Por descontado

 Seguro, por supuesto, de manera indiscutible, podemos confiar en quiénes nos representan (¿…?). La aparente gravedad de los últimos acontecimientos hace no solo dudar sino  desconfiar cada vez más. La célebre frase ‘Ni quito ni pongo rey, solo ayudo a mi señor’de Bertrand Du Guesclin, nos sirve para defender al pueblo soberano; el cómo viene subrayado con verdad, justicia y honradez. El vocabulario español es tan rico que no queda indemne ante la avaricia de los depredadores del poder que aparte de hacer un flaco favor a la clase política -desprestigiada por los malos usos y abusos de gente desaprensiva-, estos falsos gerifaltes nos están dejando sin palabras para calificar las artimañas empleadas con el fin de lucrarse de manera tan desproporcionada y escandalosa. La gravedad de los hechos nos salpica a todos, en el sentido de que ya no podemos callar o mostrar nuestra impotencia –bastante real- ante tanto desvarío. Estamos en el mismo campo de batalla, aquí no hay vencedores y vencidos y aunque ‘La responsabilidad es algo que no se puede medir con un compás’, nos compete a cada uno un radio de acción en el que  podemos y debemos ejercerla; es un boca a boca para volver a respirar aire puro. De una parte, exigir que se cumpla la Ley a rajatabla, de otra, autoevaluarnos con un sincero  examen de coherencia. No deja de ser llamativo el fraude de personas dependientes  que cobraban prestaciones por duplicado y los muertos que seguían ‘en activo’… ¡penoso! De la España profunda pasamos a un país corrompido. No todo está perdido pero si no nos aplicamos en buena conducta será muy difícil superar la crisis. Hay deberes para todos. Esforzarnos de verdad en ser mejores personas. Andamos demasiado desarraigados y así nos va. Partir de cero no tiene sentido pero sí apoyarnos en lo que realmente funciona. La familia cobra protagonismo  motu proprio: En la medida que mejoren sus miembros, lo hará la sociedad. «El hombre, por encima de toda actividad intelectual o social por alta que sea, encuentra su desarrollo pleno, su realización integral, su riqueza insustituible en la familia. Aquí, realmente, más que en cualquier otro campo de su vida, se juega el destino del hombre» (Juan Pablo II). El presente es el ahora de nuestra vida. Hay muchas personas que saben dar la talla en todo momento, políticos también. Llegar al fondo de la cuestión es necesario e imprescindible dar por descontado la bonhomía de quienes nos representan.

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

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