Olimpiadas

 

A estas alturas, el pódium olímpico estará felizmente ocupado por la ciudad elegida como sede de los Juegos de 2020. El 7 de septiembre pasará a los anales de la Historia como fecha emblemática de las Olimpiadas. Ojalá luzca con todo su esplendor La Puerta de Alcalá, magnífico anagrama de la Villa y Corte de Madrid. ¡Mírala, mírala, mírala!… ¡Ahí está, ahí está, ahí está!… Alea iacta est (la suerte está echada). Enhorabuena a los ganadores. Todas las ciudades participantes  han formado  equipos de excelencia, alcanzando la cifra máxima de colaboración, aunando esfuerzos  y  voluntades en pro del bien común. Mírala, mírala, mírala… que algunos sueños pueden convertirse en realidad. Cada cual puede ver los pros y los contras de llegar a lo alto de tan ansiado pódium, como ciudad elegida para los próximos Juegos Olímpicos del Siglo XXI. Interesante aprovechar las infraestructuras existentes, su  mejora y la construcción de otras nuevas, con el consiguiente aumento de puestos de trabajo, tan necesarios en estos tiempos  de crisis económica. Dudas sobre la rentabilidad de las inversiones cuando el dinero brilla por su ausencia. Son muchos los intereses creados ante un evento de tan gran magnitud. Oro, plata y bronce, medallero que tintinea en la ilusión de cuantos compiten, culminando como corona de laurel del éxito alcanzado tras el constante esfuerzo a lo largo de toda o casi toda una vida. No sé cuál será la ciudad elegida pero creo que por unanimidad el espíritu olímpico lo pondríamos de buena gana en lo alto del pódium de nuestra vida, entrenándonos con  esfuerzo continuado, ilusión y afán de superación por conseguir las mejores metas a lo largo de la existencia. Las lecciones más brillantes las recibimos de  deportistas, sobre todos de los más cercanos. La participación en unos Juegos Olímpicos subraya la validez del camino elegido. Sin duda cada uno tiene el suyo. Nadar, correr o casi volar… ya sabemos cómo se avanza. La esperanza, llegar a la meta. De momento, con espíritu joven, la mirada la tenemos puesta en el futuro. Si querer remediarlo, nos atrevemos a unir nuestras voces para cantar: ‘¡Mírala, mírala, mírala!… ¡La Puerta de Alcalá!… ¿La habrán visto?… ‘¡Ahí está, ahí está, ahí está!… ¡La Puerta de Alcalá!…

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