Vinagre en las tostadas

 

No creo que sea del gusto de nadie pero no es difícil encontrarnos con este agrio ingrediente a la hora del desayuno. La casuística va desde el despiste personal al utilizar las vinagreras hasta la cantidad de noticias negativas con las que desayunamos cada día. No nos engañemos, el vinagre no hace buen maridaje con las tostadas y tampoco los  trágicos sucesos con nuestras ganas de vivir. La vida, sin embargo, está repleta de caras y cruces que dan valor a la misma moneda de cambio. Podemos tirar las tostadas sin más y prepararnos otras con su rico aceitito o disimular sin demasiado éxito el sabor agrio con un poco de aceite a gusto del consumidor. Días felices y días aciagos, diferentes jornadas para todos, uno a uno, y siempre. Depender de que sean de nuestro agrado o no para ser felices es confundir el sentido genuino de la vida. Cada cual puede reservar sus derechos para reír o llorar, con o sin lágrimas, pero la existencia se construye sobre una base sólida capaz de resistir vientos y tempestades. Entre el cielo y la tierra, nosotros y todas las circunstancias que nos tocará afrontar, contando con el imprescindible intercambio de ayuda personal; ayudar (repito) y dejarse ayudar (vuelvo a repetir). El aluvión de noticias desagradables no puede pillarnos desprevenidos y desorientados. Compadecer sí pero quedarse como sujetos pasivos no, y mucho menos dejarnos aplastar por cualquier losa por pesada que sea. Siempre podemos hacer algo por los demás y por nosotros mismos. Creer y querer; trabajar y saber descansar; pasarlo bien y sonreír a la vida para que ella nos sonría. Tener objetivos claros. Conquistar ilusiones. Pisar el suelo y tocar el cielo. No tenemos más remedio que entrenar y saber interpretar los renglones, aparentemente torcidos, de nuestra historia. Dios sabe más y nosotros, gracias a Él vamos aprendiendo el duro oficio de vivir. El amanecer nos trae el regalo de cada día repleto de tiempo hasta para quienes piensan que no lo tienen. Tiempo para sembrar y cosechar, para reír y llorar. Como dice el Eclesiastés: ‘Hay un tiempo para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol. Un tiempo para nacer y un tiempo para morir… tiempo para amar… tiempo de guerra y tiempo de paz’. Tiempo para aprovechar desde las primeras horas. ¡Ojo al dato! No vale el vinagre en  las tostadas.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

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