Gerardito

Hoy es la fiesta de La Ascensión del Señor a los cielos. Son muchos los niños que en esta fecha hacen la Primera Comunión, han recibido durante un tiempo la catequesis de preparación y se saben al dedillo las preguntas del Catecismo pero también en no pocos casos se crea en ellos un extraño desconcierto, acompañado a bombo y platillo por celebraciones que se asemejan a bodas e interminables listas de regalos que repartidos harían sonreír a más de un niño. La vida está llena de contrastes que pueden realzar o difuminar la importancia de cuanto acontece. La crisis económica ha puesto freno a lo que no ha sabido atajar el sentido común para reducir gastos y fastos. Son también muchos los niños que se acercan a recibir a Dios, con la sencillez y ternura que les caracteriza, esmerándose en ese buen comportamiento que tanto complicamos los mayores, rectificando una y otra vez, con el empeño y la ilusión de que Jesús esté contento. ¡Si supieran cuanto nos ayudan sus peripecias infantiles!… Para querer como quieren ellos –sin complicaciones- tenemos que recuperar al niño que fuimos y volver a intentarlo siempre. Hoy les contaré la Primera Comunión de una niña que fue feliz ese día y sin embargo apenas recuerda los regalos que sin duda tuvo  pero que gracias a sus padres quedaron relegados al lugar que les correspondía. Ceremonia sencilla y fiesta familiar en casa. La anécdota inolvidable, el cuento que su padre le contaba con frecuencia: ‘Gerardito’, creo que del Padre Coloma. Era un niño que jugaba al escondite con el Niño Jesús y muchas veces no podía encontrarle hasta que le dijo donde estaría siempre, en el Sagrario.  Han pasado muchísimos años y entre los laberintos de la memoria veo la sonrisa de mi padre cuando el día de mi Primera Comunión yo le decía: ‘¡Cuéntamelo otra vez!’ La verdad es que apenas tenía seis años pero entendí a la perfección la presencia de Dios en La Eucaristía. En este año dedicado a la Fe, descubro una vez más la importancia de la familia y la felicidad de acercarnos al altar del Dios que alegra nuestra juventud aunque peinemos canas. Erase una vez un niño que descubrió a Jesús jugando con Él … Hay cuentos que son también para mayores, sobre todo cuando no han perdido la costumbre de ser como niños y abren de par en par sus ojos, su mente y su corazón… ‘¡Cuéntamelo otra vez!’

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