La voz

Hablamos y escuchamos de manera diferente según sea nuestro interlocutor. Para los enamorados apenas basta un susurro. Las órdenes alzan la voz, los consejos la modulan. El griterío la confunde. La música la entona. El dolor la silencia. El amor la siente. El trato la reconoce. Hablar claro es necesario para no convertirnos en la voz de falsos amos que irrumpen en nuestra vida tratando de arrebatarnos la libertad de decidir de acuerdo a la verdad de nuestro ser. No es necesario tener buena voz, pero sí un criterio…

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

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