Aprendizaje

 La vida es una maestra preclara que nos da infinidad de lecciones, muchas de ellas magistrales. Ser alumno aventajado suele ir acompañado de cierta experiencia en el arte de vivir, es decir años. Sin embargo, por circunstancias diversas, hay muchos jóvenes que también destacan. El aprendizaje es  un proceso, más o menos ágil en cada persona, a través del cual se adquiere o perfecciona el amplio abanico de habilidades, conocimientos y valores o virtudes. Observación, estudio, instrucción, razonamiento y, repito, la propia experiencia, contribuyen a ello. No podemos saberlo todo pero tampoco presuponer lo que los demás saben. La vida es un libro abierto en el que vemos reflejadas las mejores lecciones pero aprenderlas de ‘p’ a ‘pa’ es otra cuestión.  Lo mejor es comenzar por lo más elemental que en el caso de la existencia de cada ser humano se convierte precisamente en su fundamento: querer. Entendimiento y voluntad, alma, corazón y vida quedan engarzados, formando la personalidad en esa entrega permanente que fortalece nuestro vivir. Aprendemos cada día desde la luz del amanecer. Son muchas y variadas las circunstancias que podemos atravesar con el pasar de los años, como  juego de espejos en el que, antes o después, nos vemos reflejados. Lo que importa es que nuestra imagen no resulte distorsionada por no aplicarnos en cuanto fundamenta nuestra existencia. Querer lleva implícito renunciar, desprenderse  de proyectos y esperanzas que pasan a ser fermento de otros mejores y más novedosos. Aceptar, ver casi sin mirar, respetar y, sobre todo, querer a los demás hasta extremos que se acercan y se alejan dándonos la mejor perspectiva de las situaciones que la vida nos invita a vivir. Es en  familia donde, casi sin darnos cuenta, aprendemos a querer, como el respirar. Latido a latido, el corazón se entrena constantemente y de padres a hijos, el cariño se transmite como fundamento de las relaciones humanas, donde el primero siempre es el otro. Después, a medida que pasan los años, gratamente sorprendidos, descubrimos en nosotros mucho de nuestros mayores y  de modo natural vamos comprobando  cuánto aprendimos de ellos, desde las convicciones más nobles hasta los detalles más insignificantes. De ahí la importancia de proteger a la familia desde todos los ámbitos de la sociedad. ‘¡Familia, sé lo que eres’! proclamaba el Beato Juan Pablo II. Padre, madre, hijos. Así, de generación en generación, aprendemos a querer como se aprende a vivir, en familia.

 

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