BEGIN THE BEGUINE

Abiertas de par en par las puertas del año 2022, añoramos volver a sentir las cosas de siempre, comenzar desde el principio, volver a empezar, vivir en plenitud. De ahí el título de este artículo, pues suceda lo que suceda, necesitamos ilusionarnos, repito, en volver a sentir las cosas de siempre. Es como la banda sonora de nuestra vida que podemos tararear a pesar de la vulnerabilidad de las circunstancias que nos está tocando vivir. Actitud positiva. Hacer todo lo posible por quienes nos rodean. Sentido del humor. Aceptar, subrayo, nuestras circunstancias y sacar lo mejor de ellas. Y así, cada día, hora, minuto, segundo… eso sí, siendo los primeros en querer y querer. Los detalles de cariño lubrican las asperezas de la vida, además de seguir moviendo montañas de comprensión y solidaridad, dejando paso libre a la serenidad y la alegría. Sí, es volver a sentir las cosas de siempre de mil formas diferentes, construyendo un inmenso puzle de felicidad. Importantísimo saber que cada uno de nosotros somos una pieza necesaria e insustituible. Qué bueno poder complementarnos, encajar nuestra vida en un entramado universal y cercano. Es realmente una obra de artesanía. Hacer y dejarse hacer. Ayudar y pedir ayuda. Sugerir y dirigir. Idear, estudiar, ejercer, trabajar, descansar. Volver a sentir las cosas de siempre en esos encuentros buscados o fortuitos, preparados o inesperados. Besos, caricias y abrazos. Sonrisas. Gestos de complicidad que allanan y resuelven cualquier dificultad. La vida, a pesar de tantos pesares, sigue siendo bella. Nuestra interpretación es esencial. Si la hacemos con inteligencia, voluntad y corazón, es fácil comprobar que nuestro papel se ajusta como un guante a nuestro modo de ser, siempre susceptible de mejora. Es bueno tararear BEGIN DE BEGUINE, cada cual, en su versión particular, cuidando ese tono y cadencia que requiere la felicidad…

Un año más. Desde el primer día

Me lo he propuesto. Escribir, escribir, escribir… aplicándome en tan ilusionante proyecto. Rondará el millar la cantidad de artículos que he publicado en periódicos, revistas…en papel y soporte informático. Mi blog es el lugar al que regreso con la intención de dar a luz, relatos, cuentos y poesías que aguardan pacientemente en sus archivos correspondientes. Todo se andará en este nuevo camino de 365 días que acabamos de estrenar. En cierto modo es mi particular Concierto de Año Nuevo… Cuento con buenos directores (Ejecutivos y Periodistas), con una orquesta de palabras insuperable, el Vocabulario Español. Tengo un buen volumen de partituras y un público excepcional. La sala de conciertos se extiende por nuestra aldea global al tiempo que cabe en cualquier dispositivo móvil. Soy muy de andar por casa y por esos mundos de Dios que también son nuestros. Mis músicos son editores, pintores, diseñadores, publicistas, informáticos… Y, además de familiares, vecinos y amigos, gente de la calle que me regala historias, ideas y sueños que parecen traídas por unos espléndidos Reyes Magos de Oriente. Quizás haya sido buena…pero no tengo más remedio que mejorar e ir ordenando letras, vocales y consonantes, frases… Mostrando otras melodías. Cada vida, cada lugar, cada instante tienen su música. Y algunos estamos empeñados en escribir la letra. Desde hoy, punto y aparte. Y punto y seguido.

NOCHEBUENA

NOCHEBUENA

El Niño qu’ha nacío

¡Pa comérselo está!

Por tuiquios tan querío

Amor… ¡con sopas! nos da

¡Bienvenido a casa,

lo seas por Navidad!

¡No es menester te vayas!

…Tu puesto lo tienes ¡ya!

¡Silencio!… S’ha dormío.

No dispotriquéis por ná

Quereros… abonico…

No si vaya a dispertá

Noche ya… Noche… ¡Buena!

Huertana… ¡de calidá!

Nace un Niño… ¡Reina!

… ¡Huertanico celestial!…

EN EL PORTAL DE BELÉN

“En el Portal de Belén hay estrellas, sol y luna. La Virgen y San José. Y El Niño que está en la cuna” … así reza uno de los villancicos más populares del acontecer navideño. Lo tarareamos, al tiempo que nos ponemos en camino. ¿Nuestro equipaje?… Ir repletos de esperanza. Lejos de pesar, nos ayuda a caminar ligeros para cuanto antes llegar. Camino de paz y alegría, paciencia y serenidad, luz y verdad. Camino que se hace sin andar de acá para allá. Camino interior, rebosante en amor. Ese amor que es comprensivo, disculpa, cree, espera, soporta… y sabe rectificar. Recordar y volver a vivir otra Navidad. Desde nuestra casa y lugar de trabajo, con nuestra familia, amigos, compañeros, vecinos… A todos nos llega la luz desde el humilde Portal. Su impresionante claridad alumbra nuestro cotidiano quehacer. Lo envuelve para que lo llevemos de regalo ante el Niño Dios. Como los pastores y los Magos de Oriente, le ofreceremos cuanto tenemos y sabemos le va a gustar. Es decorar la corona de adviento con la ilusión de la primera Navidad. Sin querer -y queriendo-, se agolpan en nuestro recuerdo vivencias entrañables protagonizadas por la sencillez y ternura de la infancia. Quizás se trate de reencontrarnos con el niño que llevamos dentro para ser amigos de Jesús. Tal como somos, sin engaños ni apariencias. En el portal de Belén El Niño nos espera. Eso sí, siempre estamos a tiempo de mejorar… ¡tantas cosas!… Entona el Villancico… ‘hay estrellas, sol y luna’… sobre un pentagrama de luz y claridad. La Virgen no deja de sonreír, de sonreírnos… Es también Nuestra Madre. Siempre atenta a lo que puede faltarnos para colmarnos de felicidad. San José, guarda un silencio que clama la elocuencia de saber querer. El frío mes de diciembre se caldea con el fuego del cariño. La vida adquiere un ritmo frenético y pausado a un tiempo. En cada casa, en cada hogar se respira Navidad. Mayores y niños vamos acercándonos cada vez más al Portal. Será Nochebuena, será Navidad y cantaremos villancicos sin parar. El mundo entero se estremece en este tiempo sin igual. Y llegarán los Reyes Magos, traerán a todos los niños regalos para -despiertos -poder soñar.  ¡Qué bueno encontrarnos en el camino para celebrar La Navidad!… Felicidad, alegría, amor y paz.

Y, sobre todo, optimismo

Sí, ha leído bien: principalmente, especialmente, optimismo. No, no vivo en otro mundo, tampoco estoy en la inopia. ¿Con la que está cayendo, optimismo?… Creo que es bueno repetir SÍ, además con mayúsculas, OPTIMISMO. Se trata de una invitación a la felicidad… ¡Vaya, demasiadas caras de asombro! Como si fuera un imposible. A simple vista puede parecerlo porque estamos viviendo en un mundo de contradicciones donde, a simple vista -repito-, no resulta nada fácil saber a qué atenerse. En cierto modo es una, sencilla y sincera, invitación a la felicidad. Felicidad al alcance de todo aquel que sabe querer. Bueno, saber, saber… es cuestión de empeño (voluntad) y un recomenzar constante, como el latir del corazón. Un no parar y un sinvivir por los demás. Se trata de salir ¿de nuestra casa? También, pero, sobre todo, salir de nosotros mismos, de ese ‘me, para mí, me, conmigo’ que entorpece todas las relaciones sociales. No vamos a rodar una película, pero no estaría nada mal ir ‘En busca del tiempo perdido’ para querer. ¿El plano del tesoro? ‘Que-rien-do’. Querer a cada uno como es. Querer lo mejor para todos, comenzando por los más cercanos. Querer enseñar a querer. Es descubrir la verdadera felicidad para cada uno que nos llevará a encontrar la nuestra. ¿Cómo, no será un galimatías de palabras sin más?… A las pruebas me remito. La primera es el ejemplo que puso un profesor. Lo cuento a mi manera. Cierto día regaló a cada niño de la clase un globo. Luego les pidió que pusieran su nombre y que lo dejaran en un pasillo para buscar cada uno el suyo…Una nueva ‘guerra de las galaxias’ sin reparto de papeles y un final alborotado. Entonces, cambió el guion. Globos al pasillo, pero esta vez, cada niño no buscaría su globo, sino al dueño del primero que cogiese. Final feliz, todos recuperaron su globo. Así la felicidad… Iba a sugerir ‘¡Silencio, se rueda!’ Pero estamos en unas fechas donde la algarabía y la alegría andan por doquier. ¿Qué pasa? ¿Cuál es el acontecer? ¿Todavía el mundo no se ha enterado?… Ocurrió al anochecer. ‘Un Niño nació en un portal de Belén. Su madre, María. Su padre, José. Un buey y una mula. Un pesebre. ángeles, pastores y tres reyes…’ Nosotros también. Cada Nochebuena seguimos celebrando la alegría del querer. Dios con nosotros. ¡Qué vamos a temer! Panderetas y tambores. Felicidad por doquier. ¡Feliz Navidad para todos! Cuánto aprendemos a querer…

Encender La Navidad

Son muchas las luces que se encienden por el mundo anunciando el tiempo de Navidad. En nuestro deambular callejero, guirnaldas de luz y color, parpadean incesantemente, dando a cuanto acontece un brillo especial. El ambiente prenavideño, invita a la ilusión y alegría en personas de toda clase y condición. Tras el sinvivir en los peores momentos de la pandemia a causa del Coronavirus, seguir viviendo con intensidad cada instante de nuestras vidas, es algo que se refleja en el diario acontecer. Quizá hemos comenzado a valorar cuanto teníamos y seguimos teniendo. A poco que reflexionemos, descubrir que la vida es bella, nos ayudará a interpretar la mejor versión de nuestro papel en ella. Muchos lo harán, como Roberto Benigni, de forma magistral, pero no seremos pocos los que quizás, a trancas y barrancas, iremos sacando brillo a nuestro quehacer cotidiano. En realidad, esas son las luces que mejor van a encender la Navidad, porque celebramos el Nacimiento de Jesús ¡Dios con nosotros! … Sí, estamos envueltos en un ambiente de emociones que tenemos que ponderar para encender, auténticamente, La Navidad. La ventaja es que nuestro encendido, lejos de encarecer la vida, la ennoblece y hace más llevadera para todos. Será por ese compartir que enriquece, será por ese querer que fortalece, será por esa alegría que se contagia. Será, será por ser luz para los demás. Ahora recuerdo que tengo que comprar las cuatro velas para la corona de adviento que ponemos en casa. Se gastaron las anteriores de tanto parpadear en nuestro hogar. En realidad, encender la Navidad es para siempre. <<Para Juan Pablo II el catolicismo no podía entenderse como un estilo de vida o una elección recreativa que uno se permite una hora los domingos y que después deja de lado para volver al “mundo real”. La fe abrazaba e iluminaba más bien la existencia entera>>. De eso se trata.

Caleidoscopio

Juego de espejos

 Creo que no somos pocos los que en años escolares tuvimos un caleidoscopio, incluso hecho por nosotros mismos, siguiendo atentamente las instrucciones de nuestros maestros. El material, asequible a todos, lo conseguíamos en un santiamén, ilusionados por disfrutar de esa especie de magia lograda con apenas unos espejos, cartón, papeles de colores, pegamento y poco más. Maravilla de maravillas de formas e imágenes diferentes que contemplábamos extasiados. Quizás los nostálgicos suspiren con cierta melancolía añorando otros tiempos. Que nadie se enfade, pero se conoce que no aprendieron bien a jugar. ¡Hagan juego señores!… Las cartas de nuestra vida ya están repartidas. Bueno, seguro que a veces nos entusiasmaremos con las que tenemos entre manos, otras cogeremos nuevas y en ocasiones tendremos que pasar, esperando mejor oportunidad. Jugar o abstenerse creo que no es opcional, la vida hay que vivirla. Sin embargo, no es raro que con relativa frecuencia se merodee sin ton ni son fuera de camino. Arrieros somos y apenas nos sorprende nada de cuanto ocurre a nuestro alrededor, ni bueno ni malo. Solemos aislarnos con facilidad contemplando nuestro yo y sus circunstancias en una especie de espejo mágico que lo distorsiona todo. ‘Alicia no miró en el espejo en busca de Alicia. Buscaba mirar a través de aquellas puertas extrañas y maravillarse ante aquellas ventanas ajenas que abren hacia fuera por doquier…’ (Chesterton).  Han pasado algunos años desde que pregunté a unos niños a qué jugaban, concentrados como estaban en hacer, exhaustivamente, cada uno lo que tenía que hacer. La respuesta, no tiene desperdicio: ‘-A las personas mayores.’ Quizá va siendo hora que nosotros aprendamos a jugar a ser niños. Desde Murcia Noticias voy a intentarlo con mi caleidoscopio particular. Me vale de soporte el significado de esta palabra (del griego kalós, bella, éidos, imagen y scopéo, observar). ¡Qué le vamos a hacer! Me gusta ver la parte buena de todo. Será por la necesidad de comunicar serenidad y confianza en nuestros tiempos, por la urgencia de ser constructivos, fomentar la cultura del encuentro y ayudar a mirar la realidad con esperanza. En definitiva, subrayar la ‘buena noticia’. Sí, depende del cristal con que se mire, pero leyendo los acontecimientos con un buen enfoque. Creo y no me cansaré de repetir que siempre es posible encontrar y escribir la buena noticia, repito, presente en la realidad de cada historia y en el rostro de cada persona. Como un juego de espejos.

Publicado en Noticias Murcia 11-11- 2021

Cementerios

Noviembre es un mes dedicado especialmente a la conmemoración de las personas que han fallecido. El recuerdo y la añoranza estremecen los corazones ante la falta de nuestros seres queridos. Visitamos el lugar del último adiós con anhelos de esperanza. Flores y oraciones, íntimas conversaciones sin gestos ni palabras. Es así que la palabra ‘cementerio’, deriva del griego antiguo y significa ‘lugar para dormir’. De ahí el sentido de las inscripciones en las lápidas: Descanse en paz, descanso eterno… Y la costumbre popular de pasar o pasear por ellos con un respetuoso silencio. Es mucha la vida enterrada y no pocas las historias revividas una y otra vez. La muerte ha sido el altísimo precio que se cobró la pandemia a causa del Covid-19. Una cruenta guerra mundial que se ha llevado a personas de toda edad y condición. Conocidas y desconocidas. Cercanas y lejanas. Son demasiados los seres queridos que se han ido sin previo aviso. El dolor ha sido la piedra de toque de la mayor escultura del amor en tantísimos corazones. De sobra sabemos que la muerte no es el final, pero se convirtió en un extraño compañero de viaje. Sin embargo, su omnipresencia nos llevó a agradecer y valorar mucho más la vida que se nos había dado. La que teníamos y seguimos teniendo en nuestras manos. Un auténtico tesoro del que un día se nos pedirá cuenta. Un tesoro para repartir por doquier. Sí, también llenamos de vida los cementerios cuando honramos a nuestros muertos. Ese ir y venir, más que un mero trasiego, se ha convertido en un pasear la vida, tan llena de recuerdos, ante el silencio de cuantos nos precedieron. Silencio elocuente que nos lleva a ser cada día más buenos. En realidad, la muerte no es más que el comienzo para entrar en el Cielo como niños con zapaticos nuevos. Seguro que nos duele aquí y allá, nos aprieta algún que otro zapato y no podemos ir demasiado lejos. Pero teniendo el Cielo tan cerca, no vale la pena dar vueltas. Allí nos esperan aquellos que tanto queremos.

MOVILIZADOS

Una vez más, el engaño de las apariencias nos aboca a un extraño mundo feliz, capaz de plagiar con creces la mítica novela de Aldous Huxley. No, no estamos movilizados viviendo en un mundo utópico de logros tecnológicos, conseguidos en pro del bien común. Tampoco soy una negacionista al uso de los avances de la ciencia. La cuestión es la alteración del producto que sí modifica el factor de las relaciones sociales, ocasionando una situación distópica. ¡Pantallas al poder!… Mi móvil, tu móvil, su móvil. Sí y no. Ni siempre ni nunca. Todo sigue teniendo su tiempo, pero de ahí a  quedar absortos en un sinfín de pantallitas, dista mucho del buen uso de la tecnología, caminando, fantasmagóricamente, hacia una sociedad manipulada por sí misma, al ir anulando la voluntariedad de sus actos ante la inmediatez y novedad de tantas pantallas que van dejando la mente en blanco. ¡Aviso a navegantes! Estoy escribiendo desde mi portátil, al tiempo que, de cuando en cuando, consulto mi móvil o recibo alguna que otra llamada. Me gusta el cine en casa y disfruto con las videollamadas de WhatsApp que me hacen sentir la cercanía de mis seres queridos. Suman y siguen un largo etcétera de pantallas que intento no me deslumbren y aturdan. Sí, todo sigue teniendo un tiempo determinado, imprescindible, para no quedar inmovilizados ante el tú a tú que nos humaniza. Para guardar cierto equilibrio en el uso de la tecnología no son necesarios malabarismos imposibles. Es suficiente con tener una jerarquía de valores, apta para todos los públicos. Mi móvil, tu móvil, su móvil… y demasiados móviles fuera de tiempo y lugar.

LA CULTURA DEL ESFUERZO

‘Dale un pescado a un hombre y comerá un día, enséñale a pescar y comerá siempre’. Confucio

Aprender, ayudar, buscar, conocer, comprender, diferenciar, adquirir destrezas, estudiar, emprender, formarse, ganar, habilitar, imaginar, leer, optar (escoger una posibilidad entre varias), realizarse, soñar, trabajar, ser útil a la sociedad, viajar, superarse, avanzar, tener un proyecto de vida y ser feliz. Y mucho, muchísimo más a la medida de cada cual. Hay que tener en cuenta que nada se consigue sin esfuerzo. El trabajo ennoblece a la persona que va perfeccionándose al tiempo que se esfuerza por sacar y dar lo mejor de sí. Aprendí de un gran orientador familiar que ‘un churro no hace palanca’. Cumplir años es una buena ocasión para celebrar y, por supuesto, regalar. Pero de ahí a envolver la compra de votos en papel moneda, hay todo un campo sembrado de desfachatez y engaño. ‘Pan para hoy y hambre para mañana’. Cultureta que infravalora a los jóvenes actuales, mermando su capacidad y presteza para desarrollar los talentos personales. Ya lo advirtió Quevedo: ’Poderoso caballero es don Dinero’… dinero fácil, que encima de repercutir considerablemente en el déficit, no soluciona nada, aparte de la compra de votos al por mayor. La gran esperanza es que los jóvenes no se dejen manipular y estrenen su mayoría de edad, sabiendo a qué atenerse. La cultura no se adquiere por el regalito de unos cuantos euros. El dinero es necesario para subvencionar planes de estudio y crear puestos de trabajo para elevar el nivel cultural y profesional de tantos ‘ninis’ que ni estudian ni trabajan, además de facilitar el desarrollo personal de toda la juventud. Aunque haya algún que otro desmelenado, a ninguno le viene mal ‘saber lo que cuesta un peine’. Conozco a muchos que han compaginado estudio con trabajos temporales par sufragar sus gastos (Dar clases particulares, servir mesas ejerciendo de camareros, cuidar niños, disfrazarse de payasos en fiestas infantiles, repartir periódicos gratuitos, acompañar a personas mayores, montar escenarios, descargar mercancía y un largo etcétera, etcétera). También he conocido a jóvenes que ejercían un trabajo durante el día y acudían a clases nocturnas para elevar su nivel profesional. El saber sigue ocupando lugar preferente. Nunca dejamos de aprender, pero el esfuerzo personal es condición ‘sine qua non’. Querer es poder. Lo que no tiene fundamento alguno es que desde el poder se anule el querer.