Pase de moda

las pasarelas son la tarjeta de presentación, más o menos original o atrevida, de un diseñador o una marca. Los desfiles de modelos tratan de impactar, sorprender, constituirse en noticia de primera página. Lógicamente las exageraciones no pasan a ser oferta de las tiendas de ropa, sin embargo no es difícil ver a personajes estrafalarios con vestimenta y abalorios que nada tienen que ver con la auténtica moda. Desorientarse es bastante frecuente cuando en la sociedad  predomina el pensamiento light y los valores se pierden en aras de un falso concepto de la libertad. Nuestra forma de vestir es  imagen de nuestro modo de ser y fiel reflejo de la época en que vivimos. La moda subraya la cultura, la percepción de la belleza y la capacidad de expresión enmarcando el espejo que refleja la sociedad a través del tiempo. Vestirse ha pasado de ser un ritual decimonónico a un dilema personal: El qué me pongo no tiene edad, abarcándolas todas desde que tenemos uso de razón. Ellos y nosotras guardamos cautelosamente un fondo de armario para solucionar imprevistos. Más que mucho, un poco de todo y más en tiempo de crisis donde los arreglos de ropa han generado bastantes puestos de trabajo seguro. Salvaguardar la propia personalidad lleva a pensar la moda: conocer el entorno y conocernos a nosotros mismos, adquirir cultura y tener una visión del mundo con la clara perspectiva de una jerarquía de valores y un proyecto de vida coherente. La moda, en constante movimiento, pasa por encrucijadas no fáciles de entender pero es necesaria para vestirnos, relacionarnos adecuadamente e incluso presumir. Una cosa son los pases de moda y otra pasar de la moda. Hemos de vestir según modos y costumbres, adaptándolos a nuestra personalidad nunca al contrario si no nos transformaríamos con demasiada facilidad  en  figuras ridículas esclavizadas por un equivocado concepto de la moda. La obsesión por la propia imagen puede conducirnos a distorsionar la realidad; ni todos somos modelos perfectos ni podemos vestirnos o desvestirnos sin tener en cuenta nuestro tipo, edad y condición social. Tan fuera de lugar es ir a la playa con traje de fiesta como acudir a la oficina con ropa playera. Ética y estética forman un  tándem a tener en cuenta, la elegancia emana del interior de la persona traspasando ropa y abalorios, está inscrita en un determinado modo de ser: ‘politesse’, cortesía, delicadeza. Es atenerse a las normas con auténtica libertad  sin que la educación  pase de moda.

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

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