Sopapos

 

 La Real Academia Española de la Lengua define la palabra  sopapo como  golpe que se da con la mano en la cara. Es curioso el ejemplo que propone: ‘se llevó un sopapo por contestar mal a su padre’…Tela marinera con los vientos que corren a babor y a estribor en la educación de niños y jóvenes, protagonistas de excepción de los intocables. No se trata de una serie de películas sino de un serio programa de protección del menor con sus más y sus menos. Nunca al margen de la Ley pero un sopapo a tiempo ayuda a enderezar al arbolico desde pequeñico. Creo que no somos pocos los que podemos dar fe de ello, sin sentirnos víctimas de nada y sí muy queridos por nuestros padres y profesores. De todas formas hay que reconocer que siempre hay personas que se pasan de la raya y los extremos nunca han sido buenos. Educar para la vida, va mucho más allá de castigos más o menos severos. Es importante conocer y querer a los alumnos -algo que se presupone en la familia- condición sine qua non para conseguir los objetivos propuestos. La educación es un gran puzle que requiere tesón y paciencia para ir encajando con acierto las piezas del proyecto educativo. Los padres siguen siendo los primeros y principales educadores. El papel de los colegios es completar esa educación, subrayando la importancia de una estrecha colaboración entre ambas instituciones. Vivimos un tiempo en que constantemente se levantan tempestades de violencia en todos los ámbitos de la sociedad, de ahí el recrudecimiento de la Ley. Algo está fallando. La crisis de valores arrasa por doquier. Urge recuperar hasta las más elementales normas de educación. Sigo pensando que un sopapo a tiempo nunca viene mal aunque lo que más influye es el ejemplo. ‘En la sociedad civil necesitamos tener ante los ojos figuras de humanidad ejemplar y de excelencia profesional, de esas que tiran hacia arriba de nosotros (…) Necesitamos nombres que sean cimas: desde ellas se ven más cerca las estrellas y nos alejan de los vicios y pecados’ (Olegario González de Cardedal).  No puede ser que los mejores predicadores  desaparezcan por el espejo de la ausencia del ejemplo. Alicia fue la gran protagonista en el país de las maravillas. El arte de educar es otra maravilla que tenemos en nuestras manos. La realidad supera a la ficción. En este lado del espejo nos esperan los auténticos protagonistas. 

Publicado hoy en La Tribuna de Albacete

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