Piel de paquidermo

Posee  gran dureza y grosor,  de manera que sobre ella resbala prácticamente todo sin dejar huella. El elefante, el hipopótamo, el cerdo o el jabalí hacen gala de esa piel que habitan. Son mamíferos tan grandes que es muy difícil que pasen desapercibidos y menos en determinadas ocasiones en  que –de perseguidos a perseguidores- se convierten en protagonistas absurdos de historias increíbles. Visto lo visto, de la caza mayor a la ‘caza de brujas’ se pasa en un real sentir. El morbo está servido en todas las bandejas de las redes sociales. Extraña ganancia que no sale a Bolsa. España  no es diferente ni indiferente. Si las cosas no cambian drásticamente, nuestra queridísima piel de toro va a quedar más ajada que un trapo viejo. Hacen  falta muchos y buenos ‘Traperos del tiempo’ (Marañón) para situar personas y acontecimientos dentro del marco correspondiente. Las anaquelerías de la Historia archivaran por los siglos de los siglos  la verdad y la apariencia de la moneda de cambio acuñada con sello real. Rectificar, amén de sabios, es de reyes. Jaque mate sobre un tablero de acontecimientos que dan pié a más de una partida. Cada cual que atienda a su juego donde siempre reconoceremos a caballeros y monarcas. Ser o no ser va más allá de nuestra frágil condición humana capaz de cometer los errores más impensables. Sin embargo, estigmatizar la figura del Rey por un hecho aislado y nada afortunado, no ha lugar. Se quiera reconocer o no, todos nos hemos sentido respaldados y fortalecidos por su actuación en trascendentales acontecimientos de la Historia de España. Pedir perdón es siempre un acto de humildad que, paradójicamente, engrandece. Ojalá se convirtiese en la primera ficha de un necesario efecto dominó. Son muchos los que –sin estar libres de pecado- se ha avalanzado a tirar piedras sobre La Casa Real. Empujar a un elefante es como buscar la aguja en el pajar, pero cuando el paquidermo decide correr no hay expedición que lo pare. La resonancia, divulgación rápida y estruendosa de los hechos ha sido la estampida que ha provocado en algunos la amnesia del buen hacer de La Monarquía. Está claro que nadie es perfecto pero ya va siendo hora de que todos y cada uno pongamos cuanto esté de nuestra parte para salir de esta gran crisis económica, propiciada en parte por una profunda crisis de valores. No podemos reaccionar como si no fuera con nosotros, ni pueden resbalarnos los acontecimientos sin más, porque, entre otras cosas, no tenemos piel de paquidermo.

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

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