Estrellas fugaces

Sólo se puede articular la tragedia con eslabones de esperanza. La vida muchas veces es así; rápida y fugaz como una estrella olvidadiza de tantos sueños que no llegaron a cumplirse. El accidente aéreo en Barajas ha dejado pequeñas y grandes historias para guardar en el corazón, marcando de otro modo el latido de la existencia; la vida sigue pero ya no es igual. Una vez más hemos comprobado que la muerte no tiene edad. Demasiados niños. Mucha gente joven. Dicen que estas muertes son como un naufragio…la de personas mayores una llegada a puerto. De un modo u otro, si ya cuestan las despedidas, la trágica desaparición de los seres queridos es un abismo de dolor inconmensurable.

Sólo se puede articular la tragedia con eslabones de esperanza reforzados por la fe y el amor. Creo que todos hemos estado -con nuestras oraciones, cariño y conmiseración- con cada victima de la tragedia, con sus familiares, con sus amigos y con cuantos han realizado los trabajos de rescate y apoyo. Y seguimos queriendo consolar tanta tristeza y desolación. Para los que tenemos fe es más fácil porque creemos en otra vida que es para siempre y la esperanza de volvernos a encontrar y un cielo donde se cumplirán sueños que ni tan siquiera nos habíamos atrevido a soñar en este valle de lágrimas.

Cuando se publique este artículo no estaré en el campo de mis amores-con sus alegrías y tristezas- testigo de todos los veranos de mi vida. Aún así todavía descubro, año tras año, lugares nuevos; más bien la novedad de lo conocido por entrañable. Aquí aprendí a juguetear con las estrellas sin dejar que ninguna desapareciera de mi vista sin haberle pedido un deseo. La cercanía del cielo se hace familiar. El paisaje y la vida misma se perfilan con inmensa belleza cada puesta de sol. Un silencio elocuente-caudal de oración- se apodera de la Naturaleza. La armonía de Cielo y Tierra estremece el corazón que se acelera como un aplauso enfervorizado al Autor de la Creación.

Me gustaría que estas letras sirvieran consuelo. Quiero dedicárselas en especial a una joven andaluza, azafata de Spanair. Ese día no era su vuelo pero había cambiado el turno y sin saberlo hizo que la cercanía del cielo, por entrañable, fuese familiar para cuantos la querían.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s