Pilatos

Creo que somos mayoría los que sabemos que Poncio Pilato reconoció, a través del interrogatorio al que sometió a Jesús, su inocencia. Pero fue cobarde y no se atrevió a llegar hasta el final. Se lavó las manos. ‘Inocente soy de la sangre de este justo’… Muchas veces la Historia se repite para mal, pero no son pocas las que, gracias a la coherencia de personas valientes, se produce el ansiado giro de los acontecimientos en pro del bien común. Estamos viviendo una época nada fácil para nadie. La enfermedad y la muerte se han extendido por nuestra vulnerable aldea global. Junto al dolor por la pérdida de tanta vida, la crisis económica arrasa con miles de puestos de trabajo, elevando llamativamente la penuria de innumerables familias. Tras el final del estado de alarma, sigue latente la intranquilidad ante tanta falta de verdad, coherencia y responsabilidad del Gobierno de España. Nada de autocrítica por la gestión de la pandemia y excesivo autobombo, con gigantesco salvavidas virtual, mientras la cifra real de fallecidos la convierten en fantasmagórica. Demasiado dolor para pasar página… Se nos pide cooperación y responsabilidad, mientras el despilfarro de cargos y gastos no cesa. El enchufismo campa a sus anchas entre otras lindezas de donde dije digo, digo Diego. Y, a vox pópuli, el populismo (valga la redundancia) de turno, de marcado clientelismo. Ante tal panorama, no podemos convertirnos en una nueva generación de Pilatos. Cierto que ahora nos lavamos las manos más que nunca, pero desentendernos o quejarnos de todo no es la opción a seguir. Un buen examen de coherencia y aportar de nuestra parte cuánto más mejor, en pro del bien común. Tenemos muchos y grandes ejemplos a seguir, amén de la iniciativa personal para dar un vuelco a los acontecimientos. El covid 19 es un enemigo invisible del que hemos de seguir protegiéndonos y también de algunos enemigos del bien común que se enmascaran tras mil argucias. El estado de alarma no ha finalizado en Economía, Educación y un largo etcétera. Por precaución, seguiremos lavándonos las manos, pero no nos convirtamos en una penosa generación de Pilatos.

Caleidoscopio

Juego de espejos

 Creo que no somos pocos los que en años escolares tuvimos un caleidoscopio, incluso hecho por nosotros mismos siguiendo atentamente las instrucciones de nuestros maestros. El material, asequible a todos, lo conseguíamos en un santiamén, ilusionados por disfrutar de esa especie de magia lograda con apenas unos espejos, cartón, papeles de colores, pegamento y poco más. Maravilla de maravillas de formas e imágenes diferentes que contemplábamos extasiados. Quizás los nostálgicos suspiren con cierta melancolía añorando otros tiempos. Que nadie se enfade, pero se conoce que no aprendieron bien a jugar. ¡Hagan juego señores!… Las cartas de nuestra vida ya están repartidas. Bueno, seguro que a veces nos entusiasmaremos con las que tenemos entre manos, otras cogeremos nuevas y en ocasiones tendremos que pasar, esperando mejor oportunidad. Jugar o abstenerse creo que no es opcional, la vida hay que vivirla. Sin embargo, no es raro que con relativa frecuencia se merodee sin ton ni son fuera de camino. Arrieros somos y apenas nos sorprende nada de cuanto ocurre a nuestro alrededor, ni bueno ni malo. Solemos aislarnos con facilidad contemplando nuestro yo y sus circunstancias en una especie de espejo mágico que lo distorsiona todo. ‘Alicia no miró en el espejo en busca de Alicia. Buscaba mirar a través de aquellas puertas extrañas y maravillarse ante aquellas ventanas ajenas que abren hacia fuera por doquier…’ (Chesterton).  Han pasado algunos años desde que pregunté a unos niños a qué jugaban, concentrados como estaban en hacer, exhaustivamente, cada uno lo que tenía que hacer. La respuesta, no tiene desperdicio: ‘-A las personas mayores.’ Quizá va siendo hora que nosotros aprendamos a jugar a ser niños. Desde El Blog de Kika, ahora más que nunca, voy a intentarlo con mi caleidoscopio particular. Me vale de soporte el significado de esta palabra (del griego kalós, bella, éidos, imagen y scopéo, observar). ¡Qué le vamos a hacer! Me gusta ver la parte buena de todo. Será por la necesidad de comunicar serenidad y confianza en nuestros tiempos, por la urgencia de ser constructivos y fomentar la cultura del encuentro, para ayudar a mirar la realidad con esperanza. En definitiva, subrayar la ‘buena noticia’. Sí, depende del cristal con que se mire, pero leyendo los acontecimientos con un buen enfoque. Creo y no me cansaré de repetir que siempre es posible encontrar y escribir la buena noticia presente en la realidad de cada historia y en el rostro de cada persona. Como un juego de espejos.

De tú a tú

En confianza, todos estamos deseando recuperar el trato personal. Más allá de besos y abrazos, que también, por imprescindibles para arropar el cariño, necesitamos desenmascarar la distancia para poder expresar nuestros sentimientos. Dejar en un segundo plano las redes sociales, que sin duda ocuparon un papel esencial para lograr comunicarnos durante el confinamiento vivido, con el fin reducir la transmisión del coronavirus. Recuperar de una vez por todas, ese tú a tú.  Poder quedar, libremente, con los amigos. Abrir, de par en par, nuestra vida a la amistad, amistad que crece con el trato generando una confianza que nos lleva a reconocer a los amigos, deteniéndonos con cada uno, buscando su bien. Un amigo fiel es un tesoro de valor incalculable. Corresponder a la amistad con amistad. Necesitamos vernos, quedar a solas o en grupo. Retomar paseos, tertulias, planes culturales y recreativos. Relajar tanta tensión acumulada. Pasito a paso sí, entreabriendo también (hasta poder hacerlo de par en par) las puertas de nuestros hogares para que todos se encuentren como en casa. Me gusta reflexionar sobre este dicho popular: ‘Dime tu casa y te diré tu mundo’. Resulta que nuestro mundo se ha convertido en la casa común de una gran familia necesitada de estrechar lazos de amistad. Con o sin mascarillas volveremos a los encuentros de siempre, a las conversaciones profundas y a las desenfadadas. Compartiremos el cafelito acostumbrado, el refresco, la cervecita, el granizado preferido.  Compartiremos, noticias, chascarrillos, experiencias. Cuánto más, alegrías y tristezas. Disfrutaremos de cada encuentro, al saber que nos queremos, que contamos unos con otros, que siempre confiamos. De tú a tú, cuando quieras, quedamos…

Lo lees y me dices, ¿vale?




Es lo que solemos hacer quiénes nos dedicamos a la noble tarea de escribir, sobre todo cuando nuestro interlocutor nos puede corregir y ayudar a mejorar. También suele suceder que nos encontremos frente a frente con algún admirador incondicional. La pregunta adquiere efecto boomerang. Así que, junto al ‘muy bien’ de siempre, no tenemos más remedio que releer e ir perfilando nuestro modus operandi para conseguir objetivos ‘al pie de la letra’. Y, al pie de la letra, propongo la lectura de los acontecimientos que, en esta época de la Historia Universal, nos ha tocado vivir. Somos, a un tiempo, protagonistas y espectadores. Todos, sí todos, estamos escribiendo y leyendo… A poco que prestemos algo de atención en nuestro diario deambular, podemos ir tomando nota de mucho de cuanto acontece. La falsilla de esta redacción a pie de calle, es el constante interés de unos por otros: – ¿Estáis bien? ¿Cómo va todo? ¿Necesitáis algo? ¡Cuenta conmigo! ¡No dejes de llamarme!… Tomando nota, repito, a pie de página de esta pandemia mundial, existe una diferencia abismal entre quienes han agarrado el timón de la solidaridad en todos los niveles de la sociedad y el descalabro gubernamental, cara y suplicio de un Estado más que alarmante. A nivel particular las nuevas tecnologías han dado un cariz más humano a la soledad, acortando distancias con mil y una llamadas de video por WhatsApp y otros medios. No se han perdido muchos trabajos profesionales y escolares gracias a la conexión online. También los actos de culto han tenido un lugar preferente y asequible a la irremediable inmovilidad social. Actividades culturales para todos los gustos. Hemos estado informados y desinformados a un tiempo (y seguimos en ello), ‘Consejos vendo para mí no tengo’… Cuentas y cuentos que no cuadran, mientras el paro aboca a la precariedad a miles de familias.  Al parecer, se ha inaugurado el ‘Congreso de los disputados’. Punto y aparte (¡Ojalá!). Punto y Seguimos… Al leer, siempre me gusta subrayar lo más importante. No sólo yo, creo que muchos hemos subrayado con oraciones y aplausos el buen hacer de nuestro personal sanitario, ahora galardonado con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia. Hemos rezado también por los enfermos, por los difuntos, por sus familias. Sigo escribiendo entre líneas cuánto hemos reflexionado sobre lo que realmente merece la pena en la vida. Sin lugar a duda hay un antes y un después. No se trata de una nueva normalidad sino de un nuevo QUERER. Sí, con mayúsculas. Pues quedamos en ello: Lo lees y me dices, ¿vale?

Después de…

Desescalada, desasosiego, desorientación, desencanto, desempleo, desesperación, desolación…

Escalada… Para superar la tristeza y alcanzar la alegría.

Sosiego… Despacito y buena letra. El día a día.

Orientación… Jerarquía de valores. Priorizar, descartar, afianzar.

Encanto… Dejarnos cautivar por el bien.

Empleo… Bien común. Ayudar y dejarse ayudar.

Esperanza… No perderla nunca.

Socialización… No estamos solos. Familia, vecinos, amigos y tantas personas buenas, dispuestas a ayudar, en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

MIRADAS

Miradas que embelesan y despiertan. Miradas ausentes o perdidas. Miradas expectantes y absortas. Miradas que interrogan sin esperar respuesta. Miradas que guían y dirigen. Miradas que rezan y suplican. Miradas de dolor y desconsuelo. Miradas que trasmiten cariño, consuelo y esperanza. Miradas espabiladas y curiosas. Miradas inteligentes, expresivas y comprensivas. Miradas alegres y divertidas. Miradas que desconocen e ignoran. Miradas cómplices de encuentro y amistad. Miradas cercanas y lejanas. Miradas que brillan y dan luz en la oscuridad. Miradas que abrazan y curan. Miradas que recuerdan y olvidan. Miradas de ojos azules, verdes, castaños, negros… Miradas del color del cristal… de la personalidad, de las circunstancias, de los objetivos, de la actitud, de la edad, del entorno, de la responsabilidad, del humor, de la ilusión, de la serenidad, del amor, de la paz… Miradas al cielo, al mundo, a nuestro interior… Miradas que, desde perspectivas diferentes, nos ayudan a tomar buena nota de cuanto acontece como falsilla para ir descubriendo el itinerario de nuestra trayectoria personal… Miradas que sueñan con un eterno despertar. Miradas familiares que nunca, nunca, podremos olvidar. Resulta curioso el poder de la mirada en este mundo zarandeado por la pandemia a causa del Coronavirus.  Caminamos cuasi de incógnito enfundados en un sinfín de mascarillas, amén de gafas y otros artilugios (sombreros, pañuelos, viseras protectoras y un largo etcétera) con una apariencia anónima que se encargan de desvelar las personas allegadas. Una y otra vez, no deja de sorprendernos ser reconocidos. Estar en sintonía es melodía pegadiza para tararear la vida, aún sin ton ni son, porque al final la vida sigue igual como entonaba aquella vieja y nueva canción… ‘Siempre hay por quien vivir y a quien amar. Siempre hay por qué vivir por qué luchar’… ‘La vida es bella’, película y realidad. Vivencia y canción…’Si tú no dejas de luchar y nunca pierdes la ilusión, nunca olvides que al final habrá un lugar para el amor… nunca pares de soñar, que una noche la tristeza se irá sin avisar y al final sabrás lo bello que es vivir.’ Saber mirar y reconocer. Saber mirar, perdonar y comprender. Saber querer… ojos que sonríen. ¡Nos vemos!…

Seguir viviendo

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 La vida late por doquier, pero a ritmo distinto; pausado, entrecortado, inseguro expectante… La pandemia que estamos sufriendo por el dichoso virus Covid-19, ha esparcido por el mundo dolor y muerte a gran escala. Muchas personas han perdido a sus seres queridos y también son muchos los que han dado su vida al intentar evitarlo. Es de agradecer la cantidad de esfuerzo y trabajo que, desde distintos colectivos, se viene realizando en pro del bien común y cómo cunde el ejemplo, implicándonos poco a poco a todos, cada uno como sabe y puede. Al margen, la inoperancia e irresponsabilidad de determinada clase política. Arrieros somos… Extraña paradoja en este sinvivir. Seguir viviendo. Aparte de abrir nuestras ventanas para aplaudir, guardar silencio y alguna que otra cacerolada, hemos comenzado a abrir las puertas de nuestras casas para salir a pasear o hacer deporte bajo un cielo que parece más azul. Quizás pensáramos que no íbamos a ser capaces de estar tanto tiempo ‘encerrados’ en casa, pero en general nos hemos portado bien. Ese #YoMeQuedoEnCasa, ha dado para mucho y sin duda nos ha ayudado a reflexionar. Apenas inicié mi primer paseo comprobé lo mucho que tenía-teníamos que agradecer a la vida. Lo mucho, repito, que podía-podíamos ayudar y lo bueno que era sonreír aún dentro del sufrimiento. La clave, el amor de unos por otros, el quererse de verdad, el ser, en definitiva, buenos compañeros de viaje. Es cierto que tenemos las emociones a flor de piel por eso, ahora más que nunca, hemos de saber mirar y comprender. Descubrí en un jardín que la apariencia de un gran fardo de ropa era el cobijo de un sin techo. Veinte pasos más y un señor entrado en años, acompañaba con esmerada atención a su hijo discapacitado que apenas podía controlar sus movimientos. Poco más allá un matrimonio de ancianos salía de su casa y sin dejar al portero – estaba limpiando el portal- mediar palabra y que se ofreciera a ayudarles en cualquier momento (que también lo hizo), la señora le preguntó de forma entrañable: – ¿Y tus hijicos? ¿La familia bien?… ¡Es lo que importa!… Seguí caminando enfundada entre las gafas de sol y la mascarilla. No dejé de observar a tantos viandantes que caminaban ligeros… cargados de esperanza. Sí, hemos estado mucho tiempo confinados, aislados de la gente y, sin lugar a duda, nos hemos extrañado unos a otros. Creo que hemos descubierto nuestra gran capacidad para querer, apoyo fundamental para seguir viviendo.

Fondo de armario

Método Marie Kondo para organizar el armario

Estamos en primavera, estación del año en que la vida surge por doquier. Sin embargo, el coronavirus ha destruido todas las expectativas imponiendo su duelo a muerte. En pleno Siglo XXI, el mundo entero ha sido invadido por una pandemia letal. En una sociedad globalizada y prepotente, el desconocimiento de este enemigo común ha puesto al descubierto no solo nuestra vulnerabilidad, sino también lo mejor del ser humano, su capacidad de entrega a los demás. Algo que de ninguna manera ha podido eclipsar la incompetencia y deslealtad de algunos por todos conocida.

Este año 2020 no podemos gozar de la primavera en su esplendor, pero una nueva primavera en nuestro interior sí que puede ayudarnos a sacar lo mejor de nosotros mismos. Estamos confinados, solos o acompañados, pero no aislados. Formamos una gran familia en la que todos queremos poner de nuestra parte para ayudar. Abrimos las ventanas de casa y también las del alma. Buscamos a los demás en esas ventanas del vecindario que nos eran extrañas y nos maravillamos de la cercanía y unidad que reina entre nosotros. Aplaudimos. Resistiremos…

Sí, somos una familia numerosa y como tal, en este cambio de temporada tenemos que tirar del fondo de armario. No, no sabemos qué moda nos sorprenderá cuando por fin deambulemos con total libertad, pero hay que estar preparados para al menos mantener el tipo. Unos podrán pasar con lo que tienen, otros repondrán algo, muchos heredarán de sus mayores y no pocos tendrán que estrenar.

Bueno, es un fondo de armario muy, muy especial… porque no tiene fondo. Es decir, siempre, siempre está disponible para cada persona, no importa la talla, no tiene medida… Creo que ya lo han descubierto. Sí, es el AMOR con mayúsculas que nos ayuda a revestir nuestro interior con las mejores galas no solo para ahora sino de cara a la eternidad. No es que me haya puesto trascendente. Es que vivimos una época trascendental y no podemos ignorar el auténtico sentido de la VIDA. Sí, también con mayúsculas.

Punto y aparte, punto y seguido, la moda a nuestro modo. Así es como cada cual la estamos viviendo en nuestras casas, confinados durante tanto tiempo. Desde el pijama hasta la ropa de vestir. En bata o atuendos sencillos para estar más cómodos. Ropa de deporte y disfraces mil. La cuestión es que en un sinvivir vamos a pasar del invierno al verano, encontrándonos de bruces con el dilema de siempre… ¿Qué me pongo?… Vamos guardando y sacando ropa. Clasificamos para reciclar, heredar, dar o tirar. Siempre recuerdo a mi madre cuando en los cambios de temporada nos enseñaba su ropa. Con talante desenfadado iba diciendo: ‘¡Birrias, birrias!’… Nos reíamos un montón. La verdad, es que a mí me está pasando eso, sobre todo al ver en el enorme escaparate de las redes sociales ropa tan bonita a precios asequibles e inasequibles al mismo tiempo porque no sabemos lo que va a pasar…    De mi fondo de armario personal, gratitud por poder participar en este concurso que ayuda a acercarnos unos a otros un poco más. Esta moda no pasará.

(Relato enviado al concurso de Simorra Women)

Los libros nos hablan

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Aprendiendo de EL PORTAVOZ…

¡ILUSTRÍSIMOS SEÑORES! APUNTES DE ESPERANZA en este tiempo que necesitamos VIVIR LA VIDA CON SENTIDO. A cada uno digo: ¡NO TE RINDAS!…

No, no es UTOPÍA. Hemos sido CREADOS PARA LA GRANDEZA.

Aquí dejo un BREVE TRATADO DE LA ILUSIÓN. Es necesario EL AMOR INTELIGENTE y aprender a ser MAESTRO DE BUEN HUMOR.

Saber comunicar con EL DARDO EN LA PALABRA, ¡Claridad!… Más que EL SUEÑO DE LOS HÉROES, lo nuestro es UNA HISTORIA VIGENTE.

AL VOLVER LA ESQUINA sin nuestra LIBERTAD VIVIDA, no nos hará falta preguntar DIME QUIEN SOY.

Increíble que un virus se haya convertido en LA NUEVA TIRANÍA. CRIMEN Y CASTIGO… solo a primera vista. Hemos de mantener EL CRITERIO y descubrir en esta NUBOSIDAD VARIABLE, un TRATADO DE LO MEJOR. CÓMO HACER QUE TE PASEN COSAS BUENAS…

Descubrir LA FELICIDAD HUMANA hasta en EL ÚLTIMO ADIÓS.

Luchar ante LA DEPRESIÓN… Quizás fueron FRÍAS FLORES DE MARZO pero no LO ÚLTIMO QUE VERÁS TUS OJOS. En cierto modo, estamos viviendo un ABRIL ENCANTADO…

Pasan los días, las horas… EL TIEMPO EN UN HILO. Es como MATAR UN RUISEÑOR.

Pensarán que son LAS CONFESIONES DE UN PEQUEÑO FILÓSOFO… ¡Ay! ESE QUERER TUYO Y MÍO, EN UN POZO DE LUMBRE. ¿Alguien querrá ser EL ABOGADO DEL DIABLO?… No, no es ese EL CAMINO.

EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO… Mejor acercarse a quien TODO LO HIZO BIEN. NO ES BUENO QUE DIOS ESTÉ SOLO.

Emprender un VIAJE AL FONDO DE LA ESPERANZA. ¡NO NOS RENDIREMOS JAMÁS!…

Como CRISTIANOS EN LA SOCIEDAD, DESPERTAR AL ASOMBRO con LUZ APACIBLE

ENTRE TÚ Y YO, no temer ni a LA DAMA DEL ALBA. EL AMOR ES LA GRAN OPORTUNIDAD. LA FORTALEZA DE LOS DÉBILES.

NADA TE TURBE, NADA TE ESPANTE. CONSTRUYE TU SUEÑO…

AMOR A DIOS, AMOR A LOS HOMBRES….

SAUDADE

 

SAUDADE
Soledad, nostalgia, añoranza, anhelo … morriña, melancolía. Un sinfín de sentimientos que nos invaden en situaciones especiales, como la que estamos viviendo a causa del coronavirus. Un vivir que se amalgama con un sinvivir. Un morir perfectamente atendidos y acompañados, pero sin familia, ni amigos… Y la ESPERANZA de un despertar…

La palabra saudade, abarca en profundidad el estado de desolación del ser humano. En estos días estoy releyendo ‘El hombre en busca de sentido’ de Viktor Frankl. Tengo subrayada esta conclusión suya: <<Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino.>>

La respuesta de unidad y solidaridad es un buen punto de partida para lograr un mundo mejor.

Echamos de menos muchas cosas pero sobre todo, echamos de menos a las personas que más queremos y que sin duda alguna, estamos aprendiendo a querer mucho más.

Dejemos abierta ,de par en par, las puertas del alma a la esperanza.

El tiempo pasará…