Hermanico

La vida nos interpela de un modo u otro y, normalmente, respondemos casi de manera instantánea con nuestra forma personal de vivir el día a día. Preguntas y respuestas que entran dentro de lo que nos sabemos al dedillo porque tratan de lo cotidiano. De pronto, sin previo aviso, surge lo inesperado, algo que rompe planes y expectativas: una enfermedad, la pérdida de un ser querido… es como si todo se desmoronara y careciera de sentido. Antes o después, la vida parece someternos a preguntas que nos cuesta o no sabemos responder. Arrieros somos y en nuestro camino compartiremos penas y alegrías. Lo que importa es no perder nunca la esperanza y empeñarse en querer con toda el alma. Apenas hace una semana fallecía en Madrid, ciudad donde vivía, el único hermano de mi marido. Aunque estaba enfermo, su muerte nadie la esperaba. Ha sido rezado y llorado por cuantos le queríamos. No, no estoy escribiendo un obituario al uso, tan sólo quiero subrayar que a todos nos ha confortado la cantidad y diversidad de gente que le quería. Lo mejor es que era una persona corriente, seguramente como usted y como yo, pero siempre pendiente de los demás. Su mujer, sus hijos, su hermano, demás familia y amigos hemos quedado gratamente sorprendidos de su interés por cada persona que se encontró en el camino. Una y mil llamadas de teléfono para saber, ocuparse, preguntar, felicitar, condolerse, hacer reír, recordar… sencillamente estar al día de cada uno, mientras la vorágine de la vida nos llevaba de aquí para allá. Al ser una persona medianamente joven, aún hay quien le recuerda con el babi del colegio e, incluso, jugando en la calle como antaño. Tenía un especial sentido del humor, con el que finamente ironizaba sobre esas cosas de la vida que, a veces, cuesta tanto entender. Era bueno, honrado y trabajador. Buen marido, buen padre, buen hermano… muy familiar. Llamaba tanto a su hermano que, de paso, hablaba con todo el que cogía el teléfono. Eso sí, era breve y directo sin más, casi te dejaba con la palabra en la boca o, más bien, te hacía reflexionar. Para que tuviera más facilidad en conectar con unos y otros, su hija le ordenó la agenda del móvil. Para hablar con mi marido, en vez de su nombre, escribió: ‘Hermanico’. Creo que, con sus cosas, como cada cual, no se puede querer más, ni mejor. Su muerte ha sido como sus llamadas… pero de cara a la eternidad.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

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