Más bonita que ninguna

         

             No es el estribillo de una canción pero tiene la cadencia de la mejor melodía. Tampoco se trata de un cuento de hadas. Sin embargo, nuestra protagonista podría haber sido el hada  más bonita de cualquiera de ellos; o quizás una princesa. Cenicienta no. No pudo perder un zapato de cristal porque aunque su intención era bailar y bailar –‘¡hasta que se me rompa el vestido!’… le decía a su madre- en la celebración de la boda de su hermano; no dió ni un paso de baile. Sin embargo, la fiesta giró –sin quitar  protagonismo a los recién casados- alrededor de ella y su novio, al que hace poco diagnosticaron un tumor en una pierna.

            Bueno, creo que no me he explicado bien. En realidad, bailaron marcando espléndidamente el compás  con  su saber estar; el cruce de sus miradas y su constante sonrisa. En vez de amargar la fiesta a nadie, la endulzaron con la ternura de su cariño.

            Estoy orgullosa, se trata de mi sobrina y ahijada. La madre naturaleza se ha portado muy bien con ella. Es muy guapa. Pero ese día su belleza era espectacular. Sus ojos brillaban con la sabiduría que imprime el sufrimiento y la alegría de quien sabe querer.  Iba perfectamente maquillada, con un juvenil recogido de pelo que dejaba caer algunos bucles sobre su cuello, acariciando el plisado que ribeteaba la torera que llevaba sobre un vestido de seda salvaje repleto de volantes.

            Él cubría tímidamente la calvicie producida por la quimioterapia, con una gorra que acentuaba la profundidad de su mirada y daba relieve a su sonrisa de satisfacción cuando le comentábamos lo guapa que estaba su novia. ¡Cómo va!…decía satisfecho. ¡Cómo estaban –y están- los dos! Casi sin saberlo, entonan a dúo aquella vieja canción: ‘Qué bonito es querer como quiero yo. Qué bonito, entregarse todito completo…’ en la alegría y en la tristeza; en la salud y en la enfermedad…todos los días de la vida.

            En esta sociedad tan desamorada, es gratificante recibir de personas tan jóvenes, una lección magistral.

            Nunca había escrito un artículo que pudiera  deslizarse, en revolera, entre los pliegues y frunces de los volantes de un vestido que una joven –casi niña- estrenó en la boda de su hermano, dándole brillantez. Con especial brillo.

Nunca había escrito un artículo que caminara al son de unos zapatos de cristal que bailaron sin bailar.

Nunca había escrito un artículo como si fuera un Julio Romero de Torres de la escritura, realzando la bondad y belleza de una niña-mujer morena.

Nunca había escrito un artículo en que las palabras se ruborizasen por su torpeza para expresar tanta belleza… Pero siempre afirmaré lo que ella fue para todos: Más bonita que ninguna.

 

 

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Un comentario en “Más bonita que ninguna

  1. Así fué y como madre de esta niña-mujer morena,te agradezco con toda mi alma y con todo mi corazón el testimonio,que gracias a tu pluma,encierra este precioso artículo.Ánimo para los que puedan estar en situaciones semejantes.
    La enfermedad sigue su curso,se estan poniendo todos los medios humanos y divinos para superarla y la pareja sigue teniendo una visión positiva ante las sorpresas de la vida.
    Gracias Kika.

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