso vestido blanco ,almidonado, que cubre su corazón inmaculado.

¡Qué alegría!

Día de acción de gracias, amigos y familia

¡Qué alegría!

Sueños infantiles, catequesis, canciones, nervios, emociones

¡Qué alegría!

Jesús desde el Sagrario -donde nos espera desde siempre- también ha preparado este día

¡Qué alegría!

En el fondo, todos queremos seguir rezando “Jesusito de mi vida”…

¡Qué alegría!

Mencía se ha confesado para tener el alma más limpia

¡Qué alegría!

Sin querer remediarlo no damos la infancia por perdida

¡Qué alegría!

Niños y mayores queremos ser buenos y más a partir de este día

¡Qué alegría!

Hoy celebramos la Primera Comunión de Mencía. ¡Felicidades y sonrisas!

La dulzura de La Virgen, Nuestra Señora de Fuente del Fresno, acariciará siempre su vida

Demos gracias a Dios, por tanto bien, con devoción y alegría.

    *** Con todo el cariño de la abuela Kika***

Pilatos

Creo que somos mayoría los que sabemos que Poncio Pilato reconoció, a través del interrogatorio al que sometió a Jesús, su inocencia. Pero fue cobarde y no se atrevió a llegar hasta el final. Se lavó las manos. ‘Inocente soy de la sangre de este justo’… Muchas veces la Historia se repite para mal, pero no son pocas las que, gracias a la coherencia de personas valientes, se produce el ansiado giro de los acontecimientos en pro del bien común. Estamos viviendo una época nada fácil para nadie. La enfermedad y la muerte se han extendido por nuestra vulnerable aldea global. Junto al dolor por la pérdida de tanta vida, la crisis económica arrasa con miles de puestos de trabajo, elevando llamativamente la penuria de innumerables familias. Tras el final del estado de alarma, sigue latente la intranquilidad ante tanta falta de verdad, coherencia y responsabilidad del Gobierno de España. Nada de autocrítica por la gestión de la pandemia y excesivo autobombo, con gigantesco salvavidas virtual, mientras la cifra real de fallecidos la convierten en fantasmagórica. Demasiado dolor para pasar página… Se nos pide cooperación y responsabilidad, mientras el despilfarro de cargos y gastos no cesa. El enchufismo campa a sus anchas entre otras lindezas de donde dije digo, digo Diego. Y, a vox pópuli, el populismo (valga la redundancia) de turno, de marcado clientelismo. Ante tal panorama, no podemos convertirnos en una nueva generación de Pilatos. Cierto que ahora nos lavamos las manos más que nunca, pero desentendernos o quejarnos de todo no es la opción a seguir. Un buen examen de coherencia y aportar de nuestra parte cuánto más mejor, en pro del bien común. Tenemos muchos y grandes ejemplos a seguir, amén de la iniciativa personal para dar un vuelco a los acontecimientos. El covid 19 es un enemigo invisible del que hemos de seguir protegiéndonos y también de algunos enemigos del bien común que se enmascaran tras mil argucias. El estado de alarma no ha finalizado en Economía, Educación y un largo etcétera. Por precaución, seguiremos lavándonos las manos, pero no nos convirtamos en una penosa generación de Pilatos.

Caleidoscopio

Juego de espejos

 Creo que no somos pocos los que en años escolares tuvimos un caleidoscopio, incluso hecho por nosotros mismos siguiendo atentamente las instrucciones de nuestros maestros. El material, asequible a todos, lo conseguíamos en un santiamén, ilusionados por disfrutar de esa especie de magia lograda con apenas unos espejos, cartón, papeles de colores, pegamento y poco más. Maravilla de maravillas de formas e imágenes diferentes que contemplábamos extasiados. Quizás los nostálgicos suspiren con cierta melancolía añorando otros tiempos. Que nadie se enfade, pero se conoce que no aprendieron bien a jugar. ¡Hagan juego señores!… Las cartas de nuestra vida ya están repartidas. Bueno, seguro que a veces nos entusiasmaremos con las que tenemos entre manos, otras cogeremos nuevas y en ocasiones tendremos que pasar, esperando mejor oportunidad. Jugar o abstenerse creo que no es opcional, la vida hay que vivirla. Sin embargo, no es raro que con relativa frecuencia se merodee sin ton ni son fuera de camino. Arrieros somos y apenas nos sorprende nada de cuanto ocurre a nuestro alrededor, ni bueno ni malo. Solemos aislarnos con facilidad contemplando nuestro yo y sus circunstancias en una especie de espejo mágico que lo distorsiona todo. ‘Alicia no miró en el espejo en busca de Alicia. Buscaba mirar a través de aquellas puertas extrañas y maravillarse ante aquellas ventanas ajenas que abren hacia fuera por doquier…’ (Chesterton).  Han pasado algunos años desde que pregunté a unos niños a qué jugaban, concentrados como estaban en hacer, exhaustivamente, cada uno lo que tenía que hacer. La respuesta, no tiene desperdicio: ‘-A las personas mayores.’ Quizá va siendo hora que nosotros aprendamos a jugar a ser niños. Desde El Blog de Kika, ahora más que nunca, voy a intentarlo con mi caleidoscopio particular. Me vale de soporte el significado de esta palabra (del griego kalós, bella, éidos, imagen y scopéo, observar). ¡Qué le vamos a hacer! Me gusta ver la parte buena de todo. Será por la necesidad de comunicar serenidad y confianza en nuestros tiempos, por la urgencia de ser constructivos y fomentar la cultura del encuentro, para ayudar a mirar la realidad con esperanza. En definitiva, subrayar la ‘buena noticia’. Sí, depende del cristal con que se mire, pero leyendo los acontecimientos con un buen enfoque. Creo y no me cansaré de repetir que siempre es posible encontrar y escribir la buena noticia presente en la realidad de cada historia y en el rostro de cada persona. Como un juego de espejos.

De tú a tú

En confianza, todos estamos deseando recuperar el trato personal. Más allá de besos y abrazos, que también, por imprescindibles para arropar el cariño, necesitamos desenmascarar la distancia para poder expresar nuestros sentimientos. Dejar en un segundo plano las redes sociales, que sin duda ocuparon un papel esencial para lograr comunicarnos durante el confinamiento vivido, con el fin reducir la transmisión del coronavirus. Recuperar de una vez por todas, ese tú a tú.  Poder quedar, libremente, con los amigos. Abrir, de par en par, nuestra vida a la amistad, amistad que crece con el trato generando una confianza que nos lleva a reconocer a los amigos, deteniéndonos con cada uno, buscando su bien. Un amigo fiel es un tesoro de valor incalculable. Corresponder a la amistad con amistad. Necesitamos vernos, quedar a solas o en grupo. Retomar paseos, tertulias, planes culturales y recreativos. Relajar tanta tensión acumulada. Pasito a paso sí, entreabriendo también (hasta poder hacerlo de par en par) las puertas de nuestros hogares para que todos se encuentren como en casa. Me gusta reflexionar sobre este dicho popular: ‘Dime tu casa y te diré tu mundo’. Resulta que nuestro mundo se ha convertido en la casa común de una gran familia necesitada de estrechar lazos de amistad. Con o sin mascarillas volveremos a los encuentros de siempre, a las conversaciones profundas y a las desenfadadas. Compartiremos el cafelito acostumbrado, el refresco, la cervecita, el granizado preferido.  Compartiremos, noticias, chascarrillos, experiencias. Cuánto más, alegrías y tristezas. Disfrutaremos de cada encuentro, al saber que nos queremos, que contamos unos con otros, que siempre confiamos. De tú a tú, cuando quieras, quedamos…

Lo lees y me dices, ¿vale?




Es lo que solemos hacer quiénes nos dedicamos a la noble tarea de escribir, sobre todo cuando nuestro interlocutor nos puede corregir y ayudar a mejorar. También suele suceder que nos encontremos frente a frente con algún admirador incondicional. La pregunta adquiere efecto boomerang. Así que, junto al ‘muy bien’ de siempre, no tenemos más remedio que releer e ir perfilando nuestro modus operandi para conseguir objetivos ‘al pie de la letra’. Y, al pie de la letra, propongo la lectura de los acontecimientos que, en esta época de la Historia Universal, nos ha tocado vivir. Somos, a un tiempo, protagonistas y espectadores. Todos, sí todos, estamos escribiendo y leyendo… A poco que prestemos algo de atención en nuestro diario deambular, podemos ir tomando nota de mucho de cuanto acontece. La falsilla de esta redacción a pie de calle, es el constante interés de unos por otros: – ¿Estáis bien? ¿Cómo va todo? ¿Necesitáis algo? ¡Cuenta conmigo! ¡No dejes de llamarme!… Tomando nota, repito, a pie de página de esta pandemia mundial, existe una diferencia abismal entre quienes han agarrado el timón de la solidaridad en todos los niveles de la sociedad y el descalabro gubernamental, cara y suplicio de un Estado más que alarmante. A nivel particular las nuevas tecnologías han dado un cariz más humano a la soledad, acortando distancias con mil y una llamadas de video por WhatsApp y otros medios. No se han perdido muchos trabajos profesionales y escolares gracias a la conexión online. También los actos de culto han tenido un lugar preferente y asequible a la irremediable inmovilidad social. Actividades culturales para todos los gustos. Hemos estado informados y desinformados a un tiempo (y seguimos en ello), ‘Consejos vendo para mí no tengo’… Cuentas y cuentos que no cuadran, mientras el paro aboca a la precariedad a miles de familias.  Al parecer, se ha inaugurado el ‘Congreso de los disputados’. Punto y aparte (¡Ojalá!). Punto y Seguimos… Al leer, siempre me gusta subrayar lo más importante. No sólo yo, creo que muchos hemos subrayado con oraciones y aplausos el buen hacer de nuestro personal sanitario, ahora galardonado con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia. Hemos rezado también por los enfermos, por los difuntos, por sus familias. Sigo escribiendo entre líneas cuánto hemos reflexionado sobre lo que realmente merece la pena en la vida. Sin lugar a duda hay un antes y un después. No se trata de una nueva normalidad sino de un nuevo QUERER. Sí, con mayúsculas. Pues quedamos en ello: Lo lees y me dices, ¿vale?

Después de…

Desescalada, desasosiego, desorientación, desencanto, desempleo, desesperación, desolación…

Escalada… Para superar la tristeza y alcanzar la alegría.

Sosiego… Despacito y buena letra. El día a día.

Orientación… Jerarquía de valores. Priorizar, descartar, afianzar.

Encanto… Dejarnos cautivar por el bien.

Empleo… Bien común. Ayudar y dejarse ayudar.

Esperanza… No perderla nunca.

Socialización… No estamos solos. Familia, vecinos, amigos y tantas personas buenas, dispuestas a ayudar, en todos los ámbitos de nuestra sociedad.