Buenas noticias

34-49543Parece que las buenas noticias en realidad no lo son porque escasean y más si se trata de una noticia de portada. A poco que nos esforcemos podemos descubrir que todos los días ocurren cosas dignas de las mejores exclusivas.

Hoy, día de San Francisco de Sales, Patrón de los periodistas,este pequeño regalo que en su día fué envuelto en papel de periódico.

Periódicos,revistas,el periodista

“¡Periódicos!… ¡Revistas!… ¡El periodista!” De esta guisa, anunciaba la venta de prensa, un personaje típico de mi pueblo ―Yecla― allá por los años sesenta. Si mal no recuerdo, se llamaba Rogelio. Parecía que disfrutaba con su trabajo, a bordo de una antigua bicicleta  sobre la que portaba las diversas publicaciones. Siempre iba a toda máquina  –a pesar de ser algo mayor― y vociferando a todo pulmón, lo que la chiquillería coreaba corriendo tras él: “¡Periódicos!… ¡Revistas!… ¡El periodista!” Hacía ademán de ir a por ellos y los dispersaba. Esa algarabía se repetía día tras día, como en tiempos más remotos sucedió con el carbonero, el vendedor de agua cebá, el afilaor y el sereno. Personajes cuyo marketing era su propia voz, el ruido del traqueteo de una carretilla, el soplido silbante de un pito, o el tintinear de unas llaves. Todo muy elemental, incluso rutinario, pero la comunicación era directa. Los tiempos no sólo han cambiado sino que amenazan con cambiarnos si no sabemos utilizar el avance tecnológico sin deshumanizar la comunicación interpersonal.

“En el caso de la prensa escrita, el aumento  de la inserción de anuncios está alcanzando un grado preocupante. Primero, por la pérdida de independencia que supone. Segundo, por la poca credibilidad que el exceso de publicidad provoca en el lector. Según un estudio del periodista de Los Angeles Times David Shaw, recogido por Aceprensa, en algunos casos la publicidad supone un 80% de los ingresos, lo que difumina la frontera entre la redacción y el marketing. Los procedimientos inventados por los publicistas van desde la mención en los artículos de los anunciantes que más dinero dejan en el periódico hasta el sistema de crear secciones que coincidan con los intereses de los empresarios y sirvan para atraer su publicidad. Incluso, como detecta Shaw, se busca una sinergia entre periodistas y comerciales, con iniciativas que llevan a valorar cada sección por las ganancias o pérdidas económicas que tiene” (Helga Martinez. Nuestro Tiempo, revista mensual de cuestiones actuales).

Observo, a lo largo de la jornada, la mesa del cuarto de estar. Como si de un ritual se tratara, paulatinamente, se van ―vamos― apilando periódicos y revistas del día o atrasados. Escribir es un medio de estar con la gente. Te importa publicar para transmitir lo que escribes. El agradecimiento verdadero es una de las mayores compensaciones que uno puede tener. De hecho, comprobamos una y otra vez que este trabajo vale la pena, por cada una de esas personas que lo valoran, aunque, a veces se dejen influir por la amistad o cariño. Claro que una cosa es ser colaborador/a de un periódico y otra periodista. ‘Somos ―me comentaba un buen profesional y amigo― como una bomba de relojería. No se sabe cuando va a estallar. Por donde vamos a salir.’

Por ello, le recordé, cuando uno de los corresponsales retenidos en Yugoslavia, sacaba unas notas escondidas en el dobladillo del pantalón. Y más, cuando uno de mis hijos con vocación de periodista desde los tres años (ahora, con dieciocho, está en COU), exclamó:-‘Yo estaría allí.’

Sin pensarlo exclamé: -‘¡Entonces no quiero que seas periodista!…’

Nos miramos y sonreímos. Alrededor de esa mesa camilla, hemos tenido muchos ratos de charla y ya sabemos por donde van los tiros. Lo que ocurre es que las madres queremos la luna para nuestros hijos; pero con frecuencia olvidamos que ella no va a bajar.

Y yo, quisiera decirle que fuera responsable y libre al mismo tiempo. Que los estudios, la vida universitaria, son como un ensayo de la realidad de la profesión. Que no olvide lo esencial; por trabajar demasiado deprisa, por darlo por supuesto, o porque la rutina termina por ocultar lo más importante. Que no olvide la importancia de una buena noticia, a pesar de la fascinación por la Informática e Internet. Quisiera decirle que el mismo hecho de vivir es una noticia que debería sorprendernos cada día. Que sepa digerir tanto el éxito como el fracaso. Que no deje de sonreír a la vida, y si es necesario gritar: “¡Periódicos!… ¡Revistas!… ¡El periodista!”

20 de abril de 1999

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