Sobres usados

Cuando la costumbre del reciclaje  no había entrado de lleno en nuestra cultura, los sobres de las cartas recibidas en la correspondencia diaria eran cuidadosamente guardados por nuestros mayores para destinarlos –con o sin matasellos- a un nuevo uso. En realidad  ocurría  que se aprovechaba todo al máximo y no se tiraba nada. Ahora, sin dejar de sorprendernos, estamos siendo invitados, sin coste alguno – ¡pero a qué costas!- al patético espectáculo de una corrupción que se extiende implacablemente sobre el mundo que nos rodea y  sobre nosotros mismos. Personajes sin escrúpulos han tirado de todo –sin tener en cuenta a nadie- con tal de  aprovecharse, al máximo también, de cuanto han podido. La circulación de ciertos sobres sin claridad de contenido y destino ha dejado la evidencia de esta profunda corrupción que  supera límites que jamás nos hubiéramos atrevido a pensar. Esos son sobres untados y no quiero utilizarlos para nada. Usos y costumbres pasan casi imperceptiblemente de padres a hijos como impronta de una tradición familiar. Recuerdo unos sobres de color amarillo  y otros de color blanco con la dirección tachada donde mi padre escribía su nuevo destino y guardaba recortes de periódicos, etiquetas de farmacia, sellos usados, hojitas del famoso taco de calendario del Corazón de Jesús, estampas, alguna que otra fotografía en blanco y negro  y  algún que otro dinerillo agrupado por su valor y destino. Eso sí, anotado puntualmente en sus libros de contabilidad. Siempre fue, a la vieja y noble usanza, un hombre de honor. Ahora, igual que ocurre en todas las épocas, han cambiado mucho las cosas para bien y para mal. A golpe de ratón recorremos el mundo en un santiamén al tiempo que el hombre parece deshumanizarse a pasos agigantados. La ley de la oferta y la demanda apenas se sostiene en un mar de dudas agitado por un convulso relativismo que confunde y desorienta a la persona. Lo instantáneo prevalece en las comunicaciones sociales. Escribir o recibir una carta se está convirtiendo en una lenta cadencia que amenaza con desaparecer pero el cartero… ya saben, siempre llama dos veces. Por si acaso, guardo algunos sobres usados que utilizo para atesorar recortes de periódico, garantías, listas de libros, alguna que otra poesía y también fotografías en blanco y negro de un tiempo pasado que quizá fue mejor en muchos aspectos pero me quedo con el de punto y seguido de la continuidad de nuestra vida como sobre usado en el que vamos atesorando los mejores recuerdos.

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

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