LA CULTURA DEL ESFUERZO

‘Dale un pescado a un hombre y comerá un día, enséñale a pescar y comerá siempre’. Confucio

Aprender, ayudar, buscar, conocer, comprender, diferenciar, adquirir destrezas, estudiar, emprender, formarse, ganar, habilitar, imaginar, leer, optar (escoger una posibilidad entre varias), realizarse, soñar, trabajar, ser útil a la sociedad, viajar, superarse, avanzar, tener un proyecto de vida y ser feliz. Y mucho, muchísimo más a la medida de cada cual. Hay que tener en cuenta que nada se consigue sin esfuerzo. El trabajo ennoblece a la persona que va perfeccionándose al tiempo que se esfuerza por sacar y dar lo mejor de sí. Aprendí de un gran orientador familiar que ‘un churro no hace palanca’. Cumplir años es una buena ocasión para celebrar y, por supuesto, regalar. Pero de ahí a envolver la compra de votos en papel moneda, hay todo un campo sembrado de desfachatez y engaño. ‘Pan para hoy y hambre para mañana’. Cultureta que infravalora a los jóvenes actuales, mermando su capacidad y presteza para desarrollar los talentos personales. Ya lo advirtió Quevedo: ’Poderoso caballero es don Dinero’… dinero fácil, que encima de repercutir considerablemente en el déficit, no soluciona nada, aparte de la compra de votos al por mayor. La gran esperanza es que los jóvenes no se dejen manipular y estrenen su mayoría de edad, sabiendo a qué atenerse. La cultura no se adquiere por el regalito de unos cuantos euros. El dinero es necesario para subvencionar planes de estudio y crear puestos de trabajo para elevar el nivel cultural y profesional de tantos ‘ninis’ que ni estudian ni trabajan, además de facilitar el desarrollo personal de toda la juventud. Aunque haya algún que otro desmelenado, a ninguno le viene mal ‘saber lo que cuesta un peine’. Conozco a muchos que han compaginado estudio con trabajos temporales par sufragar sus gastos (Dar clases particulares, servir mesas ejerciendo de camareros, cuidar niños, disfrazarse de payasos en fiestas infantiles, repartir periódicos gratuitos, acompañar a personas mayores, montar escenarios, descargar mercancía y un largo etcétera, etcétera). También he conocido a jóvenes que ejercían un trabajo durante el día y acudían a clases nocturnas para elevar su nivel profesional. El saber sigue ocupando lugar preferente. Nunca dejamos de aprender, pero el esfuerzo personal es condición ‘sine qua non’. Querer es poder. Lo que no tiene fundamento alguno es que desde el poder se anule el querer.

Colores de otoño

Apenas estrenada la estación otoñal, la Naturaleza se reviste de tonos ocres. La intensidad de la luz del verano se va atenuando poco a poco, al tiempo que las hojas de los árboles bailan, siguiendo el compás de vientos que vienen y van, hasta caer alfombrando bosques y jardines, caminos y sendas. La vida sigue su palpitar y despierta, una vez más, nuestro asombro ante tanta belleza. La serenidad que transmiten las hojas muertas contrasta con el desasosiego, temor y tristeza que provoca el rugir de la Naturaleza. Ríos de lava y agua anegan, destruyen y asolan la vida de multitud de personas que de un día para otro han tenido abundantes daños en sus hogares y trabajos, siendo impresionante la cantidad de familias que van perdiendo todo.

Este año 2021, los colores de otoño han quedado tiznados por las erupciones del volcán de La Palma, de cuyo nombre prefiero no acordarme. El dolor y la desolación queman más que la colada de lava. Miles de corazones arden en un mismo sentir. La generosidad fluye como el agua desbordada. Todos queremos ayudar. La gran erupción del volcán ha abierto de par en par la bondad del ser humano. Estallido de esperanza.

También ha llovido a cántaros… ‘jarreado’. La última Dana va anegando pueblos y ciudades. Son muchos los destrozos causados por el ímpetu del agua, enturbiando las lágrimas de los damnificados, al tiempo que ha emborronado los colores del otoño. Pero la paleta de colores sigue en manos del Gran Arquitecto del Universo. Él sabe como nadie perfilar nuestras vidas. Auténticas obras de arte que va plasmando en la Naturaleza, matizando los tonos. Dios siempre sabe y ama más. La existencia sigue candente en La Palma de su mano. Colores de otoño…

Paseos de verano

Ir y venir por esos mundos de Dios, caminando pausadamente, se convierte en algo cotidiano durante la temporada estival.   Quizás intentando seguir las huellas de los mejores veranos de nuestra vida. Sin querer remediarlo, recuerdos entrañables, continúan marcando la ruta ansiada. A buen entendedor… familia y amigos. Inmejorables compañeros de tantos paseos veraniegos. Con frecuencia, también caminamos a solas, contemplando la belleza del paisaje, observando a personas y personajes. Las circunstancias que tienen lugar en este mundo que nos ha tocado vivir y, en determinadas ocasiones, nos gustaría cambiar. La libertad personal no deja de ser don y misterio. De vuelta casa, nuestro equipaje habitual aumenta considerablemente con un sinfín de experiencias inolvidables, buenas, menos buenas e indescifrables. Junto a paisajes idílicos, falsos paraísos dónde el comportamiento personal se diluye en un desmarañado rebaño sin control ni rumbo fijo. Adocenarse está de moda. Parece algo increíble, pero por la pasarela desfilan, con total impunidad, chabacanería, descaro y  desnudez. De nuevo, ‘Ni quito ni pongo rey…’ pero defiendo la dignidad humana y unas básicas normas de convivencia y educación. Sigo ‘paseando’ palabras por la pantalla en blanco de mi móvil. El portátil lo dejé en casa. Apurando las vacaciones, tengo mucho que agradecer a familia y amigos. También a gente desconocida que me ha ayudado a apreciar más el valor de la vida humana por su trato respetuoso, paciente, familiar y repleto de cariño con todo tipo de personas; jóvenes y mayores, enfermas o  con alguna discapacidad. Niños y ancianos. Acostumbrada a familia numerosa (Soy la quinta de nueve hermanos, he tenido siete hijos y, por ahora, trece nietos), me ha encantado encontrarme con la algarabía de familias jóvenes rodeadas de niños.
Apurando los paseos de este verano, en un precioso pueblo de pescadores, el azul del cielo y del mar luce en todo su esplendor. La arena de la playa guarda, celosamente, las huellas de multitud de veraneantes. Agradecida, también quisiera dejar la mía, siguiendo la ruta de mis mayores. Aquellos veranos inolvidables en familia y los paseos nocturnos, bajo un cielo cuajado de estrellas. Nos gustaría tanto seguir paseando que se produce una especial paradoja. El verano, lejos de mandarnos a paseo, sigue acogiéndonos con su luz y calor.
Sin embargo, estamos llegando a ‘la punta del camino’. ¡Feliz nueva andadura!

Elogio de la belleza

“Belleza. Cualidad de bello. Persona o cosa notable por su hermosura”.(RAE)

Al tiempo que comienzo a escribir este artículo, oigo el peculiar silbido del afilador que pasa por las calles del bonito pueblo pesquero donde me encuentro. Sin querer remediarlo, he pensado lo gratificante que resultaría poder afinar el buen gusto… Como si hubiese intuído mis deseos, el afilador se ha alejado casi por arte de magia y apenas se oye el eco de su silbido. Sigo añorando su conversión en flauta mágica. Los cuentos, cuentos son, por mucho que algunos quieran tergiversar su inocente sentido. Reconozco que ‘El ocaso del buen gusto’ iba a titular este artículo, pero lo descarté porque era como una rendición sin condiciones ante la falta de respeto en el comportamiento social de un número nada despreciable de personas que no han tenido un buen aprendizaje, no les importa o ignoran hasta las normas más básicas de las relaciones humanas, tanto en hablar, vestir, comportarse, y un largo etcétera de desvaríos que cosifican a la persona como un producto más de mercado, ignorando su dignidad . El todo vale es baratija inapreciable. Elogio la belleza de las personas, la familia, la amistad, la bonhomía, la Naturaleza, las obras de arte… La vida misma. Contemplar la belleza agrada, emociona, estimula, ayuda a mejorar. La belleza es el orden en la naturaleza de las personas y las cosas. Es el logro de la perfección posible y la admiración de la grandeza increíble. Belleza es amar hasta darse por entero. Belleza es contemplar una puesta de sol, un cielo azul escarchado de estrellas o de nubes blancas, la inmensidad del mar, bosques, praderas, montañas, lagunas… La belleza personal tiene el encanto del saber ser y saber estar. Reconocernos como somos con nuestros defectos y limitaciones, aspirando siempre a esa mejora personal que perfecciona la existencia. Ser y parecer lejos de modas y modismos, de pasarelas de baja estofa. Cierto que no todo el mundo tiene una belleza natural de rompe y rasga, pero cada uno tiene su atractivo y particular don. ‘Ni quito ni pongo rey’… Sí quitaría y pondría ropa según los cánones del buen gusto. La decisión sigue siendo personal. Entre belleza y adefesio existe una escala de valores que no es tan difícil descubrir. Según he leído, la belleza tiene mucho más del centenar de sinónimos. No constan; desnudez, inapropiado, inverosímil y ridículo. Afinemos el gusto. Cuidemos, a nivel personal y social, el mundo que nos ha tocado vivir. A lo lejos sigo escuchando… ‘El afilaooor’…La vida es bella.

VERANOS

<<Abonibus>>

Sin querer remediarlo, verano tras verano, acuden a nuestra memoria los recuerdos más entrañables de la época estival. Parece que el sol caldea los corazones haciendo que rebosen de vida. El ayer y el hoy se entrelazan como un sueño de realidades vividas que nunca olvidaremos. Personas, paisajes, hogares. Familia y amigos. Vecinos y lugareños…

Caminos de tierra, arenas de mar. Puestas de sol en el campo, acariciando nuestros paseos. Puestas de sol sobre el mar que mece y alborota nuestros recuerdos.

Jardines que albergan historias enraizadas, como árboles de fruto abundante y jugoso. Castillos de arena que no se rompieron y alegraron la vida.

Noches estrelladas. Luz en la oscuridad. Sueños, atrapando estrellas fugaces.

Juegos infantiles. Aventuras juveniles. Primeros amores y amores para siempre. El atardecer de la vida y el adiós que nunca se olvida.

Veranos de luz y color. Flores, colores, aromas, sabores. Tertulias a la luz de la luna, bajo un cenador guardián de ‘secretos, a viva voz’.

Olas del mar, que vienen y van, acariciando los mejores recuerdos.

El sol que sigue iluminando nuestra vida, igual que al ‘abonibus’ de color verde esperanza. Sus hojas, como nuestras mejores páginas veraniegas, no dejaran de brillar.

Besos y abrazos. Risas y llantos. Amanecer y anochecer. Ayer, mañana y hoy, mientras tanto.

Verano tras verano. VERANOS….

Salir de casa

Igual que nuestra casa alberga nuestro mundo más íntimo, el Mundo, con mayúscula, abarca nuestra casa universal. Un vivir o sin vivir, que la libertad individual va conformando a los distintos modos de ser. La cuestión trasciende la mera existencia sin más. Los demás y yo. Yo y los demás. Dentro y fuera. Fuera y dentro. ‘Dime tu casa y te diré tu mundo’, mientras el Mundo gira y gira alrededor de sí mismo, con no demasiado fundamento. Salir de casa a trabajar, pasear, hacer deporte… e infinidad de cosas más, forma parte de la rutina de una gran mayoría de personas. Otra cosa es vivir con y para los demás. Somos habitantes de la misma aldea global y urge salir de nuestro mundo más íntimo para hacer habitable la casa universal. Conseguir que cada persona se sienta como en casa…
Apenas reflexionemos un poco, es fácil comprobar la necesidad que todos tenemos de los demás. Las redes sociales han multiplicado infinitamente la comunicación a nivel mundial, al tiempo que se han empobrecido de manera preocupante las relaciones personales. Los móviles inmovilizan cada vez más el tú a tú que enriquece el nosotros. Desconectar y conectar. Descubrir al otro al salir de casa. Un saludo, una sonrisa, unas palabras de atención y cariño. Interesarnos por los demás. Escuchar, comprender, esperar, ayudar. Salir de casa con la mirada atenta. A poco que comencemos a establecer esa relación, experimentaremos la necesidad que tiene la gente de ese trato cercano generador de confianza. Una mirada, un gesto de complicidad, una conversación desenfadada, un saber ‘perder el tiempo’ para ganar a los demás. Recuerdo que cuando mis hijos eran pequeños y los llevaba al pediatra, con cierto humor me decía: ‘-A ver esta señora que tiene hijo único…’ Demasiado sabía que tenía familia numerosa, pero yo le respondía: ‘-Es que ninguno es repetido…’ Esta anécdota sirve para subrayar que estamos rodeados de seres únicos: familia, vecinos, amigos, compañeros de trabajo, personas conocidas o no que requieren una atención a su medida. Cada uno de nosotros somos responsables de la felicidad de los demás. Junto al trato directo, está el indirecto. Es promover, proteger, solventar, en aras del bien común. Aquella canción ‘Viva la gente, la hay donde quiera que vas… Con más gente a favor de gente, en todo tiempo y lugar, habría menos gente difícil y más gente con corazón’. Aquella canción, repito, deberíamos seguir tarareándola ahora como una especial canción del verano. Tiempo de vacaciones. Tiempo de familia y amigos. Tiempo para todo y para todos. Tiempo para seguir aprendiendo a querer. Tiempo para descansar y relajarnos. Tiempo de salir de casa y encontrarse con los demás.

Ya sé quién eres..

Graduados con máscaras médicas ilustración vector gratuito

¡Bueno, bueno!… La cuestión de saber, saber… conlleva una serie de interrogantes. Graduados en mascarillas, estamos. La cuestión es el resultado de una evaluación que no acaba de finalizar. Punto y aparte. Punto y seguido. Puede que estemos hasta el sombrero (‘A lirondo, a lirondo, a lirondo. El sombrero me lo quito y me lo pongo’…) de casi no saber a qué atenernos. La irresponsabilidad y el miedo, parecen aliarse en pro de una inseguridad que puede llegar a ser temeraria. Es difícil entender cómo conociendo la impresionante cantidad de enfermos y fallecidos a causa de la Pandemia por el Coronavirus, se obvie en pro de un desaforarse sin control. Con mascarilla o sin mascarilla, cada cual debería comportarse de acuerdo a las normas que rigen el bien común. Cuestión de educación y de, al menos, tener dos dedos de frente. La ignorancia y la rebeldía no se atienen a nada. La educación se adquiere en la familia. Los padres, por derecho y deber, son los primeros y principales educadores. En la medida que mejoren las familias, mejorará la sociedad. ¡Ojo al dato! ‘Los hijos son de los padres y no del Estado’.

No hace mucho, cuando todavía era obligatorio el uso de mascarillas por la calle, escuché una afirmación contundente: ‘Ya sé quién eres’. La verdad es que me llamó la atención por la cantidad de veces que he respondido a saludos amistosos si reconocer al personal. También he quedado gratamente sorprendida de las veces que he sido reconocida. Sí, ya sé que nos ha pasado a todos. Sin embargo, la reflexión viene cantada, al menos la podemos tararear… ¿Saben realmente quién soy?… ¿Lo sé yo?… Siempre estamos a tiempo de quitarnos las mascarillas y dar la cara. Creo que un examen de coherencia puede mejorar mucho la convivencia. ¿Nos graduamos?…

¡TENGO UN CASTILLO!…

Un castillo de ilusiones
con torres de fe y
almenas de esperanza,
donde juegan y sueñan
príncipes y princesas.
Un castillo cerrado a la
soledad, olvido y tristeza.
Con un puente especial
que une Cielo y tierra.
Un castillo aparentemente
en el aire de la existencia,
pero anclado firmemente
en mi corazón de abuela.
Un castillo repleto de besos,
risas y abrazos tiernos.
Sin orden ni concierto,
escribo el nombre de mi nietos,
príncipes y princesas
de mis mejores sueños…
Paula, Mencía, María y Tomás
Julia, Alejandra y Claudia.
Vega, Carlitos, Santi y Emma.
Nachete y Cayetana que
nacieron en tierra lejana…
Pero todos en mi
castillo siempre estarán.
Trece nietos, como trece soles
que albergan mis ilusiones.
Quiero a todos por igual.
Cada uno es único para soñar.
Siempre rezo por ellos…
‘Jesusito de mi vida’ y,
al Ángel que los ha de guardar.
Tengo un castillo en mi corazón
repleto de abrazos y caricias,
de agradecimiento y felicidad…

¿QUÉ ME PONGO?…

Mujer tirando ropa de desbordar lavandería : Foto de stock

Cada cambio de temporada, los armarios de ropa cambian y no precisamente de ubicación. En un abrir y cerrar de puertas, intentamos poner cada prenda en su lugar. Guardamos, damos, desechamos, renovamos… ¿Me viene? ¿Me gusta? ¿Se lleva? ¿Me pega? ¿Me hace falta? ¿Lo voy a utilizar?… Perchas y percheros, camas, banquetas, cajas, bolsas… Todo y nada ocupa su lugar. Apilamos, desparramamos, tiramos… Nuestro atuendo se convierte en un estruendo imaginativo. Espejito, espejito… Ya sabemos -o deberíamos saber- que hay muchas más bellas, estilosas e influencers que nosotras. Pero, no tirar la toalla y mucho menos la ropa que no solo es reciclable, sino que tiene poder para reciclarnos o al menos revestirnos con dignidad. A la moda sí, pero a nuestro modo. Con trapos y harapos, feo retrato. Vestir y desvestir a un tiempo ha formado un tandem inverosímil de mal gusto y arrogancia. Salir a la calle se está convirtiendo en asistir a un desfile de disfraces increíble. Del ¿Qué me pongo? se ha pasado a malvestir sin gusto ni pudor. Gente de toda edad y condición, sin un ápice de discreción ni respeto hacia los demás. ‘Función de levita, función bonita’, ha pasado también a ser eslogan anticuado y lo que es peor, desconocido. A cualquier hora nos encontramos por las calles de nuestras ciudades con chocantes personajes que parecen deambular en un extraño carnaval. Gracias a Dios, queda mucha gente en sus cabales, vistiendo con elegancia y dignidad. El todo vale aboca a un abismo de mal gusto. El vestir es a un tiempo protección de la persona y adecuación a su modo de ser y estar en la vida, procurando atenerse a esos cánones de belleza que respetan y dignifican la personalidad de cada cual. En el fondo de nuestros armarios guardar para tener siempre a mano mesura y sensatez, elegancia y modernidad, sentido práctico y algún espejo que , aunque no sea mágico, nos ayude a reconocernos siempre. A ver, a ver… Camisas, faldas, vestidos, pantalones, prendas deportivas… Suma y sigue. Abrir y cerrar armarios. Cambia la temporada, pero nosotros seguimos viviendo la moda a nuestro modo.

SOBREHILAR

SOBREHILAR

‘Dar puntadas sobre el borde de una tela cortada para que no se deshilache’.

Por supuesto que no voy a dar una clase de costura, pero la palabra ‘sobrehilar’ se puede aplicar metafóricamente a infinidad de vivencias. Ni todo es coser y cantar, ni hay puntada sin hilo. No es necesario acudir a ningún taller para descubrir que se trata de rematar nuestro cotidiano quehacer y no tirarlo por la borda del destino a merced de las olas, sean o no pandémicas. Sobre el inmenso mar de palabras, trato de hacer una buena pesca para la pantalla en blanco de mi portátil, a fin de articular retazos de la vida. ¿Sobrehilar?… origen y anécdota, al final. A pesar de tener en mi haber una buena cantidad de libros leídos y centenares de artículos publicados, la palabra que titula éste, surgió cuasi desconocida resolviendo un crucigrama en blanco y negro. El día a día, se presenta como un gran crucigrama, repito, a resolver con nuestro modo de actuar ante las vicisitudes que la vida nos depara. Vamos estando vacunados ‘de espanto’ ante la inoperancia y mala gestión de cierta clase política en la poltrona del poder. La aquiescencia separatista cimenta en falso la vulneración de derechos fundamentales. Memoria histórica, Crímenes de ETA. Los presos del Procés catalán. ’Ni venganza ni revancha’. Esto parece un auténtico ‘Remache. Lance del juego de Billar en que la bola herida por el taco va a chocar contra otra pegada a la banda para hacer carambola con la tercera’. Sobrehilar España para que no se deshilache es tarea de todos. Cada cual atienda a su juego. La anécdota que prometí al final no tiene desperdicio. Me la contó una joven mamá de su pequeña de cinco años. Fiesta de fin de etapa infantil en el Colegio. A causa de la pandemia, sólo asisten niños y niñas perfectamente uniformados. Al recoger a su hija ve horrorizada el dobladillo de la falda del uniforme totalmente descosido. Ante la evidencia le pregunta:’¿Qué encontraste, un hilito?… La niña respondió con total sinceridad: – SÍ, al principio era pequeñito, pero tiré, tiré, tiré… y se hizo muy grande’. Sin palabras.