Descansar

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Es hacer un alto en el camino para reponer fuerzas. Cambio de actividad o disminución de la misma. Trabajo y paro se entrecruzan con situaciones un tanto paradójicas; empleo y eventualidad, pobreza y soledad, lujo y despilfarro, mala administración, corrupción. La costumbre de mirar con disimulo –más o menos intencionado- hacia  otra parte no desdibuja la inquietante realidad. Son demasiados los problemas que abruman a un sector importante de la población y que en realidad nos afectan a todos. No tener y  deber se combinan hasta la saciedad, haciendo auténticos malabarismos en situaciones abocadas al descalabro económico. Afrontar los hechos poniendo todos los medios posibles e imposibles, ha sido tarea de los mejores emprendedores aunque la cuenta de resultados diste mucho de cuadrar. Apoyar y ayudar a los más necesitados es tarea que no admite vacaciones. El sol del verano se ha desperezado del  letargo invernal. La intensidad de su luz ciega y el calor ya es abrasador. Este verano, como todos los veranos, promete ser diferente. El descanso es necesario tanto para la salud física como para la mental: Mens sana in corpore sano. Reponerse para retomar nuestro camino. Son múltiples y variadas las opciones del descanso. No hace falta viajar al fin del mundo ni hacer grandes desembolsos para además de descansar, pasarlo bien. En familia, es la mejor opción. Antiguamente, la gente se explayaba tomando el fresco en la puerta de su casa, conversando con los que por allí pasaban. Son demasiados los que pasean por nuestra aldea global para ‘pegar la hebra’ con todo hijo de vecino. Estamos al mismo tiempo cerca y lejos unos de otros. Sin embargo, la historia se repite aunque no de viva voz. Enviamos mensajes, chateamos y nos llegan ríos de información; ideas e ideales para saber utilizar nuestro tiempo libre. Escuchar música, leer un buen libro o ver una buena película. Realizar trabajos manuales (Labores, bricolaje), estudiar y de cuando en cuando, un buen chapuzón en alguna piscina o en nuestro Mediterráneo. Es tiempo de caminar, de hacer algún deporte, de jugar con pequeños y mayores, de soñar bajo el cielo azul amainando las preocupaciones. Es tiempo también de salir de nosotros mismos, del mí, para mí, me, conmigo y acercarnos con interés a cuantos nos rodean. Este verano puede que sea inolvidable si aprendemos a descansar de verdad. La vida, generosa, nos regala un verano tras otro, esperando que disfrutemos para poder seguir en la brecha

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