Pingos

 

El buen gusto y la elegancia son algo innato en determinadas personas que hacen gala de ello vistiendo  la moda a su modo. Son realmente atractivas. El paso del tiempo se empeña en corroborarlo. Entre ellas, siempre recordaré a mi madre que además era presumida y bastante simpática. En los cambios de temporada nos hacía reír  situándose ante su armario ropero y cogiendo sus prendas de vestir con sus dedos, como si fuesen  pinzas, al tiempo que decía con cierta complicidad: -‘¡Pingos! ¡Pingos!’… Así aprendí que se trata de la ropa que está estropeada por el uso y de la que ya no se lleva porque cambian  moda o costumbres. Todos sabemos que algunas prendas de vestir no pasan de moda y de modas que poco tienen que ver con el auténtico vestir a la persona. La ropa tiene sus estaciones en las que se aclimatan tejidos y diseños en pro de conseguir la temperatura ideal de la moda en su tiempo, algo candente por los siglos de los siglos que con frecuencia nos deja helados. Trapos y harapos. Pasarelas de rompe y rasga. Escaparates, modas y modelos. Cada cambio de temporada es inevitable la mirada a nuestro armario ropero –sea grande o pequeño- para tener respuesta al ‘qué me pongo’ cotidiano y según circunstancias. Tras la desorientación inicial pilotada por la moda que pasa cual estrella fugaz, intentamos centrarnos en  las prendas de vestir que guardamos porque sí o por si acaso. Las miramos y remiramos para clasificar, arreglar, reformar, regalar o desechar, teniendo en cuenta lo que realmente necesitamos y podemos adquirir. La crisis ha dejado más de un hueco en muchos armarios roperos pero también ha agudizado nuestro ingenio para ir a la moda, más que nunca, a nuestro modo. Con infinidad de detalles y abalorios reformamos y actualizamos la ropa, vistiendo así con ese toque personal y único tan difícil de conseguir cuando se va a ciegas tras el último grito  sin mirarse al espejo y sin mediar palabra con el buen gusto. Ya no se lleva tanto eso de usar y tirar, reciclar está de moda y es asequible para todos los bolsillos. Este año la primavera se ha revestido de verano y nos ha obligado a abrir y cerrar armarios a toda prisa. ¡Pingos! ¡Pingos!… Decimos cuando nos gustaría estrenar algo nuevo. La historia se repite. Buen gusto, elegancia, discreción, atractivo y cierta complicidad con nosotros mismos para ir a la moda a nuestro modo.

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