Los cambios

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Como la vida misma. Ayer, hoy, mañana. A pesar de que una amplia mayoría se decanta por dedicar a cada día su propio afán, mientras los cambios a mejor siempre son bienvenidos, los que pueden suponer  pérdida o incógnita indescifrable son evitados o acogidos, cuando no hay más remedio, con cierto recelo. La seguridad del terreno conocido también puede conllevar un inmovilismo que ignore la superación personal. Cambiar por cambiar carece de sentido y suele acabar en cambalache cuando se trata de cosas de poco valor. Cambian las etapas de nuestra vida al tiempo que en cada una de ellas sufrimos los cambios correspondiente de la edad. Los años que vamos cumpliendo nos sorprenden en los mil y un cambios que toda persona experimenta casi sin haber olvidado los infantiles de cromos de la más diversa índole. Sin apenas haber podido acostumbrarnos al reciente cambio de hora, la misma vorágine de la vida nos ha llevado hasta las puertas del invierno al tiempo que vislumbramos una nueva primavera política tras ese extraño letargo gubernamental. Si fuera como en Fuenteovejuna, la ovación también sería todos a una pero ‘Largo me lo fiáis amigo Sancho’ si hay que  luchar contra extraños gigantes que giran y giran dando vueltas sobre sí mismos, impulsados frenéticamente por vientos desnortados. Cambiamos de casa, de ciudad, de trabajo pero no tanto de amigos. Amigos para siempre entona la canción, mientras reconocemos casi de modo habitual, una constante ruptura de parejas en detrimento de una peligrosa desestabilización del matrimonio y la vida familiar. ‘Toda la vida, te estaría queriendo…’ cantaba Antonio Machín. Al parecer, ahora, estamos en otra onda. El cambio personal cuesta planteárselo pero no deja de ser la banda sonora de la felicidad. Afinar o desafinar es cuestión de ir ajustando los distintos parámetros de la conducta a nuestro objetivo en la vida. La gran maestra, según Enrique Rojas, que nos enseña a ir descubriendo  caminos.  A veces, se hace necesario enderezar el rumbo e incluso cambiar de dirección abandonando esa ruta equivocada que, con bastante frecuencia, nos cuesta reconocer. Retomo el rumbo de este artículo, sujeto a tantos cambios de tema, con un denominador común que toca a cada uno subrayar, los demás. Cercanos o lejanos, esperan nuestra respuesta en estos tiempos, empeñados en correr, como siempre. Y sin prisa para querer, como  casi toda la vida.  Hay cosas que nunca cambian.

Artículo publicado en La Tribuna de Albacete

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Mi móvil, tu móvil, su móvil

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En singular y en plural conectando sin cesar, en todo tiempo y lugar con gente conocida o desconocida, cercana o lejana. ‘Mi móvil, mi mundo’, inmovilizando cada vez más el tú a tú del trato directo y personal que es lo que realmente nos ayuda a cuidar las relaciones familiares y sociales. El abuso de las redes sociales, que paso de enumerar, ningunea  a la persona hasta el extremo de aislarla en una inmensa soledad  rodeada de miles de seguidores y amigos. Extraña paradoja recubierta de silencio, vibración o un sinfín de sonidos que irrumpen e interrumpen la vida misma con total impunidad.  El móvil ha pasado a ser un elemento imprescindible en la sociedad actual porque además de medio eficacísimo de comunicación, es un manejable instrumento de trabajo y consulta, distracción e incluso portal de cultura. Todo tan a mano que ‘enredarse’, en el sentido literal de la palabra, nos puede llevar a quedar atrapados en la Red. Cuestión incuestionable que precisa de una clara respuesta individual forjada de entendimiento y voluntad en el amplio margen de la libertad personal. Esta es la tesitura en que podemos encontrarnos o perdernos. Mientras tanto, me gusta pensar en otros móviles de nuestra vida. En aquello que nos mueve a ser o actuar de una manera determinada. En las fechas que nos encontramos, la muerte no deja de tener un precio que no saldan los haberes materiales que hayamos podido acumular. Antes, después y mientras tanto. Ser o no ser, realmente, eterna cuestión. Más que los muertos vivientes, fantasmagóricos y festivos, creo que es interesante considerar la grandeza de la vida de tantas personas que murieron pero dejaron una huella indeleble abriendo caminos de felicidad, compartida por todos los santos sí,  también por personas que quizás no estén en los altares pero que han dejado un gran legado de bondad, en el sentido de hacer en cada momento lo que hay que hacer. Creo que todos podemos dedicar un poco de nuestro tiempo para recordar tanto bueno y ¿Por qué no?… seguir su ejemplo. Mi móvil, tu móvil, su móvil. Apagar y encender. Conectar. Esa es la cuestión.

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Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

¡HOLA, AMIGO!

Con mayúsculas y negrita, entre signos de admiración, subrayando la que suscita el autor del saludo en cuantos le conocen. Aparentemente es una persona normal pero en el trato directo impresiona descubrir su nivel de excelencia. No, no me refiero a títulos académicos, trayectoria profesional u otros logros que me constan los tiene. Tampoco lo reduciría a categoría humana porque algo tiene de divino su modo de afrontar la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que padece. Será por vivir en Murcia, cachito de cielo que Dios una tarde se dejó caer. Será porque tiene un cielo –valga la redundancia- de mujer. Será porque sus hijos, nueras y nietos están pendientes de él. Será por sus hermanos, sobrinos, familia toda… será, será. Le digo que se queje y me responde negativamente. Dice que tiene tanto que agradecer… él sabrá su trato con Dios pues de lo divino y lo humano ha hecho un tándem inseparable. A su casa vamos  los que le queremos a pasar raticos inolvidables, hablando, riendo, brindando por tanto bueno de la vida con fecha de caducidad más o menos cercana.  Nacemos, vivimos, morimos y despertamos para la vida eterna. Todos estamos de paso y nadie sabe a ciencia cierta la fecha de su ida a ese cielo que Dios tiene prometido para aquellos que le quieren. Quien tiene un amigo –sabemos y saboreamos-  tiene un tesoro. Amigos, él y su mujer, que nos tienen ensimismados, embobados, entusiasmados. Cómo estamos aprendiendo a querer, a aceptar con  bonhomía lo que la vida nos vaya deparando. Bueno, algunos son como alumnos adelantados. Otros, apenas balbuceamos las primeras letras. Le digo que rezo por él todos los días, y es verdad, aunque voy a tener que pedirle que lo haga él por mí. Entre nosotros, creo que tiene mano. Me gusta y ayuda ir a verle pero, a veces,  no puedo por las propias limitaciones de la vida. Entonces, le echo de menos, y más cuando sé que se interesa por mí, como por todos. Vive para los demás. Su día a día pasa también por ser dependiente de personas y artilugios que le ayudan en sus limitaciones. Él sigue cultivando sus aficiones culturales y lúdicas. Y no hay manera de que se quejen, ni él ni su mujer. Llamas a su casa y al abrir la puerta, ella sonríe. Pasas al salón y él sonríe, siempre con aire festivo. A todos nos gustaría poder amainar su sufrimiento (escondido entre su tesoro de amistad).  Hoy no he podido ir a verle y me he puesto a escribir, a esbozar el retrato de un hombre bueno… ¡Hola, amigo!

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Mayores con interrogantes

 

Interrogante es aquello que pregunta o inquiere, por eso el título de este artículo también podría ser ‘Interrogantes mayores’ para subrayar a la luz de la verdad el porqué de ciertos modos de actuar con nuestros mayores. La redundancia de la palabra mayor en plural tan solo es una llamada a singularizar, destacar o particularizar nuestra respuesta personal, sopesando  las coordenadas principales de las relaciones familiares y sociales. La cuestión de ser o no ser queda engarzada o desestructurada en relación a los demás. Yo, para mí, conmigo y pare usted de contar al tiempo que llegan a nuestro conocimiento historias de inenarrable ingratitud. Sin ir más lejos, la carta de una señora mayor que este verano se hizo viral en las redes. ‘Esta carta representa el balance de mi vida. Tengo 82 años, 4 hijos, 11 nietos, 2 bisnietos y una habitación de 12 m2. Ya no tengo mi casa ni mis cosas queridas…’ (XL Semanal. 17 de julio de 2016). Estoy de acuerdo en  por qué fue premiada…’Por susurrarnos al oído, directa y como si nada, esta historia corriente que atruena en la conciencia y en el corazón’. Es fácil buscar culpables y hasta encontrarlos dando por zanjada la cuestión pero los interrogantes son mayores a medida que reconocemos la autenticidad y el valor de las relaciones humanas. Como siempre, hace más el que quiere. Conjugar todos los tiempos del verbo querer nos conduce también a las situaciones  que podemos encontrar queriendo y siendo queridos. Cuando no existe la necesidad de preguntar algo es porque se sabe. Otra cosa es la alegría de comprobarlo una y otra vez. El popular ‘¿Quién me quiere más?’… y los innumerables niños que han corrido hacia los brazos de sus padres. La vida, con su cara y cruz, está llena de vacíos y casi vacía de plenitudes. Esta es la paradoja. Siempre querremos más. Estamos de paso, en el camino andamos… en familia, con vecinos, amigos…y nadie debería sentirse solo a pesar de las vicisitudes de la existencia. Saberse querido es como un motor de propulsión para la alegría, sin olvidar que las grandes y pequeñas renuncias también forman parte de ella. Los mayores, con interrogantes o no, han dado respuesta a muchas cuestiones de la vida y siguen estando en ella, con torpezas o carencias pero deletreando, primorosamente, el cariño. Es una labor de artesanía que lleva su tiempo. Ese tiempo que pasará, y nos gustará recordar su melodía junto a quiénes más queremos, como en aquella gran película <<Casablanca>>…´Tócala otra vez, Sam’…

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

La casa de siempre

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Tras la época estival, tiempo por excelencia de vacaciones, el regreso a la cotidianidad de la vida es algo natural y cuasi deseado por todos porque, al fin y al cabo, es la viga maestra de nuestra existencia. – ‘¡Estamos en la casa de siempre!’… Afirmaba feliz una niña de cinco años al llegar a la suya. Contaban sus padres que de igual manera daba la bienvenida a sus abuelos preguntando alborozada:-‘¿Ya estáis en la casa de siempre?’… Sabiduría infantil revestida de tanta verdad que invita a reflexionar y agradecer tanto como tenemos y se nos olvida apreciar. La vida misma, el mayor bien, de valor incalculable. La familia: padre, madre, hijos, hermanos… la gran aventura de quererse. Los amigos, vecinos, compañeros de trabajo o de penas y fatigas. El mundo repleto de gente que va y viene en su diario quehacer. Aldeas, pueblos, ciudades. Campos y huertos, vegas y veredas, selvas y desiertos. Ríos y mares. El universo con su cielo cuajado de estrellas. Días de sol y noches de luna llena. Fauna y flora. Colores, aromas y sabores. Voces y silencio. Partituras y pinceles. Música, danza. Cuadros, oleos y acuarelas. La vida con sus carencias y demasías, llantos y risas. La casa de siempre donde lo normal es quererse. Septiembre. El verano desparrama su luz para dar brillo a los colores ocres del otoño. Las vacaciones nos dan energía para volver a intentarlo de nuevo. ¡Estamos en la casa de siempre!… Nuestra gente, nuestros cachivaches. Hogar, dulce hogar… con sus paces y sus guerras, donde a cada uno se quiere por quien es, sin componendas. Casas que se vacían y se llenan. Puertas que se abren y se cierran. Ventanas con rayos de luz, sombras y tristezas. ¡Casa mía y cama mía!…decía mi abuela. Mientras, el mundo gira y gira, dando a veces extrañas vueltas. Hay guerras, hambre, persecución, huida, enfermedad, muerte, desolación. Las noticias no dejan de sorprendernos con tragedias que afectan a la humanidad entera y de modo especial nos impresionan cuando nos toca de cerca. Apenas hace unos días, cuando iban a visitar un Santuario de la Virgen, sufrían un terrible accidente de tráfico en México mujeres del Opus Dei, muriendo en el impacto diez de ellas y el conductor del vehículo. De las que quedaron gravemente heridas, ya ha muerto otra. La llamada universal a la santidad que predica esta Prelatura Personal de la Iglesia Católica se vive en un ambiente de familia que palpita con el sentir de cada uno de sus miembros. Algo se muere en el alma cuando un amigo se va… pero cuando se trata de unas hijas, de unas hermanas, de personas de tu familia, el único consuelo es pensar en el cielo que Dios tiene prometido a todos los que le quieren. Es como regresar a la casa de siempre… pero  a lo grande.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

Pasar a limpio

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En puertas de un nuevo comienzo de curso, es fácil que vengan a nuestra memoria los más variopintos  recuerdos  de  otros inicios, acumulando múltiples experiencias. A vuelapluma, me gusta tomar notas a pié de página de la vida para orquestar artículos como resultado de ese pasar a limpio apuntes y apuntes, incluso algún que otro garabato.  Antaño con la batuta   –lápiz, bolígrafo, pluma…- marcábamos  el ritmo sobre papel, temiendo encontrarnos de bruces con un indescifrable folio en blanco. La vida misma sigue siendo el mejor argumento. Un artículo de periódico puede convertirse en una bocanada de aire fresco que agrada y pasa casi sin sentir, una losa inamovible o un punto y seguido sobre nuestros aconteceres desde diferente perspectiva. Escribo desde mi portátil, tecleando pausadamente sobre las letras que conforman palabras y frases para edificar con esa arquitectura del lenguaje que abre puertas y ventanas a la comunicación y entendimiento. La nostalgia postvacacional intenta descolgarse por algún resquicio que no acaba de encontrar a pesar de que aprovecho para escuchar la mejor música. Recuerdo cuando escribía sobre papel y al pasar a limpio me costaba descifrar mi propia letra. Con el ordenador no hay más que tachones y garabatos  virtuales que pueden convertirse en reales e incluso virales cuando apuntamos directamente a las actuaciones reprochables de personajes que, precisamente hoy, no quiero que vengan a cuento. Así que cada cual asuma su responsabilidad y actúe en consecuencia porque escudarse tanto en lo mal que lo hacen los demás resulta ya demasiado aburrido. Esperemos que se aclare el fango político porque apañados vamos. Ahora, tras la época estival, punto y aparte,  y  a preparar con ilusión la nueva andadura. Seguro que no estrenaremos mochila ni lápices de colores. Seguro también que no todos somos jóvenes y entusiastas. Muchos comienzan su andadura universitaria o estrenan trabajo. Otros siguen en el paro. Hay jubilados  que no paran.  Somos únicos dentro de la multitud y multitud en los espacios de buscada soledad. Iguales, diferentes. Mejores y mejorables. Más que borrón y cuenta nueva, propongo pasar a limpio las vacaciones. Como siempre,  nos acompaña cierto cansancio que se disipa bajo una lluvia de ‘Ha merecido la pena’. Unos vienen y otros van al tiempo que procuramos quedarnos con lo bueno de todos. Creo que las vacaciones mejores son las que nos ayudan a estar más cerca de quienes queremos. A veces no hace falta decir nada, otras surgen esas conversaciones que fluyen caudalosas en un mar de confianza. Y celebramos estar juntos y disfrutamos de esos raticos entrañables que no cambiaríamos por nada del mundo. Regresamos a casa cansados de muchas cosas que desaparecen al pasar a limpio el cariño. Dice el Papa Francisco para que aprendamos de una vez por todas a querernos, que no  existen  familias perfectas. Somos como somos, lleneticos de dimes y diretes. Por eso, repito, no hay nada como pasar a limpio el cariño. ¡Bienvenidos a casa!

Oro

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Río de Janeiro, Ciudad de contrastes donde las haya, ha acogido Los Juegos Olímpicos de 2016 con los brazos abiertos del Cristo Corcovado. Al ritmo del sambódromo  en pleno Carnaval  y  la vivencia deportiva del legendario  Estadio de  Maracaná. Riqueza y pobreza se extienden como la inmensidad de sus playas bajo la mirada silenciosa de espléndidas máscaras. En el recuerdo, Orfeo Negro. Las mañanas siguen de color azul y el medallero español brilla de modo especial en femenino. ¡Mujeres al Pódium! Pero  sigue sin ser oro todo lo que reluce. Tras el metal conseguido, las metas marcadas y conquistadas mediante el esfuerzo sacrificado y continuo, sin compás de espera. Comenzando y recomenzando una y otra vez con voluntad férrea, fortaleza, valentía y espíritu ganador. Escribo este artículo con la emoción a flor de piel tras ver el partidazo de Bádminton que ha bañado en oro la gesta de Carolina Marín. ¡España! ¡España! ¡España! Hemos gritado al tiempo que aplaudíamos entusiasmados. Ovación cerrada. Si las batallas las ganan los soldados cansados, las medallas de oro, plata y bronce, las ganan esos deportistas que no dejan de encandilarnos con su lucha,  estrategia  y  un tesón que les convierte en personas excepcionales,  capaces de barajar con la misma humildad serena, la alegría del triunfo o el desencanto del  fracaso. Las Olimpiadas de Río, han desbordado previsiones, ilusión y emociones. El himno nacional y el izado de nuestra bandera han  subrayado, junto al sentir patrio, la grandeza de personas que han luchado hasta el último aliento por conseguir la excelencia para España. Contemplar la lucha titánica de nuestros mejores deportistas nos lleva directamente a felicitarles, agradecer su brillante actuación y a reflexionar sobre nuestra actitud ante cuanto la vida nos depara. Cuántas veces, a la primera de cambio, tiramos la toalla sin tan siquiera estrenarla para secarnos las primeras gotas de sudor. Impresionante el talante competitivo de tanta gente joven y la madurez conseguida en la victoria y en la derrota. Inmersos en el espíritu olímpico, portan la antorcha que prende en lo mejor del ser humano. ¡Enhorabuena campeones! Enhorabuena a todos por tener un ejemplo a seguir, falsilla  especial sobre la que podemos repasar las líneas maestras de nuestra vida. Como siempre, el espíritu propio es mal consejero. Mejor buscarse un ‘buen equipo’ que al mismo tiempo nos asesore y tenga a raya para fortalecer nuestras debilidades y afianzar nuestra fortaleza, a fin de realzar nuestro paso por la vida… que reluce más que el oro cuando nos empeñamos en hacer el bien. Es otro medallero…

Artículo publicado en La Opinión de Murcia