Desconsuelo

Tremendo desconsuelo el de víctimas, familiares, conocidos, amigos y personas sensibles ante  el dolor injustificable por causa del terrorismo. Tremenda también la apariencia vulnerable de la Justicia y el Estado de Derecho. Qué sabio y cruel el refranero español: ‘Hecha la Ley, hecha la trampa’. ‘El muerto al hoyo y el vivo al bollo’. Derechos humanos para quienes carecen de un ápice de humanidad. ’Por sus obras los conoceréis’, sentencia que en casos como el de la etarra liberada por el Tribunal Europeo de Estrasburgo  parece columpiarse impunemente en la cuerda floja de la indiferencia. ¿Indignación? ¿Rabia? ¿Impotencia?… ¡Dolor, mucho dolor! No podemos olvidar, como si no hubiera pasado nada, el escenario dantesco del horror, muerte y destrucción de los atentados terroristas y, sobre todo, no podemos olvidar a las víctimas inocentes, a cada vida mutilada o truncada por la sinrazón del terrorismo. Qué contrasentido vejar a las víctimas y dignificar al verdugo. ¿Quién entreabrió la puerta blindada de la Justicia? ¿Existió realmente?… Extraño río revuelto para ganancia de los detractores de la Ley. ¿Dejación de deberes? Cierto que la Justicia no se reduce a aplicar la Ley automáticamente, sino que los jueces han de interpretarla para dictar en cada caso la sentencia oportuna, pero hay interpretaciones incomprensibles al común de los mortales. Muertos de miedo vamos a estar si terroristas y otros delincuentes peligrosos salen por la puerta falsa de la libertad, sin arrepentimiento alguno. Víctimas y verdugos juntos y revueltos en pro de los derechos humanos. No sé si la clase política entenderá esto, ni tan siquiera si podrá hacer algo cuando la suerte ya está echada. Nobleza obliga, sí, pero vivimos tiempos donde el deshonor y desprestigio están a pie de calle. Acatar la Ley es de razón. No tanto las interpretaciones que de ella se hacen para beneficiar a quienes los han obviado con sus acciones criminales y terroristas. ‘A buen juez, mejor testigo’. La pregunta que nos hacemos la mayoría es: ¿De qué estamos siendo testigos?… Dice un proverbio chino que ‘No hay sol para los ciegos ni tormenta para los sordos’; es como andar dando tumbos y así es imposible avanzar. El mundo necesita cambiar de la mano de personas comprometidas en lograrlo. En memoria de todas las víctimas, quizá ha llegado la hora de revisar nuestro compromiso para hacer el bien y proteger los derechos humanos. Ya saben, muchos pocos hacen un mucho.

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