Señorío

‘Dignidad de señor. Gravedad y mesura en el porte o en las acciones. Dominio y libertad en el modo de obrar, conforme a razón. Moderación y elegancia en el aspecto físico, o en la forma de comportarse. Dominio de sí mismo, especialmente sobre las propias pasiones’.  Si el Diccionario de español es rico en definiciones, mayor es la riqueza de nuestra Lengua que contiene y derrocha con generosidad palabras que nos dejan sin ellas, ante tan inmensa capacidad de expresión. Señorío, modo de ser y actuar; elegancia y frescura; capacidad de atender y comprender; delicadeza y soltura en el trato; prestancia, empaque. No son pocas las personas que con su sola presencia imantan con poderío, atraen por ser como son: atemperadas, a la medida justa (siempre generosa), equilibradas y nada estiradas. De hablar quedo y de prudente silencio. Sabias, con esa sabiduría que se aprende de la vida. De más o menos letras, poderío o riqueza, pero sabiendo estar en su sitio, contra viento y marea. Señores y señoras de su ánimo que, virtualmente, enarbolan de bandera. Otros hay que lo tienen exaltado y ven lo que no hay, ignorando lo real. La cuestión de ser o no ser adquiere una cadencia que sólo percibe la actitud serena. Señorío es alegría y brío, saber decir y saber callar, escuchar, dejar hablar. Señorío es opinar distinto pero no distante; aplaudir aciertos y disculpar errores. Pasar, casi sin ser visto, dejando huella. Abrir y cerrar puertas, cuidando no dar portazos. Reír sin estridencia. Llorar sin desgarro. Jugar limpio. Llegar a tiempo, sin necesidad de ser el primero. Ganar con humildad, perder con gallardía. Querer con toda el alma, sabiendo entregar la vida. Soñar y vivir despierto. Pensar en los demás. Ceder el paso y saber agradecerlo cuando lo ceden primero. Señorío es sinceridad, transparencia, confianza, grandeza. Señorío es saber gozar de la vida, agradecerla, compartirla. Ser señores de nuestro ánimo ¡Ahí es nada! Inteligencia y voluntad bien conjugadas. El yo, nunca va primero y, en último lugar, agravios y peroratas, en el furgón de cola de las relaciones humanas. Si el señorío campara a sus anchas en familias y vecinos, en tribunas y escaños, otro gallo cantaría. La educación tiene un precio que no cubren becas y subvenciones. En época de crisis no está nada mal hacer bien las cuentas, con transparencia. Dicen que el señorío viene de casta… que venga Dios y lo vea.

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