Doce campanadas

 Reloj-de-la-Puerta-del-Sol_calle-sabor

Escuchadas con cierto grado de nostalgia e ilusión, nos llevan cadenciosamente, a despedirnos del 2013, al tiempo que damos la bienvenida al 2014. Año tras año, brindamos tras tomar las uvas de rigor. Se desata la euforia deseando la preciada felicidad. Son momentos en que nadie se preocupa de girar la vista atrás, ante la posibilidad de mejora en una nueva andadura, pero la vida no es de usar y tirar. Nunca podremos volver a vivir el pasado que, sin pausa, ha quedado prendido en nuestro bagaje existencial. Somos, a un tiempo, iguales y diferentes a los demás. La historia se repite cambiando de protagonistas. El famoso ‘voy a ser yo’ del anuncio es para personalizarlo. Año tras año, nos persigue el fatídico ‘más de lo mismo’ que invita a tirar la toalla. No corren tiempos para tirar nada, hoy se recicla casi todo. Es volver a intentarlo otra vez, con la vida abierta a la esperanza. A punto de cerrar a cal y canto 2013, no quiero evitar una mirada retrospectiva a tantos días envueltos con el papel de la existencia, satinado de alegrías y tristezas. Me parece una buena opción guardar muchas cosas en el corazón y también, desechar otras tantas, que no vale la pena tener en cuenta. De los propósitos, viejos y nuevos, es aconsejable hacer una guía práctica con los mejores, por concretos y realizables, según nuestro proyecto personal. Ni pocos ni muchos. Cada cual a su medida. Las comparaciones suelen distraernos inútilmente, entorpeciendo el adecuado desarrollo de nuestra trayectoria personal. Algunos darán la campanada, otros alzarán campanas al vuelo, más de uno las escuchará sin saber de dónde proceden. La mayoría nos conformaremos con ajustar nuestro tiempo según los parámetros escogidos. Adelantos y retrasos son parte de la condición humana. El reloj de la Puerta del Sol comenzará a dar los cuartos y nos miraremos unos a otros, reclamando silencio y atención. Un año más, tenemos la vida por delante, un regalo para agradecer siempre. Cada treinta y uno de diciembre, las campanadas se convierten en el latir del final y principio de año, al tiempo que los corazones repican con la ilusión del nuevo acontecer. Casi me atrevería a pedir al 2014 el pleno de sus dos últimas cifras en logros para un mundo mejor. A pié de página del tiempo que termina, mis mejores deseos para todos, en el que se aproxima. Desde esta columna ¡Hasta el año que viene, si Dios quiere!

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