Sentimientos

 

Flores, plantas,  bombones y día de los enamorados, suelen ir engarzados entre corazones de un rojo, rojo, colorado. Hay amores que son como flor de un día y apenas aguantan un cambio de aire. Otros, siguen rumbo adelante, contra viento y marea, atentos a su particular cuaderno de bitácora. Cuando se vive a flor de piel, cualquier rasguño puede parecer  herida profunda. Un mínimo de sentido común es indispensable para poner rienda firme a los sentimientos. Son una pista poco fiable porque muchas veces no dicen la verdad, sin embargo lideran con facilidad las relaciones humanas. Así nos va. Olvidamos que nadie es perfecto y vemos agigantados los defectos de los demás. Parecemos Quijotes luchando con molinos de viento que giran y giran en nuestra imaginación. Se nos acaba el amor en menos que canta un gallo, dejándonos en la peor de las indigencias. Para querer de verdad  sólo hay que querer. Querer   –repito- porque sí. Se aprende a fuerza de intentarlo una y otra vez, contando con lo bueno y lo ‘mejorable’ de cada persona. Comprometerse.  Ver y no ver. Pasar por alto, disculpar. Prestar atención, dialogar. Algo así como practicar el arte de entenderse bien sin dejarse llevar de sentimientos, conveniencias y otras cuentas inútiles que nunca acaban de cuadrar. Dicen y es verdad que el amor todo lo cura. Es dar otro aire –renovándolo constantemente- al amplio  abanico  de las  relaciones personales, haciendo la vida agradable a cuantos más, mejor. Saber querer está al alcance de los afortunados, gente corriente y extraordinaria a un tiempo, empeñada en la felicidad de los demás, sin hacer ascos a tragarse de vez en cuando algún sapo que otro si es necesario. ¡Señores, sapo a la naranja!… a gusto de nadie pero sienta de maravilla porque ayuda a aceptar la realidad tal cual es y, a ir preparándonos para saber elegir la respuesta  adecuada. Sentir o no sentir no es vía aconsejable para ningún destino. Los sentimientos son muchas veces como una cuerda floja en la que se columpian relaciones destinadas a la ruptura. De todas formas no está nada mal que, de cuando en cuando, nos recuerden con una fecha redonda que hay un día dedicado a los enamorados- flores, plantas, bombones…- como tampoco está nada mal que, día a día, descubramos un motivo más para querernos. Sin duda, el mejor regalo.

Artículo publicado hoy en  La Tribuna de Albacete

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