Falsilla

 No tengo a mano una hoja de papel con líneas muy señaladas que me sirvan de guía para escribir con seguridad. Son gajes de este oficio marcado con la impronta de las teclas del portátil, personal o no en cuanto al propio estilo, labrado en el trabajo diario. La falsilla se ha transformado en el bagaje que cada cual ha acumulado en su vida, coordenadas que perfilan las líneas ascendentes y descendentes, quebradas en ocasiones por los avatares propios de la profesión, surcada de letras y teclas que danzan al unísono marcando el compás que elige cada autor. Entre líneas les diré que todos tenemos una falsilla personal, marcada con trazos precisos por cuantos han influido en nuestras vidas. Esas líneas están muy señaladas tanto en sentido positivo como negativo. No se reduce a un tajante hacer o prohibir. Ideales y convicciones fundamentan el engranaje que se enriquece con palabras y conceptos, cogidos al vuelo de la vida, sin achatar horizontes. Casi sin darnos cuenta nos aplicamos en seguir esa falsilla, forjando la propia personalidad, al tiempo que vamos descubriendo las líneas maestras de quiénes nos ayudaron respetando nuestra libertad. ‘Falsilla de falsillas’ podría ser el título de este artículo que escribo acariciando, prácticamente, las teclas del ordenador, sin pausas, sin prisas, como un ir y venir por la vida recordando los mejores ayeres, disfrutando el hoy y afianzando el mañana. Sí, parece un juego y les invito a participar, la condición sine qua non es jugar como un niño porque según Chesterton, significa hacer como si el juego fuese lo más importante del mundo. Además, añadía: ‘Cualquiera que quiera jugar a algo tiene que ser en serio. Mientras que, tal como puedo atestiguar, quiénes se dedican a escribir artículos pueden decir cualquier cosa que se les pase por la cabeza’. Me pregunto si tendría que darme por aludida pero estoy demasiado ocupada tratando de no salirme de la falsilla y no voy a perder el tiempo en cábalas después de haberlo ganado preparando el encuentro de cada domingo -a través de la columna en La Tribuna de Albacete- con los lectores de estas líneas que trato de señalar bien. La paradoja es que la verdad de su contenido  pueda un día convertirse en falsilla.

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