Fin de semana

Son muchos los fines de semana que solemos dedicar a actividades que nos ayudan a desconectar de la rutina habitual. Tampoco son pocos los que aprovechamos para ponernos al día en el estudio o trabajo: tareas pendientes que completar, afianzar o mejorar. Otros, sin embargo, nos estresan porque, por causas diversas, quedan como desencajados y con capacidad más que suficiente para sacarnos de quicio ya que por arte de birlibirloque, en un santiamén los planes previstos estallan en el aire. El quid de la cuestión reside en saber jugar con las cartas que tengamos entre manos sin más. ¡Hagan juego señores! Cuando todo ocurre según lo previsto es fácil  no apreciar cuanto tenemos. La vida sigue sin compás de espera, sin embargo, en muchas ocasiones parece detenerse, quizá para comprobar si sabemos valorarla. Un suceso inesperado nos interpela de tal manera que sobran las palabras como respuesta. Es nuestro nuevo modo de vivir el que va descubriendo el verdadero sentido de la existencia, lo que tiene valor y lo que no merece la pena tener en cuenta. Una semana más que llega a su fin cargada de cosas también más o menos buenas, y muchas ganas de descansar en el campo o la ciudad, en la playa o la montaña bajo el sol que más calienta. Todo arde ante un extraño compás de espera, sin  recursos necesarios para atajar el problema. El crepitar de los acontecimientos aviva las llamas con capacidad  para arrasar la existencia. No es bueno dejarse engañar con cartas que no cuentan. Retomar, una y otra vez, la partida y ganar la vida entera. Fin de semana de campo y playa. Cuantos quedamos en territorio urbano buscaremos el resguardo de una buena sombra, aire acondicionado y algún que otro helado. Ratos de familia y amigos. Un buen libro entre manos. Paseos al aire libre cuando se pueda, algo de deporte sin demasiadas reglas. Si el calor lo permite, de puertas hacia afuera. Llenar esos días que se empeñan en ser eternos prescindiendo de tantos momentos únicos que hacen grande lo pequeño. Fin de semana en casa con todo el tiempo por medio. No son cuatro paredes sino el cofre de cuanto tenemos. Un poco de orden, otro tanto de desconcierto. Las redes sociales abriendo  ventanas del mundo entero para airear lo importante y lo que nos importa un bledo. Un viaje sin movernos, un viraje que causa vértigo. Fin de semana en casa, uno más y otro menos. Casi todo está por hacer y mucho lo damos por hecho. Desconecto.

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