Gente

En nuestro diario deambular por el mundo en que vivimos, nos encontramos o cruzamos con personas de todo tipo y condición. Gente conocida o desconocida: gente que vemos por motivo de estudio o trabajo; haciendo gestiones diversas; en momentos de ocio… personas que, como nosotros, están inmersas en los mil aconteceres de la existencia. Muchos van corriendo, tras el ritmo frenético que les ha marcado la vida, sin apenas tiempo para aquello que entendemos, es vivir. Otros, no tienen prisa para nada porque tampoco tienen demasiado interés- valga la redundancia- por nada. Son bastantes los que aprovechan su tiempo de tal manera que lo emplean con capacidad admirable. Cada vez son más los que por edad o circunstancias laborales no deseadas, disponen de todo el tiempo del mundo. Unos, lo reparten con sumo cuidado atendiendo a los necesidades de los demás; otros, aburridos de su abundancia, lo abandonan por pereza o desesperanza; algunos, lo conservan como un tesoro que hay que cuidar y proteger. Tiempo al tiempo.  Dice el Eclesiastés que hay un tiempo para todo… nacer, morir, plantar arrancar, llorar reír, abrazarse, bailar, perder, hallar, callar, hablar, amar… Tiempo de guerra y tiempo de paz. Casi todos, solemos encontrarnos a gusto con nuestra gente: familia, vecinos, amigos, compañeros de trabajo y de penas y fatigas. Nos conocemos y sabemos de ellos porque les queremos y nos interesa todo lo suyo, hasta el punto que aunque por diversas circunstancias no estemos juntos, sabemos, unos y otros que ante cualquier eventualidad contamos con ellos. En los entresijos del tiempo, repleto de idas y venidas es interesante detenerse –sin desviarnos de nuestro camino- y mirar, de cuando en cuando, a la gente. Una persona, dos, tres…o a casi todas. Descubriremos que son muchos los que están deseando cruzarse con alguien a quien poder sonreír, o tener un gesto cómplice al vivir situaciones parecidas, ayudando y dejándonos ayudar, agradeciendo, quitando importancia, sonriendo. Necesitamos relacionarnos unos con otros, saber que, en contra de las apariencias, nadie está solo. Una mirada puede suponer el comienzo de una amistad o el resumen de la historia de una vida. Caminar sin ver al otro es ignorar lo más genuino del ser humano. Hemos sido creados por amor y para amar. Créanlo. Y si quieren dar razón a esa fe, conozcan la historia de quién dio su vida por todos y cada uno de nosotros: Jesucristo Rey del Universo. Hoy se celebra su fiesta.

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