La casa de siempre

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Tras la época estival, tiempo por excelencia de vacaciones, el regreso a la cotidianidad de la vida es algo natural y cuasi deseado por todos porque, al fin y al cabo, es la viga maestra de nuestra existencia. – ‘¡Estamos en la casa de siempre!’… Afirmaba feliz una niña de cinco años al llegar a la suya. Contaban sus padres que de igual manera daba la bienvenida a sus abuelos preguntando alborozada:-‘¿Ya estáis en la casa de siempre?’… Sabiduría infantil revestida de tanta verdad que invita a reflexionar y agradecer tanto como tenemos y se nos olvida apreciar. La vida misma, el mayor bien, de valor incalculable. La familia: padre, madre, hijos, hermanos… la gran aventura de quererse. Los amigos, vecinos, compañeros de trabajo o de penas y fatigas. El mundo repleto de gente que va y viene en su diario quehacer. Aldeas, pueblos, ciudades. Campos y huertos, vegas y veredas, selvas y desiertos. Ríos y mares. El universo con su cielo cuajado de estrellas. Días de sol y noches de luna llena. Fauna y flora. Colores, aromas y sabores. Voces y silencio. Partituras y pinceles. Música, danza. Cuadros, oleos y acuarelas. La vida con sus carencias y demasías, llantos y risas. La casa de siempre donde lo normal es quererse. Septiembre. El verano desparrama su luz para dar brillo a los colores ocres del otoño. Las vacaciones nos dan energía para volver a intentarlo de nuevo. ¡Estamos en la casa de siempre!… Nuestra gente, nuestros cachivaches. Hogar, dulce hogar… con sus paces y sus guerras, donde a cada uno se quiere por quien es, sin componendas. Casas que se vacían y se llenan. Puertas que se abren y se cierran. Ventanas con rayos de luz, sombras y tristezas. ¡Casa mía y cama mía!…decía mi abuela. Mientras, el mundo gira y gira, dando a veces extrañas vueltas. Hay guerras, hambre, persecución, huida, enfermedad, muerte, desolación. Las noticias no dejan de sorprendernos con tragedias que afectan a la humanidad entera y de modo especial nos impresionan cuando nos toca de cerca. Apenas hace unos días, cuando iban a visitar un Santuario de la Virgen, sufrían un terrible accidente de tráfico en México mujeres del Opus Dei, muriendo en el impacto diez de ellas y el conductor del vehículo. De las que quedaron gravemente heridas, ya ha muerto otra. La llamada universal a la santidad que predica esta Prelatura Personal de la Iglesia Católica se vive en un ambiente de familia que palpita con el sentir de cada uno de sus miembros. Algo se muere en el alma cuando un amigo se va… pero cuando se trata de unas hijas, de unas hermanas, de personas de tu familia, el único consuelo es pensar en el cielo que Dios tiene prometido a todos los que le quieren. Es como regresar a la casa de siempre… pero  a lo grande.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Pasar a limpio

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En puertas de un nuevo comienzo de curso, es fácil que vengan a nuestra memoria los más variopintos  recuerdos  de  otros inicios, acumulando múltiples experiencias. A vuelapluma, me gusta tomar notas a pié de página de la vida para orquestar artículos como resultado de ese pasar a limpio apuntes y apuntes, incluso algún que otro garabato.  Antaño con la batuta   –lápiz, bolígrafo, pluma…- marcábamos  el ritmo sobre papel, temiendo encontrarnos de bruces con un indescifrable folio en blanco. La vida misma sigue siendo el mejor argumento. Un artículo de periódico puede convertirse en una bocanada de aire fresco que agrada y pasa casi sin sentir, una losa inamovible o un punto y seguido sobre nuestros aconteceres desde diferente perspectiva. Escribo desde mi portátil, tecleando pausadamente sobre las letras que conforman palabras y frases para edificar con esa arquitectura del lenguaje que abre puertas y ventanas a la comunicación y entendimiento. La nostalgia postvacacional intenta descolgarse por algún resquicio que no acaba de encontrar a pesar de que aprovecho para escuchar la mejor música. Recuerdo cuando escribía sobre papel y al pasar a limpio me costaba descifrar mi propia letra. Con el ordenador no hay más que tachones y garabatos  virtuales que pueden convertirse en reales e incluso virales cuando apuntamos directamente a las actuaciones reprochables de personajes que, precisamente hoy, no quiero que vengan a cuento. Así que cada cual asuma su responsabilidad y actúe en consecuencia porque escudarse tanto en lo mal que lo hacen los demás resulta ya demasiado aburrido. Esperemos que se aclare el fango político porque apañados vamos. Ahora, tras la época estival, punto y aparte,  y  a preparar con ilusión la nueva andadura. Seguro que no estrenaremos mochila ni lápices de colores. Seguro también que no todos somos jóvenes y entusiastas. Muchos comienzan su andadura universitaria o estrenan trabajo. Otros siguen en el paro. Hay jubilados  que no paran.  Somos únicos dentro de la multitud y multitud en los espacios de buscada soledad. Iguales, diferentes. Mejores y mejorables. Más que borrón y cuenta nueva, propongo pasar a limpio las vacaciones. Como siempre,  nos acompaña cierto cansancio que se disipa bajo una lluvia de ‘Ha merecido la pena’. Unos vienen y otros van al tiempo que procuramos quedarnos con lo bueno de todos. Creo que las vacaciones mejores son las que nos ayudan a estar más cerca de quienes queremos. A veces no hace falta decir nada, otras surgen esas conversaciones que fluyen caudalosas en un mar de confianza. Y celebramos estar juntos y disfrutamos de esos raticos entrañables que no cambiaríamos por nada del mundo. Regresamos a casa cansados de muchas cosas que desaparecen al pasar a limpio el cariño. Dice el Papa Francisco para que aprendamos de una vez por todas a querernos, que no  existen  familias perfectas. Somos como somos, lleneticos de dimes y diretes. Por eso, repito, no hay nada como pasar a limpio el cariño. ¡Bienvenidos a casa!

Oro

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Río de Janeiro, Ciudad de contrastes donde las haya, ha acogido Los Juegos Olímpicos de 2016 con los brazos abiertos del Cristo Corcovado. Al ritmo del sambódromo  en pleno Carnaval  y  la vivencia deportiva del legendario  Estadio de  Maracaná. Riqueza y pobreza se extienden como la inmensidad de sus playas bajo la mirada silenciosa de espléndidas máscaras. En el recuerdo, Orfeo Negro. Las mañanas siguen de color azul y el medallero español brilla de modo especial en femenino. ¡Mujeres al Pódium! Pero  sigue sin ser oro todo lo que reluce. Tras el metal conseguido, las metas marcadas y conquistadas mediante el esfuerzo sacrificado y continuo, sin compás de espera. Comenzando y recomenzando una y otra vez con voluntad férrea, fortaleza, valentía y espíritu ganador. Escribo este artículo con la emoción a flor de piel tras ver el partidazo de Bádminton que ha bañado en oro la gesta de Carolina Marín. ¡España! ¡España! ¡España! Hemos gritado al tiempo que aplaudíamos entusiasmados. Ovación cerrada. Si las batallas las ganan los soldados cansados, las medallas de oro, plata y bronce, las ganan esos deportistas que no dejan de encandilarnos con su lucha,  estrategia  y  un tesón que les convierte en personas excepcionales,  capaces de barajar con la misma humildad serena, la alegría del triunfo o el desencanto del  fracaso. Las Olimpiadas de Río, han desbordado previsiones, ilusión y emociones. El himno nacional y el izado de nuestra bandera han  subrayado, junto al sentir patrio, la grandeza de personas que han luchado hasta el último aliento por conseguir la excelencia para España. Contemplar la lucha titánica de nuestros mejores deportistas nos lleva directamente a felicitarles, agradecer su brillante actuación y a reflexionar sobre nuestra actitud ante cuanto la vida nos depara. Cuántas veces, a la primera de cambio, tiramos la toalla sin tan siquiera estrenarla para secarnos las primeras gotas de sudor. Impresionante el talante competitivo de tanta gente joven y la madurez conseguida en la victoria y en la derrota. Inmersos en el espíritu olímpico, portan la antorcha que prende en lo mejor del ser humano. ¡Enhorabuena campeones! Enhorabuena a todos por tener un ejemplo a seguir, falsilla  especial sobre la que podemos repasar las líneas maestras de nuestra vida. Como siempre, el espíritu propio es mal consejero. Mejor buscarse un ‘buen equipo’ que al mismo tiempo nos asesore y tenga a raya para fortalecer nuestras debilidades y afianzar nuestra fortaleza, a fin de realzar nuestro paso por la vida… que reluce más que el oro cuando nos empeñamos en hacer el bien. Es otro medallero…

Artículo publicado en La Opinión de Murcia

Lecturas de verano

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Libros, periódicos, revistas y todo tipo de artilugios inalámbricos no brindan la oportunidad de sumergirnos en un mar de letras y navegar junto a los más variopintos personajes históricos y novelescos, reales o imaginarios, aprovechando el descanso estival para recordar, revivir, aprender o, simplemente, distraernos y procurar evadirnos de esa parte de la cotidianidad que nos estresa. Leer es en cierto modo detener el tiempo, a la vez que sin apenas sentirlo vamos  pasando las páginas de nuestra vida. Entre líneas, amor, amistad, trabajo, cultura… pasajes y paisajes que recorremos o nos detenemos a contemplar. Verano tras verano hacemos acopio de nuestras lecturas preferidas, al tiempo que la vida, siempre espléndida, nos regala otras que no tienen igual. Leer, releer, subrayar, tomar notas…cada cual con su ´señala páginas’ personal.  Recuerdos y vivencias se amalgaman pasando a formar parte de nuestro bagaje cultural. Un verano más he podido regresar al lugar donde he pasado las mejores vacaciones de mi existencia. Parece que todo sigue igual en este campo sembrado de recuerdos. Al pasar las páginas de la memoria puedo contemplar de manera diáfana los aconteceres familiares. Es como deletrear la vida, volver a leer entre líneas lo subrayado, teniendo en cuenta los espacios en blanco. Cuando escribo es un día más de este caluroso verano refrescado en parte por un viento impetuoso empeñado en airearlo todo pero el tiempo ha dejado escritas las páginas de mi familia –como las de muchas  familias-  con esa caligrafía  especial  que  tan bien rotula el cariño. Nuestra casa de campo tiene muchas puertas y ventanas que hoy golpetean aplaudiendo a su manera tanta vida. Bajo un limpio cielo azul, el jardín y los parterres rebosan de verde esperanza. Rosas blancas, rosas y rojas se dejan mecer por el aire dando sus pinceladas de belleza al paisaje. Un gran ciprés se levanta ufano apuntando hacia lo más alto. Bajo dos grandes ventanas, casi recostada en la pared, la vieja parra centenaria con su tronco seco y leñoso como  surcado de venas henchidas de vida, los pámpanos verdes y fuertes, y racimos cuajados de uvas. El sol desparrama sus rayos de luz y calor por todos los rincones. Es la hora del baño. Los niños se apresuran, los padres se preparan, los abuelos van y vienen, miran, vigilan, acogen. La tarde invita a pasear. Se van cerrando los libros. Entre comillas, ya no es hora de sestear. Las adelfas del jardín  bailan  al son del aire de un verano en que se sigue escribiendo  la historia que quizá se convierta para muchos en lectura preferida.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Propósitos veraniegos

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Cuando tenga vacaciones, el próximo verano, con tanto tiempo libre… soñamos casi, casi en conseguir… ¡Hasta la luna!… por soñar que no quede, al fin y  al cabo los sueños, sueños son. Año tras año, lo volvemos a intentar con la mejor de las intenciones y preparamos  con verdadera ilusión nuestro particular equipaje virtual, ordenando con especial cuidado los recuerdos entrañables de todos los veranos de nuestra vida aunque muchos de ellos ya pinten en color sepia. La vida es así, unos van otros vienen y pasamos página, no sin antes hacer un minucioso inventario de los momentos felices. Nos empeñamos en ir por mil caminos en busca de la felicidad hasta que descubrimos que está en hacer feliz la realidad, sin olvidar la cara y la cruz de esta moneda del alma que se suele perder si no se da. En plena canícula de verano  permanecemos en casa por situaciones de fuerza mayor, hacemos pequeñas escapadas o cambiamos de residencia durante todo el verano o una gran parte del mismo. Cada cual atienda a su juego, eso sí, en familia, porque el roce sigue haciendo el cariño. Se aprende a vivir como se aprende a querer. Vida familiar es tener tiempo los unos para los otros  y  ayuda, paciencia, comprensión.  Poder reír y  llorar con libertad. Pedir perdón y perdonar. Hablar de todo y de nada con pequeños y mayores. Saber pasar por alto y no dar importancia a lo que en realidad no la  tiene. Disfrutar juntos de cuanto tengamos a mano; mar o piscina, caminos para pasear, excursiones, barbacoas. La lectura enriquece, cultiva y sosiega. Si nos empeñamos en querernos de verdad, los propósitos veraniegos se nos quedan cortos. En realidad lo importante es tener bien estructurado los anclajes de nuestra vida para en situaciones límite, no echarlo todo a rodar.  Vivimos en un mundo que parece estar enloquecido.  No nos podemos acostumbrar a que, por sistema se atente contra la vida, el matrimonio natural, la familia, el derecho de los padres a la educación de sus hijos y un sinfín de despropósitos que como decía Lázaro Carreter, hacen decir a las palabras lo que no son.  Ser o no ser es algo incuestionable. Entre mis propósitos veraniegos estaba dedicar a cada día su propio afán… pero conviviendo tres generaciones, he tenido que desmenuzar  el tiempo en segundos. Espero  ‘sobrevivir’. Si pueden veranear en familia ¡no se lo pierdan! ¡Feliz verano a todos!… y por si acaso, no olviden sus propósitos veraniegos.

Geranios

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Como bajados del cielo, han aparecido geranios en nuestro jardín. La vida en rosa, con toda la fuerza del querer. Renuevo de cariño que hace brotar lo mejor de tantos ayeres. La abuela que ya no está y el nieto al que tanto quería ha adornado su ausencia convirtiéndose en jardinero para que ella siga disfrutando desde el cielo de cómo se ruborizan los geranios en rosa y en ese tono inconfundible que tiene el cariño. ¡Gracias  Pablo! Hoy el cielo parece más azul…

Lecciones aprendidas

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Saber o no saber es la cuestión que subraya cualitativamente nuestro modo de actuar. Iniciada la temporada de vacaciones de verano, las mochilas suelen ir cargadas de notas que perfilan el nivel alcanzado tras un curso de estudio. El aprovechamiento  del tiempo suele ser el quid de un buen resultado. El saber va ocupando el lugar que le dejamos y, en consecuencia, es de gran ayuda para ir situándonos en la vida a nivel profesional y, personalmente, en las distintas facetas de nuestra existencia porque es indispensable conocernos a nosotros mismos y cuanto nos rodea para saber a qué atenernos. Cierto que no somos perfectos y las limitaciones de unos y otros forman parte del anclaje vital, pero al menos podemos lograr una buena perspectiva para gestionar nuestra andadura de la mejor manera posible. Saber lo que queremos. Punto de partida y objetivos a conseguir. Calibrar medios y dificultades. Comenzar y recomenzar recorriendo con ilusión el itinerario trazado. No estamos solos, ‘arrieros somos y en el camino andamos’. Las relaciones humanas conforman nuestra personalidad. Conocer, querer, sufrir, perdonar, comprender, aprender, enseñar, corregir, ayudar, aconsejar, edificar, disfrutar. Buen bagaje para ser feliz, teniendo en cuenta que el entramado de la felicidad se  teje cada día con optimismo  a la luz de nuestros valores, contando con las caras y cruces de la vida. Todos cargamos en la nuestra un bagaje personal que va perfilando el nivel alcanzado. En este terreno, las vacaciones no existen porque serían un sinvivir. No obstante, todo tiene su tiempo oportuno y saber aprovecharlo es sacar el mejor partido en cualquier circunstancia que podamos encontrarnos. Apenas comenzadas las vacaciones, no son pocos los estudiantes que arrinconan los libros, algunos hasta olvidan las lecciones aprendidas sin base, mecánicamente, para los exámenes. Bastantes, aprovechan el verano para afianzar algún idioma, hacer deporte y participar en campamentos y convivencias que fomentan la amistad y educan en valores. Las actividades solidarias son un plus enriquecedor para todos. Las vacaciones en familia, el bien más preciado. Sin pausa y sin prisa, estar unos con otros, al tanto y  atentos en saber querer sin condiciones. El verano, como todos los veranos, se presenta caluroso, con planes que salen o no, con circunstancias diversas, esperadas o inesperadas, con problemas y soluciones en un mundo convulsionado por guerras, terrorismo, persecuciones, pobreza, miseria, desesperación. Gente que va y viene, personas sin hogar, campos de refugiados, pateras de muerte y esperanza. Políticos desnortados, incongruentes, incomprendidos. Corrupción por doquier. Oportunismo totalitarista. La vida misma que casi deja de sorprendernos al tiempo que nos da las mejores lecciones. Lecciones aprendidas que no deberíamos de olvidar porque la historia se repite. La toma de decisiones ni a tontas ni a locas y mucho menos a ciegas. No se dejen deslumbrar por el sol que más calienta.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia