La respuesta

Cuando la vida, en situaciones extremas –como lo sucedido en el Madrid Arena- nos interpela, nuestras respuestas son de lo más variopinto: llorar, reír, gritar, enmudecer; salir corriendo, quedarnos petrificados; pedir auxilio, ayudar, bloquearnos; reflexionar, debatir, protestar, acusar, reconocer, contemplar… Desalojado el local y apagadas las luces de fiesta, el equipo de sonido se ha resquebrajado en un silencio atronador, el eco traspasa las fronteras y retumba en cada corazón. Amor y dolor se funden en un abrazo eterno con la fuerza exánime de una juventud recién estrenada. La esperanza y la desesperación deambulan por doquier. La fe comienza a mover montañas de oraciones –hasta en forma de ‘tuits’-, sacrificios, anhelos e ilusiones. La fe ilumina  entendimiento y voluntad, remueve los corazones. Promesas que acarician la vida que nunca acaba. ¡Ay, morir de viejo! Jóvenes vidas tronchadas, ramilletes de ilusiones regados con todas las lágrimas. Padres que buscan y no hallan, que encuentran y se pierden en honda amargura. La noticia llega con un sinfín de interrogantes: ¿Aforo? ¿Seguridad? ¿Menores?… El ambiente queda enrarecido por la duda y la estupefacción: ¿Cómo? ¿Por qué?… Se cruzan acusaciones y excusas, previsiones que llegan demasiado tarde. Laberintos sin salida, puertas cerradas a la libertad. Fiesta de Halloween. Fiesta de Todos Los Santos. Conmemoración de los fieles difuntos: La muerte no tiene edad, el cielo parece más cerca, estamos de paso y sin esperarlo la vida se apaga. Necesitamos creer, esperar, seguir amando. La tragedia ocurrida en Madrid Arena ha conmocionado a nuestra sociedad: ¿Hasta dónde vamos a llegar? Cuando parece que no hay nada bajo control, son muchos los jóvenes que han sabido dar la talla en tan duros momentos y no son pocos los que se están replanteando su vida a la luz de la fe. Creer, esperar, amar. La sonrisa de estas chicas se funde con nuestra tristeza ¿Por qué tiene que ocurrir todo esto? Abrazamos a sus familias queriendo ser bálsamo en su dolor. “El mundo del sufrimiento humano invoca sin pausa otro mundo: el del amor humano”. La gente joven, con su coraje, va marcando el camino. La respuesta ante tanto desconsuelo recoge y perfecciona las nuestras: Dios llama a la puerta. Puede que la desolación nos aturda pero Él siempre espera. Como diría Chesterton: “Lo más asombroso de los milagros es que suceden”. En el año de la fe, los buenos testimonios  han avivado  esta  luz siempre nueva.

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

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