El día a día

 

Suele pasar desapercibido para la mayoría de los mortales. Un día tras otro, por los siglos de los siglos sin más, carecerían de sentido. Sin embargo, dejamos pasar, sin pena ni gloria, jornadas que quizá nunca lograrían el título de memorables pero que van marcando la huella de la vida en cada uno de nosotros. Ocurre que casi siempre tenemos prisa, mucha prisa y creemos que no tenemos tiempo para pararnos en elucubraciones inútiles. Ahí está el quid de la cuestión, usar y tirar. Hasta los días tienen su fecha de caducidad, tan visible, que sin tan siquiera proponérselo, ocultan a simple vista el contenido de sus horas, minutos y segundos. De cuando en cuando, es bueno pararse un poco, ceder el paso al tiempo fugaz y rescatar los mejores momentos que, aunque no sean estelares, iluminan la vida. ‘La interioridad, la consciencia y vivencia del propio yo, el cultivo lúcido y amoroso de la persona que soy, están hoy amenazados en todos los estamentos sociales por lo que nos sobra o por lo que nos falta. Tenemos el alma alquilada, vivimos sin enterarnos’ (Antonio Montero Moreno). Mientras, el mundo gira y gira sin cesar. Las noticias nos invaden sin tregua, los sucesos parecen solaparse unos a otros en nuestra aldea global. De cuando en cuando, el destello de un cometa nos deslumbra pero de un modo u otro no podemos estar ciegos ante la realidad más cercana, empeñada en regalarnos lo mejor del día a día. ‘Cuando eres joven estás lleno de posibilidades, pero cuando eres mayor estás lleno de realidades. Es decir, ya hay un resultado de la vida. Por eso es necesario ir diseñando con ilusión un proyecto de vida coherente y realista’ (Enrique Rojas). La verdad es que, como la mayoría, estoy harta de tantas cosas que suceden y no deberían suceder. Creo que ya va siendo hora de empeñarnos en mostrar la cara amable del día a día. Saber mirar, saber escuchar y encontrar espacios para disfrutar de las pequeñas y grandes historias que nos regala la vida, con nuestra familia, vecinos, amigos, con la gente que va y viene por esos mundos de Dios en que nos encontramos. Importa, no perderse corriendo fuera de camino y, paso a paso, seguir con ilusión un proyecto de vida, coherente y realista, que conforme las aspiraciones más nobles del ser humano.

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