Mi casa, mi mundo

 

Quizás tendría que haber titulado ‘Nuestra casa, nuestro mundo’ pero no es lo mismo porque en cierto modo se generaliza y lo que trato de escribir o subrayar nos atañe a cada uno en particular: familia, recuerdos, vivencias, gestos, risas y llantos, momentos, situaciones esperadas o inesperadas, apuros económicos, éxitos y fracasos, trabajos, colegios, deberes, fiestas y celebraciones. El devenir de la vida que va forjando en la nuestra una personalidad enriquecida por el bagaje de la existencia. ‘Dime tu casa y te diré tu mundo’. Mi madre decía que cada casa es un mundo. En la suya –por suerte, mía también- consiguió que fuera feliz. ¿La receta?… Era una excelente cocinera pero los ‘ingredientes’ -por decirlo de manera gráfica- que utilizó, estaban a la vista de todos sólo que ella supo la medida exacta para hacer realidad ‘Qué bello es vivir’ superando con creces la película de Frank Capra. ¿La medida? ¡A tope! De ilusión, cariño, trabajo, alegría, superación y entrega.  Ahora que priman las prisas sin pausas, los trabajos precarios o con horarios interminables, el ir cada uno a su bola, el sálvese quien pueda, el abuso y despilfarro del dinero común y tantas florituras fuera de tiesto, eso de ‘Hogar, dulce hogar’ puede sonar a entelequia o cosa pasada para nunca más volver. Se ha hecho un falso simulacro, una especie de guerra entre dos mundos en los que la mujer se quedaba encerrada en su casa o ahora –en caso que lo tenga- absorta por un trabajo que a duras penas le deja formar un hogar. ‘Dime tu casa y te diré tu mundo’. Dije de mi madre, de nuestras madres  y mucho puedo decir de mis hijos, de nuestros hijos. El todos a una no es en los jóvenes matrimonios un simple eslogan sino compromiso que fortalece su unión más allá de las arenas movedizas del campo laboral. La balanza del cariño se equilibra en los mil detalles de comprensión y ternura asequibles a cualquier fortuna. Mi casa, mi mundo. El día a día, con sus penas y alegrías. Un ramo de flores, una planta bonita. El cariño que se dice. El acierto y el despiste. La lavadora que hoy no funciona. La comida que ha salido rica. Los niños que lloran, el cansancio que se multiplica. La llamada de un hijo o una visita sin prisa. La luz tenue de una lamparilla. El descanso soñado y el despertar de cada mañana para querer sin medida. Dime tu casa, tu mundo, tu vida.

Artículo publicado hoy en La Tribuna de Albacete

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