Páginas

 Son miles de millones las escritas a la largo de la historia, pero todavía quedan otras tantas en blanco sobre las que, de manera diversa, podemos tomar nota a pie de página de la vida misma que constantemente nos regala vivencias para guardar en el corazón y de cuando en cuando compartir. Al comenzar a escribir la columna de hoy no puedo negar que me gustaría borrar aquellas páginas que desdicen de la condición humana, sobre todo pensando en tanta gente joven que, en la actualidad, anda desilusionada, deambulando de un sitio a otro en busca de la primera oportunidad para trabajar unos; otros, intentando recuperar el empleo perdido y no pocos con su flamante currículum repleto de horas de estudio que casi, casi, consideran perdidas; mientras, contemplan estupefactos cómo se multiplican los casos de corrupción en todos los estamentos del poder. Ojalá podamos pasar página pronto. De momento, vamos a aprovechar los espacios en blanco que nos brinda la vida para tomar buena nota y conformar la existencia subrayando en nuestro modo de ser y obrar las mejores vivencias. En realidad somos lo que queremos ser si de verdad nos lo proponemos. A lo largo de la historia –lejana y reciente– son muchos los modelos a seguir. Sin embargo, la realización es personal. Somos irrepetibles, aunque no pocas veces nos gustaría ser de acuerdo a unos ideales casi inalcanzables. La vida que tanto complicamos es mucho más sencilla. Pisar tierra y reflexionar. Ser uno mismo, reconocernos en nuestro ser y obrar: coherencia. La mayoría de las personas somos gente normal, nos equivocamos y escribimos las páginas de nuestra vida con algún que otro tachón que tratamos de enmendar con el borrón y cuenta nueva de volver a empezar siempre, pero se nos olvida. Por eso no viene nada mal que de vez en cuando alguien nos dé un toque de atención. Aparte de aquellos –familiares, profesores, etc. – que habitualmente nos ayudan, otros lo hacen por ser como son, sin más, y quiénes, a pesar de tener alguna limitación especial, nos interpelan magistralmente. Esa página de mi historia la escribe siempre una persona que aparentemente no hace nada extraordinario. Nos vemos con cierta frecuencia y, de vez en cuando, tan sólo se acerca a mí sonriendo al tiempo que me pregunta: “Tú eres Kika Tomás, ¿verdad?…” Como pueden suponer, la respuesta es personal, pero tengo que decirles que esa página no dejo nunca de visitarla. Borrón y cuenta nueva.

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

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