El abrazo

Quizá no recordemos el primer abrazo que recibimos pero la mayoría de las personas sabemos de la emoción y ternura de nuestros padres al acoger nuestra vida y estrecharla entre sus brazos. Nada como el regazo de una madre respaldado por la fortaleza del padre. Confianza y seguridad de la familia. Abrazos de encuentro y despedida a lo largo de nuestra existencia que el amor engrandece a la medida de cada corazón. El vertiginoso latir de la existencia puede llevarnos a sentirnos desasidos, dando tumbos, sin raíces ni rumbo fijo, desnortados hasta que por circunstancias diversas nos encontramos cara a cara con realidades que de un modo u otro nos interpelan. La Jornada Mundial de la Juventud es una fiesta de Fe y alegría que  va recorriendo de la mano del Buen Pastor –el Papa- los cinco continentes. Y es en Río de Janeiro donde El Corcovado, El Cristo Redentor tiene abiertos los brazos para acoger a cuantos quieran acercarse al Dios que alegra nuestra juventud. ‘Pon a Cristo en tu vida, pon tu confianza en Él y no quedarás defraudado’.’La juventud tiene que ser fuerte, alimentarse de su fe y no empacharse de otras cosas’. Un millón de personas en Copacabana y millones en el mundo deseosos de abrazar la Fe. Fe –repito- es lo que necesitamos para ver más allá de cuanto ocurre a nuestro alrededor, sobre todo cuando se trata de accidentes, como el de Galicia, que se cobran vidas humanas a precio de saldo por la negligencia, temeridad, fallo humano o errores de toda índole que conducen al horror de la muerte, inesperada y violenta, de personas inocentes que han sido cruelmente arrojadas del tren de la vida. Pasajeros que han llegado a otro destino mientras en la estación de la existencia tratamos de encontrar el nuestro. El dolor y la pena han sido abrazados por el cariño y la solidaridad de todos. Oraciones y ríos de lágrimas. Porqués sin respuestas. Fe sin porqués. Estamos de paso y necesitamos confiar en quien no nos defraude. Quisiéramos abrazar a las víctimas y familiares del accidente de Galicia y lo haremos en cada abrazo que reciba el apóstol Santiago de los peregrinos. Todos lo somos en el camino de la vida. Necesitamos ser acogidos. ‘Por una parte es Jesús el que nos acoge, por otra también nosotros hemos de acogerlo, ponernos a la escucha de su palabra’. (Papa Francisco). Abrazos.

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