Historias

A lo largo de nuestra vida  se suceden muchas, al menos tantas como el número de habitantes que vamos poblando el mundo. Son demasiadas para tener conocimiento de ellas, sin embargo, no son pocas las que están a nuestro alcance. En la  aldea global  la comunicación es prácticamente instantánea. Historias lejanas y cercanas que estudiamos e incluso experimentamos. Historias que surcan la vida del hombre dejando  huella. El paso del tiempo difumina e incluso borra muchas de ellas mientras otras permanecen indelebles. Puede que algunas nos interesen y otras no pero hay una que atañe a todos: La historia de nuestra salvación. Con ramas y olivos  -por los siglos de los siglos- salimos, alborozados, a recibir al Hijo de Dios… pero seguimos crucificándole. Si Cristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra fe. Semana Santa, Semana de Pasión. Cristo pasa, nos reconoce y nos mira con ternura, con una mirada traspasada de dolor, rebosante de amor y misericordia. La historia de cada uno de nosotros está llena de encuentros y desencuentros, aciertos y errores, agravios y desagravios, ofensas y rencores. Pedir perdón y perdonar es condición indispensable para la reconciliación. Si alguien a quien hemos ofendido (intencionada o involuntariamente)  nos perdonase y se empeñara en querernos hasta dar la vida por nosotros y encima nos consiguiera la felicidad plena ¿Qué haríamos?… Semana de Pasión, Vía Crucis del Hijo de Dios que pasa por innumerables  calles y plazas del mundo. Procesiones. Redobles de tambores. Música Sacra. Saetas. Gritos y silencios. Tronos, Pasos. Nazarenos. Penitentes. Incienso. Cristo pasa, mira, interpela. Vamos y venimos, siempre tenemos prisa, mucha prisa. Nueva primavera de fe. Cristo espera, siempre espera. Al pié de la Cruz su Madre, nuestra Madre, la Virgen Dolorosa. La historia de nuestra salvación desfila ante nuestros ojos. Son muchas las cruces que vemos por los caminos de la vida. Cargar con la nuestra es aliviar la del Nazareno que sigue llevando la de todos. Religiosidad y tradición. Bullicio y silencio. La gente se arremolina ante Cristo que pasa. Encuentro y llamada. Campanas y campanadas. Dolor de amor. La belleza y el aroma de todas las flores por la calle de la amargura. En una preciosa plaza de una bonita ciudad, al paso de un Cristo, los tunos susurran este  cantar ‘Silencio que están durmiendo los nardos y las azucenas, no quiero que sepan mis penas, porque si me ven llorando morirán’… Y, año tras año, se repite la historia.

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