Portazos

 

 Portazos

Portazo: ‘Golpe recio que se da con la puerta. Golpe que da la puerta movida por el viento. Acción de cerrar la puerta para desairar a alguien y despreciarle’. (Definición RAE) De todo hay en la viña del Señor; uvas jugosas y agrazones que nunca llegan a madurar. Parece que la sequía histórica, en determinadas zonas de España, se ha extendido a las relaciones sociales y con mayor intensidad dentro del campo laboral. El trabajador ha pasado a ser una especie de número ‘primo’ divisible por sí mismo y por la unidad ficticia de muchas empresas. Arrieros somos y vamos encontrándonos en el camino del desempleo y la precariedad. Si grave  es el problema del paro por la falta de poder adquisitivo que genera, no se quedan atrás las consecuencias por el desmoronamiento del  trato personalizado que requiere la dignidad humana, produciéndose  en muchos casos  un daño irreparable. Cierto que si las cuentas no cuadran hay que reducir gastos,  pero es preciso  subrayar la necesidad de una buena comunicación. No es igual mantener una relación  cercana donde se contempla la mejor solución, aunque conlleve despidos, que el cese laboral a portazo ‘limpio’ sin explicación ni consideración alguna. Situaciones penosas, injustas e insólitas. Puertas cerradas a cal y canto. Tarjetas de acceso a la empresa que son invalidadas sin previo aviso. Comunicaciones impersonales  que se saldan con el increíble mensaje: ‘No vuelva usted mañana’.  Son tiempos de crisis, carentes de valores y de bonanza económica pero de ahí a no tener en cuenta la trayectoria y circunstancias personales de cada trabajador hay todo un abismo que salvar a través de un compromiso fehaciente con las buenas maneras. Ningún trabajo carece de importancia; todos están engarzados entre sí para la construcción de un mundo mejor. No seremos pocos los que  hemos dado algún portazo que otro, a causa de la indignación, el mal genio o sin querer. Tampoco somos minoría los que alguna  vez nos llevamos  un  buen susto cuando inesperadamente una puerta se cerró  de golpe por  el viento. Creo, sin embargo, que no serán demasiados los que den un portazo para despreciar. Recuerdo en casa de mis padres la existencia de una puerta de comunicación con cristales esmerilados, de modo que  siempre se veía la silueta del que estaba al otro lado para ceder el paso e íbamos de un sitio a otro con gran facilidad y sin temor a dar o recibir en cualquier momento un inesperado portazo. La vida es una gran maestra que nos enseña a leer transversalmente en las situaciones que nos depara, mostrándonos lo que verdaderamente merece la pena. La línea maestra está trazada por nuestra relación con Dios, los demás y nosotros mismos. Nunca demos por inútil el trabajo realizado ni perdamos la esperanza cuando nos dejen en la estacada; tampoco subestimemos  el trabajo de buscar trabajo.  ¡Arrieros somos! Y  vamos  encontrándonos en el camino. ¿Portazos? Por si acaso no pongamos puertas al campo… laboral.

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