Buena nueva

 Cuando esperamos recibir una buena noticia parece que la vida adquiere un tono especial, expectante. La ilusión ayuda a descubrir una perspectiva distinta en cuanto acontece. Brillo, color, alegría, luz, paz. Entusiasmados lo comunicamos a propios y extraños. El mundo  luce  de plata y oro, con lamparillas y adornos de colores, espera la Buena Nueva de  Navidad. La gente va y viene, en el bullicio callejero se entrecruzan las luces de los escaparates de grandes y pequeños comercios  e infinidad de anuncios que parpadean al unísono con  el rojo, verde y ámbar de los semáforos y las de toda clase de vehículos. Es tiempo de reír y  soñar despiertos. Recordar es volver a tener presencia. Guirnaldas de buenas acciones adornan los corazones de personas que sonríen, ayudan, perdonan, comparten, sirven, esperan, aman. La Navidad nos trae el mejor regalo: Dios con nosotros, tan cercano que se hace niño y podemos acurrucarlo en nuestros brazos y decirle cuánto le queremos. Necesitamos creer. Hay muchas estrellas en el cielo  pero sobre todas brilla la estrella de Navidad, la que guió a reyes y magos, la estrella de la fe. Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros. Sí, ahí podemos estar usted y yo como figuricas de Belén, claro que no todos podemos ser pastores y que son otros ángeles (conocidos, familiares, amigos) los que año tras año nos anuncian la auténtica Navidad que llega siempre con la esplendidez del Amor de Dios. En el Portal de Belén más que estrellas, sol y luna: La Virgen y San José y el Niño que está en la cuna. Ofrecer nuestro oro, incienso y mirra y  contemplarles. Que sí, que llega La Navidad y el mundo aún sin saberlo pide a gritos que alguien se decida a despertarle. Anuncio y compromiso. La Fe es don de Dios pero hay que ir a la fuente de la verdad. Saber, creer y querer. Días de familia, de intentar ser un poco más  buenos. Panderetas y zambombas, guitarras y cascabeles y el villancico familiar que tal vez entonemos mejor el año que viene: ‘La noche de los maitines del cielo caía nieve, apenas nació El Niño eran rosas y claveles’.

Artículo  publicado hoy en La Tribuna de Albacete

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