Regazo

IMG_20140111_235130_1

 ‘El paraíso está en el regazo de una madre’. Proverbio árabe de lógica aplastante que no  deben conocer los partidarios del aborto cuando afirman, a diestro y siniestro, que la defensa del derecho a la vida es como un desfase clerical, y la convierten en arma arrojadiza, según intereses de partido. Para la protección del ser humano no nacido tendría que bastar el buen recaudo del cobijo de su madre. Amparo y refugio seguro debería ser el útero materno. Sin embargo, estamos inmersos en una sociedad desnortada que busca anclajes lejos de los principios esenciales y utiliza estos, fuera de contexto, como medida de quita y pon según opine en las urnas la mayoría. Hacer y deshacer leyes sin tener en cuenta la dignidad del ser humano dice muy poco o quizás demasiado del mundo en que vivimos. El acatamiento de unas normas de conducta coherentes con una sociedad civilizada protegería la vida humana. Estamos hartos de abundancias y desbordados de miseria. Confundir ser con tener despersonaliza y aplasta la voluntad hasta límites insospechados. La manipulación campea a sus anchas, mientras la vida de los más indefensos se debate ante la muerte sobre la cuerda floja  del olvido y desprecio. El antiguo soniquete ‘Mi cuerpo es mío’ anula descaradamente el del otro, por muy pequeño que sea. ‘Es un homicidio prematuro impedir que nazca un ser humano. Ya es un hombre el que va a serlo (si nadie se lo impide), como todo fruto está en la semilla’, Tertuliano (S II/III d C). Cada persona tiene derecho a ser  fruto del amor de sus padres. Educar para el amor es asignatura pendiente en esta sociedad que con tanta frecuencia, repito, confunde ser con tener, alterando la jerarquía de valores como si fueran  producto de mercado. Verdaderamente, la vida es un espléndido regalo envuelto con las circunstancias más dispares. La diferencia nos enriquece y aúna, sacando lo mejor de nosotros mismos. Vivir es todo un reto cuando la dificultad se convierte en inseparable compañera de viaje. No hay que olvidar la capacidad de superación del ser humano, su espíritu de lucha y la tenacidad de su constancia, avalado todo ello por un amor sin fisuras capaz de proteger la vida desde su inicio hasta el final.  El respeto a la dignidad de la persona – sin condicionamientos estériles- es la autentica bandera que enarbola la libertad. En realidad, sólo quería escribir sobre el regazo de nuestras madres: gozosamente quedamos prendidos y prendados al amparo de su ternura. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s