Arraigos y desarraigos

 

Arraigo a nuestra tierra, a nuestras raíces y costumbres, firmeza y dignidad de un querer. No corren buenos tiempos para muchos quereres. El desarraigo se ha convertido en una paradójica  tabla de salvación,  nueva especie de bien común que ayuda a atravesar e incluso superar  dificultades  generadas por la crisis. La migración humana en busca de un mundo mejor empobrece y enriquece a un tiempo las relaciones interpersonales. De una parte muchas familias quedan desestructuradas e incluso rotas, un alto precio a pagar, sin saldo a favor de nadie. La otra cara de la moneda es la más amable: intercambio de culturas, nuevas raíces de las que también crecen grandes amores. En cierto sentido, casi nada es como era pero nosotros sí, de ahí que vayamos entrelazando arraigos y desarraigos formando el nuevo tejido de las relaciones humanas en todos los ámbitos de la sociedad. Queda subrayada la necesidad de ser personas de arraigo, de convicciones sólidas y al mismo tiempo, con capacidad de adaptación  al imprevisible y atropellado ir y venir de las circunstancias actuales. Disponibilidad para hacer lo que tengamos que hacer, sobre todo en el campo laboral. Estudio y formación. Ampliar conocimientos y habilidades. Esfuerzo y voluntad. Generar trabajo. Abrir bien los ojos para ver las necesidades de nuestro entorno. Ilusión e ingenio. Aprovechar las distintas situaciones para sacar lo mejor de ellas. Reinventarnos. Empezar de nuevo. Ayudar y dejarnos ayudar. Valorar lo que sí tenemos. Compartir ideas e ideales. Saber coger y saber dejar. Tirar de nosotros mismos y  prescindir de lo innecesario. Jerarquía de valores. Es como ir en busca de muchos tesoros perdidos. El día a día con sus arraigos y desarraigos nos sorprende con bastante más que el mal de muchos y el consuelo de algún que otro incauto. Hace poco escuché por la calle la protesta de una mujer: ‘Esto está mal. Antes se hacían bien las cosas. Ahora, no’. Lo curioso es que no se quedaba en la mera sentencia sino que se aplicaba en su tarea al tiempo que enseñaba a su compañera de trabajo el mejor modo de hacerlo… Creo que existen buenos entendedores pero sobran palabras y actitudes que confunden y no llevan a ninguna parte. Cuando recientemente uno de mis hijos se cambió de casa, aprovechó para hacer limpia de trastos inútiles, como siempre, demasiados. Algo así ocurre  en estos tiempos de crisis en que con más o menos culpa -o sin comerlo ni beberlo- estamos instalados. Borrón y empezar a contar más con nosotros mismos. No vale rendirse.

 

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