Callejear

 Parece que todo el mundo está en la calle, la gente va  y viene de allá para acá. Las ciudades cobran vida en estas fechas donde la alegría y la nostalgia adquieren un brillo especial  bajo  la luz y el color de la decoración navideña que enmarca el deambular de los viandantes. Familia, amigos, regalos. La algarabía contrasta con el silencio y la soledad de no pocos que aprovechan estos días para recuperar el calor del trato humano, la conversación y la sonrisa. Nadie debería estar solo pero nuestra condición humana no deja de sorprendernos con los altos y bajos de las relaciones entre unos y otros. Siempre convence el cariño por su capacidad para volver a empezar las veces que sea necesario. Es Navidad y desde el fondo de nuestro corazón crece el anhelo de ser mejores y ayudar a los demás. El nacimiento del Niño Dios  nos enternece y despierta. Sí, es bueno callejear, sin pausa ni prisa por las calles de nuestra ciudad y de cuando en cuando, pararnos a hablar con unos y otros y escuchar. Mirar y ver más allá de nuestro pequeño mundo tan absorbente y cegador. Los demás siempre están y nos esperan. Es tiempo también de callejear por las calles del alma y reconocernos. Del bagaje personal del año que acaba vamos a quedarnos con la ilusión de empezar el año nuevo  y agradecer la oportunidad de volver a intentarlo. Me gusta callejear por las calles de  mi ciudad, disfrutar de su belleza, descubrir rincones nuevos; andar y desandar el camino, pasear sin rumbo ni destino, observar el ir y venir de la gente, su modo de ser y hacer, historia y costumbres. Me gusta estar entre ellos -nosotros- en medio, como uno más y vivir sus -mis- afanes y quehaceres. Somos ciudadanos del mundo y también podemos recorrer sus calles aunque sea de manera virtual, callejear por la gran aldea global abre la mente a otras culturas y nos ayuda a cruzar el charco de esas limitaciones que torpemente nos frenan por falta de miras. Al entreabrir el año 2013 y comenzar a callejear me encuentro con mis pacientes lectores, a los que deseo toda la felicidad del mundo. Un aviso: seguiré en mis trece, escribiendo.

Publicado hoy en La Tribuna de Albacete

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