Dejar huella

 

Puede que en el fondo a todos nos guste eso de dejar huella en el andar de nuestra vida y lo más normal es que sea reconocida por las personas del entorno más cercano; familia, vecinos, amigos, compañeros de trabajo o de penas y fatigas. Se hace camino al andar y son muchos los caminos que podemos recorrer sin apenas dejar rastro porque el  acontecer de los días se sucede casi atropelladamente. Lo que en apariencia fue importante ayer se diluye en el recuerdo.  Ser o no ser, la eterna cuestión que cada uno ha de resolver a título personal. A poco que reflexionemos, descubriremos en nosotros mismos la huella indeleble de quiénes nos precedieron y también la que dejaron personas que por su modo de vivir influyeron notablemente a nivel mundial. Hombres y mujeres que destacaron en su tiempo y atravesaron en cierto modo la barrera del sonido para que su eco permaneciera en el tiempo. Sirvan estas letras para homenajear hoy a dos mujeres recientemente fallecidas: Sara Montiel y Margaret Thatcher.  Del ramito de violetas a la Dama de hierro apenas hay un abismo de sabiduría que cada una ha utilizado a su libre albedrío. Si ya no siempre fumar es un placer, no dejará de serlo nunca contemplar las férreas convicciones que ornaron a la ex primera ministra británica, primera mujer en llegar a Downing Street como jefa de Gobierno que supo hacerse con las riendas del partido y con las elecciones. Elegir no siempre es fácil. Del último cuplé, el sabor castizo. De Sara Montiel, la belleza de Sarita eclipsando Hollywood. De Margaret Thatcher, afirmó el viceprimer ministro liberal, Nick Clegg <<Sea cual sea el lado del debate político en el que se ubica cada uno, nadie puede negar que, como primera ministra, dejó una huella única y duradera en el país al que sirvió>>. En 1979 asumió las riendas de un mundo de hombres citando a San Francisco de Asís  prometiendo <<llevar la armonía donde hay discordia y esperanza donde hay desesperación>>. Hay huellas que quizá no están en nuestro camino pero imprimen un sello de coherencia. Inmersos en una tremenda crisis de valores que  ha descalabrado la economía y credibilidad de nuestro país, animaría a políticos y no políticos a coger, entre otras, las riendas de sus vidas. No seré yo la que fume en la espera por si largo me lo fiáis ya que el tabaco daña peligrosamente la salud. Prefiero –como he leído sobre Margaret Thatcher- ser seductora en la amistad, un tesoro que no tiene precio y deja huella.

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