Cansancio

Se palpa en el ambiente. Podría  achacarse a las altas temperaturas ya registradas -calor veraniego- que minan nuestras fuerzas y pueden dejarnos fuera de juego pero no. El buen tiempo siempre es recibido con ánimo grande ante la panorámica de las vacaciones de muchos y el reagrupamiento familiar para la mayoría. Se vende, se traspasa, liquidación por cese de negocio, se alquila, cerrado… conforman un extraño y demasiado conocido baile de letras con la más fea, la crisis. Como música de fondo, agujeros insondables donde explota la burbuja inmobiliaria, salpicando por doquier. Roto el saco de la avaricia queda al descubierto la verdad de tanta mentira. Un interminable efecto dominó arrasa con justos y pecadores mientras la clase política trata irredenta de poner remedio a lo prácticamente irremediable. ¿Culpables?…Es demasiado fácil mirar hacia otra parte y no todo consiste en lavar los trapos sucios en casa. Cansados de tanta ganancia de pescadores, nadie se traga más anzuelos. Cada persona necesita su ámbito en las necesidades básicas de la vida y en consecuencia debe existir un sistema de propiedad que todos debemos respetar. Esto exige las necesarias leyes sociales para limitar y controlar los abusos de la propiedad. No se puede vivir sólo para atesorar porque  el pensamiento se ciega a todo lo demás convirtiendo en fin lo que es medio. Respetar los bienes ajenos conlleva una gran carga de verdad como es la protección de que cada uno pueda recibir lo que necesita para vivir. También hay que subrayar la responsabilidad para utilizar la propiedad personal. Usar como moneda de cambio medias verdades y grandes mentiras nos ha conducido a una desconfianza generalizada. Mercado de valores y valores de mercado, extraño maridaje de mala reputación. Trampear, recurriendo habitualmente a la mentira es vivir de espaldas a la realidad y cuando nos  encontrarnos con ella, cara a cara, casi siempre es demasiado tarde. Crece el paro emparentado con la prima de riesgo. Los recortes no acaban de perfilar el futuro incierto de una economía maltrecha por la mala gestión. En cierto modo todos tenemos que remar contra corriente porque estamos en la misma nave. El esfuerzo no tiene que sacarnos de nuestras casillas. Cuesta pero hay que proteger la vida familiar, las relaciones personales de una constante crispación, en ello va la felicidad de todos. Las grandes batallas las ganan los soldados cansados. Saber ganar y saber perder. Los buenos jugadores ofrecen siempre los mejores partidos.

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