Ancianos

 En un mundo abocado a lo joven, lo nuevo y lo bello, lo usado o viejo se arrincona, tira o recicla sin más. Lo que antes era deja de ser o se convierte en un aceptado y ensalzado material que respeta el medio ambiente. Estamos concienciados en este empeño y separamos restos orgánicos, plásticos, papel, vidrios, material eléctrico y otros por el bien común. Queremos preservar y alargar la vida del Planeta porque al fin y al cabo ahí va la nuestra. Nacer, vivir y morir es el ciclo de la humanidad a ras de tierra. Infancia, juventud, madurez, senectud… etapas que no todos cubrimos, bien por  causas naturales o por otras causas queridas o no entre las que se encuentra el olvido de la dignidad de la persona y su derecho a la vida. Aborto y eutanasia se convierten en guadañas de muerte sin tener en cuenta que el sufrimiento es  parte de la condición humana y es fuente de muchas alegrías. El amor y el dolor forman un tándem inseparable, siempre poniendo los medios para evitar sufrir innecesariamente.  La fe ilumina el camino de otra vida que es eterna. Creer o no creer. Hablar o callar. Escuchar o hacer oídos sordos. Dios da su Gracia y promete la felicidad eterna donde no habrá ni dolor, ni llanto, ni odios. Todo será belleza y caridad plena, querer a lo grande rebosando cualquier medida. La vida pasa casi sin darnos cuenta. Al contemplar a nuestros mayores podemos descubrir los surcos de la existencia y el valor de lo que importa. Bagaje de vivencias, alegrías y tristezas. La textura de la vida  va  atesorando  la belleza verdadera en cada corazón sin importar apariencias. Lo joven, lo nuevo y lo bello se funden en otro concepto –venerable- que hace a cada anciano merecedor de cariño, cuidado y respeto. Dicen que en cada casa no debería faltar ni un niño ni un viejo. Como un juego de espejos, por fuera y por dentro. Hoy se celebra la festividad de Santa Teresa de Jesús Jornet, Fundadora del Instituto de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, en mi ciudad se conocen como ‘las monjas del asilo’ y son muy queridas por la labor que hacen. Podemos felicitarlas en su fiesta, felicitar a los que les ayudan y a los que están a su cuidado o felicitarnos a nosotros mismos por conocer a gente tan buena. Este fin de semana tengo turno de madre. A sus noventa y tres años largos comenta que le dice a Dios que ella está dispuesta a lo que quiera pero no le pide la muerte. Será porque junto con mi padre –en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad- descubrió ¡Qué bello es vivir!

Artículo publicado hoy en: La Tribuna de Albacete

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