La gente va y viene

Así es la vida, unos vienen y otros van. En el camino, encuentros y olvidos, ruido, silencio e innumerables huellas -borrables e imborrables- marcadas al andar. Soledad y compañía. Recorridos  de tramos diferentes pero nunca indiferentes. Sendas o veredas que hicieron muchos pasos, unos tras otro sin cesar. Quizá  ahí radica nuestro destino en el devenir de la existencia. Ser y parecer, dejar huella para que otros puedan encontrar su camino; facilitar la vida a los demás comenzando por los más cercanos. La gente va y viene, nosotros también. Conocidos y extraños se convierten en compañeros de viaje. Son muchas –virtualmente hablando- las mochilas llevadas a hombros, hay personas que apenas pueden soportar su carga. Conforme avanzamos en el camino de la vida, descubrimos la necesidad de aligerar el equipaje. Nos sobran muchas cosas pero nos cuesta prescindir de ellas, somos así, levantamos muros de bártulos y perdemos la mejor perspectiva. El constante bullir de gente nos hace preguntar: ¿Hacia dónde van? ¿De dónde vienen?… a nosotros también. Vamos y venimos encontrando y dejando gente en el camino. Y el camino se reviste de huellas de amor y odio; ilusiones y realidades; proyectos y esperanzas.”Si la lógica te indica que la vida es un mero accidente sin sentido, no renuncies a la vida sino a la lógica”. Nos encontramos con muchas preguntas que no tienen respuesta que se ajusten a la razón sin más. Aceptar y comprender  no suelen ir de la mano. Somos limitados e ilimitados a un tiempo. La sabiduría del corazón capacita para amar, siendo el amor el mejor guía para ir y venir por este mundo de Dios que queremos hacer nuestro a toda costa, achatándolo y apartándolo de la eternidad. Lo de ni ojo vio ni oído oyó; lo que Dios tiene preparado para aquellos que le aman nos tendría que remover para caminar con firmeza. Queremos y no queremos, nos enredamos y olvidamos la promesa del premio de la vida eterna. Seguimos a trancas y barrancas queriendo querer. ¿Nuestra esperanza?…Un Dios misericordioso que apenas nos ve en el camino sale corriendo como el padre del hijo pródigo; nos abraza y  llena de besos y organiza una fiesta para todos. La gente va y viene, alguien tendrá que decirle que están invitados. Cierto que la fe es un don de Dios, pero hay  caminos que son más fáciles de recorrer cuando descubres que hay huellas que los hacen imborrables. Sólo quería agradecerlo.

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