De carnaval y otras máscaras

Por celebrar que no quede. La fiesta de carnaval se considera como una especie de permitido desenfreno donde el todo vale parece ser la moneda de cambio. La algarabía y descontrol antecede al tiempo de Cuaresma. Las mezclas no hacen fácil un buen arbitraje de sensatez y coherencia.

Son muchas las celebraciones que festejan este tiempo de carnaval. Entre los más famosos el de Venecia, Rio de Janeiro, Santa Cruz de Tenerife y Cádiz. Desde la ‘Tacita de plata’, Chirigotas cargadas de sentido del humor que no dejan títere con cabeza.

El espectáculo está servido por el sambódromo de Río. El anonimato siempre ha favorecido a la delincuencia. La película Orfeo negro es todo un símbolo.

La espectacularidad de los desfiles realza la belleza de modelos y trajes pero la procacidad no suele ser plato de buen gusto.

El tiempo de carnaval tiene su parte lúdica en los disfraces de los más pequeños de la casa que son la delicia de padres y abuelos.

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Tras las máscaras y el desenfreno, la realidad de la vida que nunca puede enmascarase. Antes o después la verdad se demuestra sola. Afrontarla es el mejor modo de encarar la vida. Nobleza obliga.

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