Palabras mayores

 

‘¡Esas son palabras mayores!’ Se suele decir cuando un asunto destaca por su importancia o gravedad. Recuerdo a mi padre pronunciándolas con especial énfasis cuando quería subrayar su atención ante el requerimiento de cualquiera de sus hijos abriendo, de par en par y de manera entrañable, las puertas a la confianza paterno filial. También se dice que las palabras se las lleva el viento, pero no, porque casi todos sabemos que quedan colgadas en La Red, en la nube o enredadas unas con otras en infinitud de correos y mensajes variopintos por falta de entendimiento entre emisario y receptor o ¿debería decir usuarios?…Palabras, palabras y palabras que se desbordan por una especie de ciclo génesis del lenguaje, atropellando -sin consideración alguna- la buena comunicación entre las personas. ¡Esas son palabras mayores! Porque es de suma importancia el uso correcto de nuestra Lengua, con mayúscula sí, porque según Lázaro Carreter no hay que hacer decir a las palabras lo que no quieren decir. Saber o no saber, elegir o rechazar. La ignorancia, en su carencia, traspasa impunemente  la barrera de la prudencia sin considerar las consecuencias gramaticales y sobre todo, personales. El exceso de información no sólo  puede desorientar e incluso aburrir, además facilita perder el tiempo hasta límites insospechados  navegando, sin rumbo, a la deriva de cualquier opinión. Las redes sociales enredan cuando bajamos la guardia, dejamos de ser sensatos y no sabemos ver las cosas como son en realidad. Saber decir y saber callar, saber comunicar.  Emitir fidedignamente y captar el mensaje; emprender y comprender. Saber guardar a buen recaudo nuestra intimidad.  Faltas de respeto, faltas de ortografía. Escribir bien. Utilizar la palabra –cada palabra- en su nitidez; transparente en su significado, luminosa por el uso correcto de su expresión. El tiempo de nuestra vida es un gran tesoro que podemos compartir pero no  despilfarrar. Demasiada información y poca formación son pésimos compañeros de viaje. ‘La perplejidad de la vida surge de que hay demasiadas cosas interesantes en ella como para que nos interesemos adecuadamente por ellas’. (Chesterton) En la aldea global todo parece tan cercano que podemos ocuparnos –incluso con discursos grandilocuentes- de muchas cosas que no nos incumben, con el riesgo de obviar lo más cercano; familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, personas necesitadas… ¡Palabras mayores!

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

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