Trajinando

 

Vivimos un tiempo de esperanza ante el gran acontecer de Navidad. Año tras año, nos acercamos, cautelosos, hasta el portal de Belén. Contemplamos al Niño Dios: se deja querer por todos, casi me atrevería a decir que, por cada uno, a su manera. Los ángeles cantan, los pastores bailan y le llevan lo que tienen en sus casas. Los Reyes Magos, le adoran y ofrecen oro, incienso y mirra. Nosotros, nos encontramos medio deslumbrados por las luces que adornan pueblos y ciudades, y corremos mucho. Parece que siempre tenemos prisa y vamos de aquí para allá –trajinando-, preparando La Navidad. Compras de primera y última hora, llamadas de teléfono, conversaciones por WhatsApp y Skype. El Belén, el árbol y las flores de pascua, nos ayudan a ambientar nuestros hogares para celebrar en familia esta fiesta tan especial. Volver a casa, reunirnos con quienes más queremos, sin necesidad de grandes fastos. Lo importante es quererse. ‘José mira María, María mira a José. El Niño mira a los dos, y se sonríen los tres’. En el portal de Belén también hay estrellas, sol y luna. Será para iluminar más, si es que se puede, lo que es una familia; lo que representará el hogar de Nazaret en nuestras vidas. Seguimos trajinando y ni nos enteramos. Vivimos como si Dios estuviera allá lejos, en las estrellas, y descuidamos adecentar el pesebre de nuestro corazón. No me olvido del buey y la mula, animales al fin y al cabo, no deben oler demasiado bien pero dan calor. Suele hacer frío por esta época. Hay mucha gente que padece necesidad y mucha gente empeñada en ayudar. Queremos mejorar, queremos ser buenos pero, una y otra vez, renqueamos.  Tenemos preocupaciones que adquieren otra perspectiva cuando administramos mejor el afán de cada día, porque, muchas veces, nos acaloramos antes de tiempo y ocurre que casi todo tiene solución. Nosotros y nuestros líos, merodeando por el portal. El Niño Dios sonríe, casi invitándonos a jugar. Sí, a descomplicarnos y vuelta a empezar. ‘Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad’. El mundo parece girar fuera de sí y andamos un poco locos tratando de poner las cosas en su sitio. Creemos que todo depende de nosotros y ahí está el error. No somos los que hacemos el Belén, lo hace Dios. ’Yo quisiera llevar al portal, algún presente que te agrade Señor’. No sé qué trajín llevo con el teclado del portátil. Y vuelvo a teclear: N-A-V-I-D-A-D.

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