Tiempo de silencio

Ante el anuncio de Benedicto XVI de dejar su ministerio por falta de fuerzas, se han alzado voces por doquier, originando un sinfín de opiniones  sobre lo divino y lo humano que han dado un vuelco de trescientos sesenta grados al contenido en los medios de  comunicación. El mundo entero está pendiente de Roma, del futuro inmediato de la Iglesia Católica.  Sorpresa,  emoción, respeto, reconocimientos, dudas, esperanza, fe.  La egregia figura del Papa parece sellada por la grandeza de su sencillez. ‘El humilde siervo de la viña del Señor’ ha hecho con su ayuda cuanto ha podido. Ahora es Dios quien decidirá sobre qué ‘piedra’ seguirá edificando su Iglesia. Precisamente,  Benedicto XVI ha sido piedra angular en este convulso Siglo XXI. Su vida y obras conforman un extraordinario testimonio de fe y razón,  verdad y amor, sencillez y sabiduría… y sobre todo, santidad. Este adiós es literalmente un ‘a Dios’ firme y preclaro, con abundante  doctrina de teólogo y  piedad de niño –como aquel pequeño que correteaba por su Alemania natal-  que se ha resuelto en la certeza de ponerlo todo en manos de su, nuestro Padre Dios. Este Papa no nos abandona, tampoco nos deja tiempo para la nostalgia.  Al leer parte de su legado notaremos su cercanía sí, pero sobre todo el  atractivo de la doctrina de Cristo. Hemos tenido un buen maestro, su sonrisa paternal ha desterrado toda rigidez, nos ha cautivado. Su voz afable ha propiciado un clima de confianza.  ‘Recemos por el Papa para que el Señor le proteja, le de vida y  le  haga feliz en la tierra’. Ha recibido muchos talentos y, a simple vista, los ha hecho fructificar abundantemente. ¡Habemus Papa!… Ahora y cuando Dios quiera. En el fondo, muchos sentimos este adiós sin despedida. Somos humanos y necesitamos la cercanía. Nos habíamos acostumbrado a la seguridad de su presencia entrañable, como los hijos pequeños que no se preocupan de nada porque saben que su padre vela por ellos. BenedictoXVI  no se ha arredrado ante la dificultad y ha gobernado La Iglesia con pulso firme. Ahora, cuando las fuerzas le fallan, como hijo predilecto, lo deja todo en manos de Dios. Tenemos mucho que agradecer a este buen Papa y nos gustaría que supiese de nosotros, de nuestro cariño e incluso de nuestros propósitos por intentarlo de nuevo y mejorar. Son muchas las portadas de periódicos dedicadas a Benedicto XVI. También le podemos dedicar a él y al próximo Papa tiempo de oración, tiempo de reflexión, tiempo de silencio.

Artículo publicado hoy e La Tribuna de Albacete

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