Gente de bien

 En el sentido de gente buena. Personas que transmiten con sencillez  lo mejor de sus vidas, el bien que han recibido o que han alcanzado con su esfuerzo personal. No, no me refiero a lo material aunque en la actualidad se ha convertido en un valor preciado que tenemos que compartir. Dar es bueno pero darse es superior. Tampoco voy a hacer una apología de la generosidad, del don de sí, campo abierto a todo ser humano. Hoy, cuando hay tanta contradicción en el ambiente, quiero llamar la atención sobre la cantidad de personas que parecen ajenas a la crisis de valores y sin ruido ni alharacas siguen siendo gente de bien, gente que, sencillamente, hace lo que tiene que hacer de  buen grado contagiando su serenidad y alegría. No es algo exclusivo de seres con poder adquisitivo o un nivel cultural elevado. La altura la da el tono humano, diapasón de la buena convivencia en la familia, en la escuela, en el trabajo, en todas las relaciones sociales. Saber ser y saber estar forman un tándem inseparable de nuestra gente de bien. Sí, nuestra. Comprobarlo es tan fácil como seguir el itinerario personal y fijarse un poco más en quiénes nos encontramos en el camino, gente que viene y que va dejando una huella imposible de borrar. Es mucho más que tararear aquella vieja canción, Viva la gente. Mucho por ver y aprender, casi por ósmosis. Gente como usted y como yo que atrae por su modo de vivir, con esa coherencia que da aplomo a la vida. Gente que ríe y llora, que tiene dificultades y oportunidades de todo tipo… y es feliz. Gente que sueña y pisa la tierra. Gente que sabe vivir. Al comenzar un nuevo curso nos damos cuenta de la gran cantidad de tareas pendientes que a poco que nos descuidemos pueden escaparse de nuestras manos. El ayer y el mañana quedan entrelazados con cada hoy que en cierto modo se convierte en el primer día del futuro de nuestra vida. Comenzar y recomenzar es lo habitual, sin embargo no acabamos de acostumbrarnos. A veces queremos zanjar sin más nuestra respuesta a la vida que constantemente se muestra caprichosa con las mil facetas que la hacen casi irreconocible, al tiempo que lanza al aire su moneda de cara y cruz para que paguemos en su justo valor el precio de la felicidad. Felicidad que se aprende y emprende junto a tanta gente de bien. Gente cercana como usted… y ustedes también, como tú, como vosotros. Los buenos maestros siempre tienen buenos discípulos. ¡Gracias!

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

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