Entretela

Hay poca tela que cortar en determinadas prendas de vestir o desvestir, según se mire. Llegada la época estival, el bronceado corporal es buscado con ahínco por personas de toda edad y condición. Playas y piscinas se convierten en hormigueros multicolor, laberintos insondables que hacen prácticamente imposible descubrir  hasta ‘¿Dónde está Wally?’(Martin Handford1987). Si la pista para encontrar al personaje de esta serie de libros era que siempre vestía igual, la marea humana que rebosa nuestras costas, hace difícil reconocer quién es quién, incluso es más fácil perderse en todos los sentidos. Para gustos, los colores de siempre; ahora se llevan los ácidos pero lo que deslumbra y quema  es el sol, conviene protegerse. Aunque parezca un contrasentido, hoy quería escribir sobre la entretela, ese tejido que se pone entre la tela y el forro de una prenda de vestir para reforzarla o darle consistencia. No voy a dar una especie de clase de corte y confección porque no es lo mío. Quisiera, sin aguja ni hilo de coser, ayudar a reforzar y dar consistencia a nuestro particular modo de vestir. Hay prendas que nos dejan prendados porque agrada como luce el personal, también abunda una corriente de mal gusto que funde los plomos del saber estar. Los cánones de belleza se airean con un amplio abanico de tejidos, colores, complementos y abalorios sin fin… con cierta medida, más allá del sistema métrico decimal. El sentido común es nuestro Wally particular para no perdernos en extraños laberintos de un distorsionado  juego de espejos. Es verdad que hace mucho calor y que con frecuencia no sabemos qué ponernos para combatir el sofocón. Hemos de salvaguardar la entretela de la dignidad personal, cubriendo adecuadamente nuestro ser corporal que al fin y al cabo es el referente de nuestra intimidad. No es cuestión de consistencia o abundancia de telas. La entretela del buen vestir define la personalidad acorde con el tiempo y el lugar en que vivimos. Cuando sube la marea ponerse a buen recaudo. En este caso, un básico fondo de armario que no desfonde todas nuestras posibilidades. Conocerse y reconocerse tal como somos. La talla única en ciertas prendas carece del mínimo sentido de la estética. El que no tengamos un cuerpo diez no nos ha de llevar a suspendernos en el vacío de las falsas apariencias. Es bueno recordar que la auténtica belleza está en nuestro interior pero tampoco hay que descuidar la entretela del arreglo personal. Espejito, espejito…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s