Buenos días, soy el cartero

A media mañana, cuando suena el telefonillo de la puerta, descuelgo preguntando quién es y espero con agrado su saludo habitual: – ‘Buenos días, soy el cartero’. Reconozco la voz amable de una persona bonachona. Ha llamado a casa no dos sino un número considerable de veces. Suelo estar enfrascada en quehaceres domésticos, leyendo  o  tratando de escribir con  ayuda del portátil. Le respondo con rapidez: – ¡Sí! ¡Vale! Y sigo en lo mío. No es que le deba ninguna explicación pero creo que de alguna manera tendré que agradecerle la cantidad de buenos días que me ha deseado, además de ser el mensajero incondicional de las mejores noticias porque las malas se suelen comunicar hablando, casi en un vis a vis. Alguna vez, saliendo apresurada de casa, me he encontrado con el cartero repartiendo pacientemente las cartas en los buzones de la entrada. Le sonrío y me responde con su habitual  ‘buenos días’. Es un hombre tranquilo, de mediana edad y cierta corpulencia, será que lleva guardados montones de buenos días para repartirlos contra viento y marea, con la paciencia y amabilidad de siempre. Se ha convertido en un personaje típico de mi barrio e indispensable para mi casa porque no se puede pasar así como así de alguien que te desee siempre un buen día. Mientras escribo no dejan de llegar mensajes de soporte electrónico tan rápidos de recibir como de eliminar pero suelen entrar sin previo aviso y ¿qué quieren que les diga? ¡No es lo mismo! Sin embargo se han adueñado de nuestro tiempo y a poco que nos descuidemos de nuestra voluntad. No es raro encontrarse por la calle con viandantes dando tumbos, distraídos mirando a ver que novedad ofrece su móvil o cualquier otro dispositivo electrónico. Mucho peor es observar a parejas o grupos de personas sentados en torno a una mesa que se convierte en testigo mudo de ‘cada uno a lo suyo’. Va siendo hora de poner las cartas sobre la mesa y volver a nuestro juego. Relacionarnos unos con otros, aprovechando los nuevos medios pero sin olvidar comunicarnos con quienes estamos en cada momento. Mirar, escuchar, hablar y, por supuesto,  no dejar de escribir alguna que otra carta con buenas noticias que el cartero llevará a su destinatario con esmero. Ahora tengo que enviar este artículo por correo electrónico pero cuando se lea quiero que cada uno reciba los buenos días que siempre desea mi cartero.

Artículo publicado hoy en La Opinión de Murcia

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