Los afanes y sus días

 

¿Por qué debes fumigar tu oficina?

 

‘Tanto monta, monta tanto’ porque si, como seguramente sabemos y deberíamos llevar a la práctica, cada día tiene su propio afán, los afanes, aunque lo ignoren, tienen sus propios días. A pesar de las apariencias  no es un trabalenguas, pero al explicar ciertas cosas es una ayuda a tener en cuenta.  No sé si quedará mucha gente que todavía siga contando con los dedos, son indispensables para señalar y seguir el ritmo  de los acontecimientos, echando una mano aunque esta sea virtual por aquello de qué tecla tocar.  Existen días aparentemente anodinos, desiertos de afanes, y afanes fuera de calendario. No es lo mismo afanar cuanto encontramos en el camino que afanarse por recorrer el nuestro. Afanes para elegir tiene la vida. Día a día, cada cosa a su tiempo y un tiempo para cada cosa. A veces, queremos llegar a tanto que apilamos los afanes como cachivaches y papeles sin orden ni concierto, hasta el punto de no saber por donde tirar, o más bien tirar por la calle de enmedio sin hacer nada.  No es esa la solución. Importa saber de donde partimos y hacia dónde nos dirigimos para tomar el mejor camino según nuestros afanes, lo que queremos conseguir en la vida. Querer y poder es un tándem inseparable del orden, esfuerzo y constancia. Saber llegar es descubrir nuestros afanes y sus días dentro de una jerarquía de valores e intereses acordes con la meta que nos hayamos trazado. Un ir y venir constante en recomenzar cuantas veces sea necesario, marcando objetivos a corto, medio y largo plazo. En el día a día nos vamos encontrando con personas de todo tipo y condición. Aprender, emprender, comunicar, incluso compartir los afanes y sus días. Al fin y al cabo, somos compañeros de viaje.

 

 

Fondo de pantalla

Resultado de imagen de imagenes gratis Faro cabo de Palos

 

Tengo que reconocer que por razones convertibles en una gran sinrazón, había dejado de utilizar mi ordenador en aras del teléfono móvil. Ambos artilugios sirven para comunicarnos pero para escribir a rienda suelta, con cierto orden y constancia, vuelvo a teclear en el portátil que me regaló mi hijo mayor cuando a pantallazos deslumbrantes dejó de servirme el anterior. Salí ganando en calidad, sobre todo por ese gran componente de ayuda y cariño. Bueno, pues de nuevo, vuelvo a empezar echando las palabras al vuelo, al tiempo que las voy eligiendo para escribir pensamientos y sentimientos, ideas e ideales, protestas y sugerencias, historias e historietas, cuentas y cuentos de siempre, adivinanzas, pérdidas y encuentros, aplausos al paso de la vida que apenas se para si no la detenemos. Puntos suspensivos. Punto y seguido. De nuevo comienzo… y la vida, repito, continúa, latido a latido.

Al abrir mi portátil, me ha gustado reencontrarme con el Faro de Cabo de Palos como fondo de pantalla. Me encanta este lugar de la costa murciana, pero lo que me ha hecho pensar hoy, es la gran ayuda que ha prestado el faro a través del tiempo. Y como él, tantas torres situadas en las costas y puertos, emitiendo una luz potente a intervalos para orientar de noche a los navegantes.

Vivimos en un mundo hipercomunicado para lo bueno y para lo malo. Recibimos tanta información que no es extraño que nos quedemos desinformados. Paradoja a tener en cuenta a la hora de ir a las fuentes fidedignas, y al empeño por no dejar de formarse para tener un buen criterio. Los pantallazos informativos, las noticias manipuladas, el discurrir desorbitado por nuestra aldea global, puede abocarnos desde la pantalla en blanco a la pantalla en negro. ¡Aviso a navegantes! Precisamos de un faro, de una luz, de un guía que nos ayude a seguir nuestra ruta y llegar a puerto seguro sin perdernos.

A nuestra manera

Imagen relacionada

Modos de pensar y actuar dentro de un orden desordenado, en el más amplio sentido de la expresión. Esta aldea global por la que, de un modo u otro, deambulamos, excede en mucho al discurrir aldeano. La población mundial se extiende y distiende a lo largo y ancho de un amplio marco geográfico, expuesto a una climatología y condiciones ambientales tan diferentes que influyen en el desarrollo personal. Al margen, márgenes de autonomía y rebeldía, ese ir contracorriente que fortalece o nos hace languidecer. Modos y modas de vivir que surcan nuestra existencia mientras hacemos camino, vagando o presurosos por alcanzar metas o destinos. ¡Arrieros somos!… A nuestra manera, sí, pero con el bagaje de ciencia y experiencia, encuentros y desencuentros, medias y enteras verdades, aprendizaje a través de un sinfín de auténticos maestros, más allá de titulaciones académicas. Ejemplos que dejan huellas haciendo camino con su andadura. Queremos vivir la vida a nuestra manera, asumiendo aciertos y errores que van conformando la sabiduría de la existencia. Y, casi, casi, sin proponérnoslo, recomenzamos cada día con esa ilusión que, a veces, parece perderse por laberintos exteriores o interiores, sin dejar de hacerse la encontradiza. Un día y otro, jornada tras jornada, tiempos y destiempos, ruidos y silencios, van tejiendo el tapiz de nuestro existir. Derechos y reveses. Juegos de palabras imbatibles al viento. Obras de arte anudadas visible e invisiblemente, enmarcadas en el espacio y tiempo de nuestro vivir. A nuestra manera… llorar y reír, contar y cantar, soñar y despertar, trabajar, descansar, correr y parar, contemplar, sonreír…querer y ser feliz.

Paseando por la vida

 

A nuestra manera, vamos paseando por la vida. A veces, en un abrir y cerrar de ojos, recorremos largos caminos evocando recuerdos. Otras, las circunstancias nos abocan a abrir nuevos itinerarios. Paseamos con la mirada, con el pensamiento, con el corazón. Pasito a pasito, a grandes zancadas, recorremos un sinfín de trayectos. En la media distancia, la vida ofrece innumerables recordatorios de su valor. Nostalgia. Lo mejor sería ganar el premio a saber vivir. Optamos todos, sin competencia, porque la respuesta es personal. Lo que no vale es sentarse sin más a ver pasar la vida. Por eso, procuro esforzarme en mi cotidiano quehacer para poder salir a pasear y disfrutar del pálpito de la existencia. La gente, va y viene, casi siempre con prisa, escribiendo a grandes rasgos su historia. Historias, conocidas o no, que suelen caer en el olvido o son rescatadas por los que nos gusta tomar nota a pie de página del día a día. No deja de ser un lujo deambular por la vida disfrutando de su novedad y experiencia. Vamos y venimos, mendigando y regalando la esencia de nuestro vivir. Un encuentro, innumerables encuentros… mientras esculpimos con el cincel de la palabra, hasta dejar al descubierto auténticas obras de arte que la vida nos ofrece.  Me gusta pasear y mirar cara a cara, sin descaro, pero sin descuido. La gente refleja en su rostro alegrías y tristezas, sonrisas que fueron y lágrimas que algún día se secaron. Amalgama de vivencias que entretejen la felicidad. Soledad y algarabía, músicas y silencios, pentagrama de nuestra vida en clave de paz. En ese ir y venir, atolondrado o pausado, nos encontramos a nosotros mismos. Escribir a pie de página de la vida, es en cierto modo, ir subrayando la existencia para luego pasar a limpio lo mejor de esas historias nuestras. Tres sonrisas, un silencio. Un adiós y seis encuentros. Un olvido y cien aciertos. La ayuda que no esperabas, la comprensión que salió de tus adentros. La misericordia como joya preciada. Y mil amores que, sabiendo de sufrimiento, rebosan de alegría, abrazos y besos. Historias, historias sin cuento. Paseando por la vida, cualquier día, nos vemos…

Articular tesoros

Algo así como estructurar, organizar, orquestar, unir, enlazar, juntar, vincular, relacionar… la vida misma, a pie de página de la existencia, descubriendo experiencias vividas  casi con el poder de la exclusiva. Historias  aparentemente invisibles que suceden en el devenir del tiempo que nos apremia mientras que, atolondrados, avanzamos un casi nada. Historias en las que se habla de esas cosas de siempre. Detalles cargados de significado que sin contar nada, cuentan todo. ‘Lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa’, sentenció Ortega y Gasset. Bueno, algunos sí lo saben… y otros, nos aplicamos por saber y saber decir. Y, con especial esmero, vamos envolviendo con el papel de la palabra los tesoros que la vida nos regala. Tras algún que otro punto y aparte, un punto y seguido desde mi blog. El Blog de Kika. Preparados, listos… ¡Ya!

 

Atesorar artículos

No me refiero a cosas inútiles o de cierto valor por el gusto o capricho de coleccionar algo. Tampoco sé por qué he tenido la ocurrencia de contarlo a vox populi, cuando quizás haya quien no entienda la auténtica valía de mi tesoro, ni siquiera yo alcanzo a saber. Trasciende personas y personajes, tiempo y lugar. Es invisible y visible, real e imaginario, actual, sin fín ni término medio, a tono…con diferentes voces. ¡This is the question!… Voces (repito) de papel impreso, esculpiendo con sabiduría el papel (repito) de la palabra en un mundo globalizado que las lanza a los cuatro vientos, guardándolas en la nube que no sabe de cúmulos, nimbos ni cirros…
‘Hay que despertar la palabra, porque cada palabra tiene dentro de sí una chispa de vida y este es el primer deber del comunicador’ (Papa Francisco).
Atesorar artículos es en cierto modo atesorar la vida misma con todos los intereses creados, versus Jacinto Benavente pero… a insistencia del grandilocuente Lázaro Carreter, haciendo decir a las palabras lo que realmente quieren decir. Bastantes trabalenguas tiene la vida como para ponerlo todo más difícil.
Me gusta leer y releer artículos que guardo a buen recaudo, clasifico y subrayo. Amarillean, amenazando desgastarse, en cuadernos, revistas y carpetas que no me canso de abrir y cerrar. ¡Para qué tanto papel, si hoy en día todo está en la Red!…Me dicen una y otra vez. ¡Enredos! Susurro para mis adentros, al tiempo que escribo en mi portátil y comparto en distintas redes sociales… Todo tiene su tiempo y lugar. Por eso atesoro artículos de papel, escritos por grandes profesionales que dejan en papel impreso, junto a su buen hacer, el papel (repito y vuelvo a repetir) de la palabra…