HAITÍ

 http://www.antena3noticias.com/PortalA3N/noticia/internacional/Haiti-estima-140000-los-muertos-terremoto/9643815

           Nuestra fragilidad e impotencia ante los dictados de La Naturaleza se hacen patentes, en su máxima crudeza, en situaciones tan dramáticas como las que se están viviendo (y muriendo) en Haití tras el terremoto de más de siete grados de magnitud. Al confluir tan tremenda potencia con la pobreza extrema, las consecuencias son devastadoras.    

Somos ciudadanos de un mundo que pretendemos sea mejor. No podemos seguir viviendo de espaldas a la tragedia pero por desgracia, tampoco tenemos capacidad para cargar con ella. Sin embargo, no hay ‘poco’ despreciable. Ayudar con todos los medios naturales y sobrenaturales. Nuestros brazos y abrazos. Nuestros rezos y oraciones. Compasión que sabe compartir. El hermano ayudado por el hermano… como una ciudad amurallada. Prescindir, renunciar, dar. Idear cómo llegar a más. Redes sociales. Cauces ordinarios y extraordinarios.

            ‘Haití, una nación patética’ (2003) escribió Jean Métellus, patriarca de la cultura haitiana. Conocedor de los desmanes que penosa e irremediablemente ocurren en su país, advierte a la comunidad internacional para evitar que la corrupción y el pillaje precipiten otra tragedia humana. Ya se sabe, a río revuelto…

            ‘Cuando al Estado de bienestar le flaquean las piernas, el valor de lo económico prima más que nunca -en especial en el terreno de la política al uso- sobre el valor de lo personal y, por dejadez, se nos están cayendo muros y paredes antes sólidos y sólo queda el tenderete, que al final se lo llevará cualquier mal viento. Hay mucha gente sólida, segura de donde viene y a dónde va y por qué hace las cosas; otros, en aumento, inseguros de sí mismos se revisten de apariencia y están dispuestos a tener más y a pagar más con tal de satisfacer sus necesidades emocionales (…). Y es que esa forma de tener, de manejar el dinero dice mucho de las personas, en la medida que señala las dificultades y la relación que tenemos con nosotros mismos y con los demás.’ (José-Ángel Zubiaur)

La pobreza, sufrimiento y desolación en Haití son un aldabonazo, una llamada desesperada a las entrañas de la Humanidad.

            Seguir creyendo en los milagros pasa por el sine qua non de arrimar lo que tenemos          –nuestros panes y peces- que ya El Buen Dios se encargará de multiplicarlos para llegar a todos porque Él está en la esperanza de la desesperación; en el consuelo de la tristeza; en la luz de las tinieblas; en la verdad del error; en la compañía de la soledad; en la resurrección de la muerte.

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