Amarás

Mandato, promesa, invitación, esperanza, deseo, voluntad… sueño de alcance eterno. Absortos en mil cuestiones y problemas, es posible que no veamos más allá de nuestro muro (al margen del probablemente creado en determinada red social); más allá de un yo y circunstancias que por una razón u otra, nos superan y obligan –hasta cierto punto- a vivir sobre una torre carente de cimientos y que además ni siquiera es de marfil, de espaldas a la verdadera felicidad. ‘Ama y haz lo que quieras’, así de fácil lo ponía San Agustín pero a estas alturas de la historia vamos caminando a trancas y barrancas en busca de tan noble empeño. ¿Aprenderemos? La vida nos interpela y responde de mil maneras. Sabemos reconocer el amor verdadero y seguro que así nos gustaría que fuera el nuestro, el que noblemente nos sale  del alma. Sentirnos queridos es altamente gratificante. Sin embargo, a lo largo de la existencia, descubrimos que subrayar amor y libertad conlleva mucho de entrega. Ejemplos tangibles los tenemos todos y desde el fondo de nuestro corazón surge el anhelo de poder amar así, con el amor más grande, el que da la vida entera. Al celebrar la Fiesta del Corpus Christi, El Amor de los amores, sale en procesión por calles y plazas de pueblos y ciudades alfombradas de flores. Custodias que son verdaderas joyas. Corazones que custodian. Espliego y tomillo. Altares y ofrendas… ‘Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con todas tus fuerzas’. Amar como Él nos amó, hasta dar la vida. Dios está aquí y vamos a adorarle con lo que tenemos: Alegrías y tristezas, éxitos y fracasos, miedos y esperanzas. ‘Estas crisis mundiales son crisis de santos’ (San Josemaría). Entre el gentío, la curiosidad de quien no sabe y el fervor del que quiere aprender. Cristo pasa, sale a nuestro encuentro, nos recuerda una y otra vez que se ha quedado para siempre con nosotros porque nos quiere. No estamos solos. Nos espera en todos los sagrarios del mundo. Creer, esperar, amar. Adorar. Estamos demasiado absortos en ídolos de barro que nos complican la vida y  hacen  que olvidemos el tesoro de la fe, la riqueza del amor a Dios. Realmente son muchas las cuentas que no nos cuadran. Queremos y no podemos. Podemos y no queremos. Trabalenguas fácil de resolver según su querer: Amarás. La algarabía de los niños y niñas que han recibido la Primera Comunión nos descomplica. ‘Dejad que se acerquen a Mí’… Nosotros también, sencillamente, tal como somos.

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